LA COALICIÓN ELECTORAL PODEMOS–IZQUIERDA UNIDA

gfdez180516

La coalición electoral de Podemos e Izquierda Unida constituye un acontecimiento político de cierta importancia que merece ser examinado con atención, si bien su trascendencia no ha de responder necesariamente a las expectativas que ha podido poner la dirección de Podemos. Para ello conviene examinar los motivos políticos que han inducido a suscribir el acuerdo, las características del pacto, cómo puede ser percibido por los electores y los previsibles resultados que puede deparar.

En primer lugar, ¿a qué se puede deber este acuerdo? El verano pasado, Iglesias Turrión se expresó con sorprendente dureza contra Izquierda Unida, dureza impropia de una persona que había militado hasta hacía poco en la coalición. Quienes representaban en el verano de 2015 la izquierda más caduca son, en mayo de 2016, unos buenos aliados con los que incluso se pude tomar una cerveza. Ya es sospechoso ese repentino aprecio. Y no vale la teoría, tomada de Julio Anguita, de rebasar al PSOE como primera fuerza de la izquierda, porque esa ambición, legítima, de Podemos no fue óbice para atacar ferozmente a la coalición. Hay que pensar, más bien, en la información que deben poseer en Podemos, confirmatoria de casi todos los sondeos, que pronostica que Podemos cae en intención de voto y en recuerdo de manera sensible. Para paliar el hundimiento electoral de Podemos, sus dirigentes han ideado una, en principio, inteligente maniobra, que es acumular los novecientos mil votos obtenidos por Izquierda Unida, de modo que compensan las pérdidas con las ganancias. Serán unos resultados ficticios, porque sólo si se comparan los resultados electorales acumulados de las dos formaciones en diciembre de 2015 podremos decir si la nueva coalición ha ganado o ha descendido. Pero puestos a salvar muebles, a Podemos le importa poco la realidad sociológica, porque es muy previsible que traten de vender un producto falsificado: compararán los resultados de Podemos (sin Izquierda Unida) con los de la nueva coalición y todos tan contentos. Pero hay que insistir que Podemos nunca se hubiera aproximado a Izquierda Unida si no dispusiera de sondeos que señalan un descenso de cierta importancia.

En segundo lugar, hay que examinar el resultado del pacto. Aquí hay que reconocer que Podemos ha actuado con más inteligencia que Izquierda Unida. Si, como acabamos de ver, Podemos ha pactado con Izquierda Unida porque lo necesita, no se entiende cómo esta última se ha entregado a cambio de humo. La denominación de la coalición electoral ofrece la denominación de Podemos, no de Izquierda Unida, los escaños de ésta son pocos y bastante inseguros. No se entiende bien qué complejo de inferioridad ha llevado a Garzón a entregarse a Podemos sin obtener más escaños seguros y el título de su agrupación.

En tercer lugar, ¿cómo percibirán los electores el pacto? ¿Sumarán o restarán? La teoría del realineamiento electoral, elaborada por el estadounidense V. O. Key en 1955, nos muestra que pocas veces se produce un realineamiento como el que ocurrió en España en diciembre de 2015. Va a ser difícil que ocurra en junio de 2016, y para que ocurra tendrían que converger los electores de Podemos y de Izquierda Unida en las mismas preocupaciones, en los objetivos que mueven a votar a unos y otros electores. Va a ser difícil que ocurra porque además de la natural dificultad que siempre aparece en este tipo de coaliciones (recordemos marzo de 2000 y el fracaso del pacto PSOE-Izquierda Unida) hay que añadir que muchos electores votaron Izquierda Unida en diciembre de 2015 por rechazo a Podemos. ¿Qué pasará con aquellos novecientos mil votos? A riesgo de equivocarme, creo que la mitad de los votos que obtuvo Izquierda Unida se mantendrán en la nueva coalición pero una parte puede ir al PSOE y a otras formaciones de izquierda de ámbito regional distintas de Podemos.

De modo que puede darse el caso de algunos electores de Izquierda Unida de diciembre de 2015 pasen a votar al PSOE. Más difícil será que electores de Podemos en la elección de 2015 vayan a dejar de votarle por el hecho de haberse coaligado con Izquierda Unida pero, en cambio, es posible que electores que no deseen votarle en junio de 2016, al no poder dirigir su voto a Izquierda Unida, acaben votando al PSOE, que no parece desgastado por intentar la investidura.

Finalmente, conviene examinar la reacción de la derecha y de su prensa. Llama la atención la simpatía con que cierta prensa conservadora (como La Vanguardia) ha acogido la formación de la coalición. En cambio, otra prensa de derechas y el propio Partido Popular hablan de una especie de frente popular, con el fin de crear miedo en la franja más timorata del electorado conservador. Unos y otros persiguen marginar al PSOE, polarizar la elección entre el Partido Popular y Unidos Podemos, como si el PSOE (e implícitamente Ciudadanos) fuera un partido a extinguir. No es nueva la maniobra, que el PSOE deberá contrarrestar rápidamente.

La conclusión que podemos sacar de esta operación de Podemos es que, bajo su aparente inteligencia o astucia, puede dar pocos resultados prácticos al partido de Iglesias Turrión, si bien le ayudará a enmascarar su descenso. Más dudas presentan los efectos para Izquierda Unida pues probablemente incluso pierda algún escaño de los que habría podido obtener de los desencantados de Podemos. Ha perdido una oportunidad de consolidarse como alternativa autónoma de la izquierda salvo que sea capaz, en las próximas Cortes, de actuar con mucha iniciativa frente a Podemos.