LA CIENCIA VUELVE AL PARLAMENTO

En este artículo quería compartir con ustedes las reflexiones que me ha suscitado mi asistencia, en calidad de secretario en funciones de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (http://aeac.science), a una iniciativa muy reciente surgida del magma resultante de la laminación al que durante años ha sido sometido nuestro sistema público de Ciencia y Tecnología. “Laminación” entendida como la segunda y tercera acepción que, para dicho término, recoge el diccionario Larousse.

El pasado día 6 de noviembre acudí al Congreso de los Diputados, con motivo de la primera jornada de #CienciaenelParlamento (https://cienciaenelparlamento.org/), una iniciativa que persigue la creación de oficinas de asesoramiento científico técnico que den información científica, contrastada, independiente y sobre todo permanente que los políticos puedan utilizar en su labor legisladora. Esta iniciativa ha suscitado un interés transversal, tanto entre científicos, políticos, ciudadanos o empresarios.

Resulta paradójico (o tal vez no, a estas alturas ya no me sorprende) que estas oficinas lleven presentes desde los años 80 en otros países Europeos: incluso existe la EPTA, que es la red europea de dichas oficinas. Justamente por esta cuestión España (junto con Italia) era considerada una excepción europea al no haber implantado esta iniciativa; y digo “era” porque parece ser que esta vez sí que va a cuajar la idea: a la tercera va la vencida. A este respecto quería destacar que Cataluña sí cuenta con representación en la EPTA, a través del Consell Assessor del Parlament sobre Ciència i Tecnologia (CAPCIT): recordemos que las comunidades autónomas tienen competencias en cuestiones de investigación, desarrollo e innovación, como nos recordó el profesor Mas-Colell en una de sus últimas conferencias.

Comenzó el acto con las intervenciones de una mesa conformada por Ana Pastor (Presidenta del Congreso de los Diputados), Andreu Climent (Promotor de #CienciaenelParlamento), Jorge Barrero (Director General de COTEC) y Ángeles Heras (Secretaria de Estado de Universidades, Investigación, Desarrollo e Innovación). También intervino la robot Mini.

De Ana Pastor me quedo con el reconocimiento a la importancia que una oficina de esta índole tiene para los legisladores, así como el reconocimiento a la importancia que la innovación tiene en nuestros días. Se agradece esta reflexión aunque sabemos que esta importancia de la innovación en nuestro país tiene tanto de obvio como de difuso: ¿podemos apostar por innovación dejando a un lado la creación de conocimiento científico? Más aún, en mi pequeño parcours de apenas año y medio entre la política y la ciencia he podido comprobar como muchos empresarios reconocen que lo que investigamos ahora mismo en el laboratorio será con lo que ellos comercien en el futuro, pero esto se diluye a la hora de llevar al mercado las iniciativas más prometedoras y más cercanas al mismo, al menos en algunos campos.

De Andreu Climent, cabeza visible de esta iniciativa, me quedo con su comparación de la España actual con la de hace 40 años. Hace 40 años nuestra Constitución comenzaba su andanza, pero también se sintetizaba por primera vez insulina a partir de bacterias modificadas genéticamente. Cómo ha cambiado la vida en tan solo cuarenta años simplemente a la luz de estos dos hechos… ¿pueden imaginárselo? También sus palabras suscitaron una especie de idea fuerza de que la ciencia estaba ahí para dar y no pedir. Esto no refleja sino la propia generosidad de una comunidad que, a pesar de haber sido pisoteada durante años, no quiere desaprovechar una oportunidad como esta para mostrar lo útil que puede ser al país.

Tras Andreu intervino Mini, no sé si la primera robot en intervenir en el Congreso de los Diputados, quién propulsada por sus algoritmos de inteligencia artificial dio sucintamente la bienvenida al encuentro entre ciencia y política. Mini acabó su intervención mencionando a Rosalind Franklin, la gran química y cristalógrafa inglesa: “Ciencia y vida nunca deben estar separadas”. Mini se ruborizó visiblemente ante nuestros aplausos.

De Jorge Barrero, Director General de COTEC, me quedo con la clara exposición de la estrategia mediante la que su organización se ha enfocado en trabajar de forma más amplia en el análisis del fenómeno de la innovación. COTEC está centrando una parte sustancial de sus esfuerzos en acompañar los cambios necesarios para que el conocimiento se transforme en innovación y se plasme en su vertiente económica. Necesario, tanto como el apoyo a la investigación básica. Acompañar a #CienciaenelParlamento como co-organizador entronca perfectamente con esta estrategia. También incidió en la idea de que con #CienciaenelParlamento la ciencia había entrado en el parlamento a dar, no a pedir. De nuevo la generosidad de la comunidad científica a colación que, prácticamente aniquilada durante los últimos años es capaz de resurgir y ofrecer su conocimiento en pro del bien común.

