LA COMISIÓN EUROPEA PRESENTA SU PLAN PARA LA EUROZONA

LA COMISIÓN EUROPEA PRESENTA SU PLAN PARA LA EUROZONA

El 31 de mayo de 2017 la Comisión Europea hacía público un documento de reflexión sobre el futuro de la zona euro[1], el cual incluye una serie de propuestas de reforzamiento de la unión monetaria, por lo demás ya conocidas en su mayoría, y en línea con la posición del Parlamento Europeo[2], por ejemplo en lo relativo al establecimiento de la capacidad fiscal, y con el informe de los 5 presidentes[3].

De ahí que la principal novedad de este documento, además de incluir un incipiente bono de la Eurozona, si bien sin mutualización (lo que no es el caso de las propuestas anteriores), sea seguramente el calendario realista, estructurado en dos fases que se plantea. Así se aspira a completar la unión bancaria en esta legislatura, como precondición para abordar la capacidad fiscal de la Eurozona en el período 2020-2025.

A corto plazo, es decir hasta el 2019, la Comisión considera que se debe culminar en esta legislatura la pata que falta en la unión bancaria, esto es, el seguro europeo de depósitos, que se alimentará de contribuciones de los bancos de toda Europa y que supondrá la progresiva sustitución de los fondos nacionales, y la igual protección de los depositantes con independencia del Estado miembro donde residan.

Asimismo, la Comisión aspira a establecer un respaldo fiscal que otorgue mayor credibilidad al fondo para la liquidación y re-estructuración de entidades bancarias, cuya dotación es escasa (55.000 millones de euros al final de un largo período de transición que concluye en 2025). El actual Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) podría realizar esta función, mediante una línea de crédito permanente en favor del Fondo Único de Resolución, el cual se alimenta con carácter ordinario de contribuciones de los bancos.

Al mismo tiempo, la Comisión propone seguir impulsando en este período las reformas estructurales, mediante incentivos financieros, y mejorar la coordinación de las políticas económicas en la zona del euro.

Por último, en esta fase se tendría que acordar la representación única externa de la zona euro en las instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional.

A medio plazo, del 2020 al 2025, la Comisión considera necesario dotarse de un fondo de estabilización de la zona euro de carácter anti-cíclico frente a los choques macroeconómicos asimétricos (aquellos que afectan con mayor intensidad a algunos Estados miembros), el cual podría incluir un fondo de inversiones para aumentar la tasa de crecimiento y un seguro europeo de desempleo que aminore el impacto presupuestario del subsidio del paro (cabe recordar que en España en el momento álgido de la crisis llegó el coste anual del mismo alcanzó los 30.000 millones de euros), y que también tendría por finalidad reducir la divergencia que ha generado la recesión en la Eurozona.

Esta capacidad fiscal podría financiarse a través del ya citado MEDE, de contribuciones nacionales o través de una fracción de los impuestos como el IVA o el impuesto de sociedades. A más largo plazo podría adoptar la forma de un verdadero presupuesto permanente. En todo caso el acceso a esta financiación estaría condicionada a cumplir criterios de convergencia e implementación de reformas estructurales.

En este período se podría al menos emitir un Eurobono light, que sería mancomunado pero no solidario (cada Estado miembro seguiría siendo responsable de pagar su parte proporcional de la emisión conjunta), lo que aumentaría la gama de instrumentos financieros y ayudaría a la diversificación de las carteras bancarias, excesivamente concentradas en la deuda pública del país donde se las entidades financieras encuentran domiciliadas.

Este nuevo instrumento financiero sería el primer paso para la emisión de deuda pública mutualizada de la Eurozona, con la denominación de Activo Seguro Europeo (ASE), una cuestión sobre la que no hay acuerdo hasta la fecha.

Ahora bien, el gobierno alemán querría que la deuda pública nacional dejara de considerarse como libre de riesgo desde el punto de vista legal, precisamente también para diversificar las adquisiciones de deuda por parte de los bancos, lo que solo se podría hacer tras un análisis muy cuidadoso de sus consecuencias y vinculado a la emisión del ASE, que hiciera las veces de bono federal libre de riesgo. La Comisión acierta de pleno al vincular ambas cuestiones. No cabe rebajar el estatus de la deuda soberana si no se introduce al mismo tiempo un título de deuda europeo que legalmente sea libre de riesgo y comparable a los bonos federales que emite el tesoro de los Estados Unidos

Desde el punto de vista de la gobernanza a de la Eurozona, el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios tendría que ser el ministro de Finanzas de la Eurozona, responsable ante el Parlamento Europeo y presidente del Eurogrupo, de modo que se garantice la plena legitimidad democrática de las decisiones presupuestarias y financieras que se adopten en el marco de la Unión Monetaria.

También se propone integrar en los Tratados comunitarios el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza, y eventualmente también el Tratado del MEDE, ambos de naturaleza intergubernamental. Una vez integrado en los tratados, el MEDE podría operar como el tesoro europeo, con capacidad de recaudar recursos fiscales y emitir los Eurobonos, plenamente mutualizados.

Se trata en definitiva de una agenda en favor del euro, a la vez realista y ambiciosa, si bien completar la unión bancaria antes del final de esta legislatura en el Parlamento Europeo no será un reto menor. Se espera que el gobierno alemán flexibilice su postura respecto del Seguro Europeo de Depósitos tras las elecciones parlamentarias de septiembre de 2017.

[1] https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/reflection-paper-emu_en_2.pdf

[2] http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+REPORT+A8-2017-0038+0+DOC+PDF+V0//EN

[3] https://ec.europa.eu/commission/publications/five-presidents-report-completing-europes-economic-and-monetary-union_en