LA COSA DE LAS PALABRAS

Hay muchas formas de causar terror, narrativamente hablando. Esta, por ejemplo, el estilo James, con un personaje que desconoce los peligros que le acechan, de tal forma que el sobresalto final ya es solamente una cuestión de modo y manera. Venir viene, y el terror es en esencia empatía con el peligro ajeno, con la amenaza anunciada. Hay otros procedimientos que no se apoyan en la dinámica de la historia, y sí en personajes horribles, ya sean zombis, hombres lobo, cantante de Karaoke, ligón de playa o vampiresa. Y, por último, sin deseo de ser exhaustivo, el formato Lovecraft. Lovecraft recurría al terror a través del lenguaje. Es un terror tejido en adjetivos superlativos, en la descripción de lo indescriptible. Por eso dale que dale con abismos, repugnante, aberrante, demoniaco y todo aquello en lo que piensa cuando le hablan de (complete la frase usted mismo, no se corte). Dinámica, personajes y palabras son los elementos clave de la narrativa para algunos catalanes, empeñados en escribir un relato de error. Sí, le falta la t.

En el estilo independentista abunda el abuso de las palabras, al estilo Lovecraft de haberse dedicado a la publicidad. Sometidas a una violencia tal que se las puede oír gritar de dolor. Una pesadilla para los que están acostumbrados a salir con ellas, trabajar con ellas, vivir con ellas y como no, respetarlas y divertirse con ellas. Al fin y al cabo, en justa reciprocidad, al jugar con las palabras ellas juegan con tus emociones. Empate. Pero no, no hay manera. Tenemos “la mayor vulneración a los derechos humanos en Europa” (pensaba que eso se refería a cosas como los millones de refugiados pasando frio y hambre ante la desidia europea), “violencia extrema” (pensaba en la cosa de que en este momento ya iban 55 palestinos muertos y miles de heridos, abatidos con fuego real), “presos políticos” (Ay Mandela, Ay Mandela), “mandato democrático del 1 de octubre” … y lo dejo por no poder más. El abismo vacuo e indescriptible que se alza gracias a esa cosa que no tienen las palabras “pan tumaca” me supera, socava y “sinsentida”. Si gastas la expresión “violencia extrema” en el 1 de octubre, ante Palestina solo queda el silencio, o equipararlo y ofender a tantos muertos.

En fin. Comenta un compilador de encuestas que en el primer trimestre de este 2018 las empresas demoscópicas han hecho su agosto. Una avalancha difícil de encajar en lógica alguna. ¿Tanto dinero gastado para qué? ¿A un año de locales, autonómicas y europeas y a dos de generales ¿Qué mosca les ha picado? ¿A qué tanta “prisa” y presión? Los climas electorales son como las estaciones. Te puedes empeñar en que sea invierno en agosto y en hacer campaña electoral mediática en plan invernadero, pero colegas, el tiempo no acompaña. En eso ha estado sembrado Ábalos si dijo lo que dicen que dijo: felicitaba a Rivera por su victoria en las encuestas y esperaba que Rivera haga otro tanto cuando el PSOE gane en las elecciones. Eso es Groucho Marxista nivel “esa ocurrencia ya la quisiera para mí”. Por cierto, conocen ese chiste que dice “va Ciudadanos primero y Podemos detrás por la calle de la amargura cuando se encuentran con un encuestador y…”. No recuerdo como sigue, pero da igual, sigan atentos a las encuestas de los “valga me dios”.