Ángeles Heras retoma un punto importante que debiera estar meridianamente claro en 2018: la ciencia es una inversión, no un gasto. Que se siga viendo como un gasto en algunos estamentos resulta chocante, sobre todo a la vista de que una parte sustancial del presupuesto destinado a actividades de I+D+i son en realidad préstamos que retornan con sus correspondientes intereses. Durante su intervención la Secretaria de Estado también reclamó una mayor concienciación social en la transformación del conocimiento (yo añado científico y tecnológico) en innovación, muy en línea con COTEC. Nombra el papel clave de los sistemas fiscales en este proceso que para mí es especial relevante, tal vez incluso más importante que parámetros como la propia intensidad de innovación. Seguramente haya un artículo en el futuro sobre este tema ya que atañe muy de cerca al futuro de la región donde vivo, Asturias.

El turno de intervenciones concluye con Ana Pastor, quien transmite el compromiso de los grupos parlamentarios para la creación de esta oficina, con la esperanza de que dicha creación se materialice siendo ella Presidenta. Y acaba tomando un extracto de una conversación con “el nieto” (supongo que querría decir con la nieta) de Madame Curie: “Que no tengan que pasar muchos años sin que la gente reconozca el valor de la ciencia”.

Tras estas intervenciones se concitaron 4 mesas coloquio con las que se pretendía ejemplificar el funcionamiento de la futura Oficina de Asesoramiento Científico Técnico. Temas tan distantes como la inteligencia artificial o la dependencia, la contaminación por plásticos o la gestión del agua o de los migrantes. Estos temas fueron revisados y expuestos por personal técnico, lo que daba paso a intervenciones de dos expertos y de un nutrido grupo de políticos de diferentes opciones políticas que analizaron desde los retos hasta las oportunidades para abrir nuevos mercados. Un resumen detallado de estas reuniones y jornadas será publicado por los organizadores en los próximos meses.

Desde la AEAC apoyamos sin reservas esta iniciativa que, no en vano, ha estado en nuestra estrategia desde la entrada de Eduardo Oliver como socio fundacional. También quería destacar la llamada realizada desde distintos grupos parlamentarios a la participación activa de políticos en ciencia. La mala reputación de la política entre nuestra comunidad científica es algo que debemos tratar de vencer; un servidor ya daba alguna pista a principios de años en una tribuna sobre política científica, y sigo animando a que todo aquel científico que crea pueda aportar algo en política desarrolle su labor a modo de viaje de ida y vuelta (https://elpais.com/elpais/2018/01/02/ciencia/1514887867_207976.html).

#CienciaenelParlamento es un primer paso no sólo hacia la creación de oficinas de asesoramiento científico-técnico parlamentarias, es un paso hacia la normalización de reuniones periódicas ciencia-política para que esta última tenga en cuenta a la primera en la toma de decisiones, que ésta sea informada y basada en la evidencia. Es en definitiva un paso para que ambas comunidades se conozcan y busquen formas de ayudarse mutuamente. A futuros iniciativas como #CienciaenelParlamento son la forma de involucrar a nuestros jóvenes investigadores en las decisiones que se tomen sobre investigación, desarrollo e innovación en nuestro país. En la AEAC tenemos claro que una parte sustancial de nuestras inversiones en proyectos debe ir destinada no sólo a darle un marco de participación a los ciudadanos, sino también a nuestra cantera científica. Por último, que la ciencia vuelva al Parlamento es también un esfuerzo por atraer la atención de la comunidad investigadora del sector privado: este sector es tan clave como la adopción de una política científica para la recuperación de la ciencia y la tecnología en nuestro país.

Un proverbio turco dice que cuando el carro se rompe, muchas personas te dirán por dónde no tenía que haber pasado. Aún en el supuesto de que #CienciaenelParlamento no acabe cuajando ni a la tercera, que lo dudo, mi más sincera enhorabuena a todas las personas que estáis detrás de ella abriendo camino. Si como recogen muchos medios de comunicación la ciencia ha vuelto al Parlamento eso implica admitir, de forma indirecta, que en algún momento del pasado salió. Pero lo importante es que ha vuelto, y esta vez para quedarse.

 

*Borja Sánchez es Científico Titular en el IPLA-CSIC y Secretario en funciones de la AEAC