LA COHERENCIA NUNCA VIENE MAL

frutos020916

Entender lo que está pasando puede que sea muy complejo para un ciudadano que dedica un pequeño porcentaje de su tiempo vital a la política. Complejo por mal explicado a la ciudadanía en unos casos, intencionadamente en otros por no ser acertados en los procesos de comunicación. Sería bueno pensar en todos ellos que llevan meses siendo bombardeados con mensajes contradictorios, agresivos, alarmistas e incluso acongojantes. Los ciudadanos y las más de las veces los propios políticos terminan situándose en el campo de lo político como si de vehementes hinchas futbolísticos se tratara. La grandilocuencia de las expresiones que se utilizan: “Patria”, “interés general”, “Bien de la Nación”, “Unidad territorial”, “Grave crisis”, “ridículo mundial”, “momento histórico”… etc., hace que tomemos aire pensando en la gravedad de lo que tenemos entre manos. El debate de investidura ha sido un buen ejemplo de ello y un motivo más para que los españoles respiren con dificultad y traguen saliva.

Por ejemplo, no es entendible que celebrar unas segundas elecciones en marzo no resultara excesivo problema cuando se podía haber evitado. Que nadie presionara a los ocupantes de la calle Génova a que se abstuvieran en la investidura de Sánchez, ni que los círculos de apoyo mediático a Podemos no dijeran que no se podía perder esa oportunidad. Ahora el que fue entonces tildado de afán de protagonismo es censurado por dejar que sean otros los que actúen. No es entendible, ni cierto, decir que se está hundiendo al PSOE por hacer una cosa y ahora otra diferente.

La derecha española después de cuarenta años no ha llegado a entender lo que es la democracia y es difícil que pueda compararse con la de otros países europeos. Además parece que muchos profesionales de la información y la opinión tampoco han llegado a entenderlo bien, ni eso ni cuál es su papel en el sistema, ni lo que significa el respeto a la opinión del otro.

Mucho peor resulta que desde una exigua minoría para formar gobierno, muy cubierta de telarañas, con un líder que en buena lógica tendrá que sentarse en el banquillo de los acusados se intenten echar bombas incendiarias en casa del otro. Malo es eso y más que existan dirigentes políticos que asuman antes una suerte de embriaguez institucional que la coherencia ideológica y el respeto a quien les ha situado en su actual responsabilidad política que es vicaria y no personal.  Respeto tanto a los votantes como a la organización de la que son parte.

El pollo de Rajoy, aunque se le quieran poner plumas, está ya para echarlo al puchero. Hay muchas razones para fundamentarlo.

A los ciudadanos se les está haciendo creer que los políticos independentistas de Catalunya son un grave problema, sin considerar que el mayor escollo en este asunto es Don Mariano, que no entiende ni entenderá jamás la concepción plural de lo que ha sido y será España desde su creación, pues parece que estudió y no olvidó lo aprendido en El libro de España de la editorial Luís Vives donde se estudiaba historia en el franquismo. Y eso es un serio problema. El independentismo se realimenta con personajes como este.

“La voluntad de los ciudadanos hay que respetarla”, dicen hasta la saciedad Rajoy y sus pretorianos. Cierto. Hay que respetar con igual intensidad la voluntad de los ciudadanos que no quieren que gobierne Rajoy que son muchos más.

Si no era un gravísimo problema que no hubiera gobierno en marzo tampoco lo es ahora. Unas terceras elecciones no son deseables pero al fin y al cabo es señal de que el sistema democrático funciona. ¿El ridículo es mayor o menor? que el papelón del Reino Unido y su Brexit, que Alemania y la UE en su incapacidad para la gestión del problema de los refugiados, que los EEUU y la nunca cerrada cárcel de Guantánamo y los correos de la candidata demócrata o las payasadas del republicano. Esto en definitiva es excepción pero normalidad institucional.

El sistema político se bloquea por perseverar en presentar un candidato que es rechazado electoral y parlamentariamente, no por ser coherente y consecuente. Eso hace tiempo que nos viene faltando.

En mi opinión hay una alternativa, siempre las hay. La de este momento pasa por el Rey que reina pero no gobierna, pero que tiene que realizar algún papel más que llamar a Palacio para ver cómo está la cosa. El Rey debe de proponer a los grupos políticos y al Parlamento un candidato de consenso y un gobierno que asuma las reformas necesarias. Es difícil que el PP asuma esta tesis por lo que ha demostrado hasta la fecha y por el miedo a la pérdida de poder por parte de su núcleo duro. Los demás no deberían perder esa opción regeneradora, no solo apoyando sino implicándose en la salida del proceso de este momento.