LA BRECHA GENERACIONAL

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No es habitual que los políticos en campaña se salgan de las pautas marcadas en los prontuarios e incorporen alguna novedad en las entrevistas que se ven obligados a responder en base a un catálogo de preguntas repetitivas que, en esta ocasión, han versado sobre el monotema de los futuros pactos. Es de elogiar, por tanto, que en su conversación con Rubén Amón para “El País” Pedro Sánchez tuviera el rasgo de sinceridad de admitir la existencia de una brecha generacional y, aún más, reconocer que el desafío del PSOE es recuperar la confianza de las nuevas generaciones, que ahora, según todos los indicadores, recalan con sus votos, mayoritariamente, en la coalición Unidos Podemos. El mérito de ese análisis es que no obedece a un intento de tender la caña en una operación de urgencia sino de interiorizar un problema cierto, que habrá de resolverse con independencia de los resultados del domingo 26 de junio.

Si de algo pueden servir estos largos meses de campaña electoral, que nadie garantiza hoy que no pueda prolongarse, es para realizar un estudio sereno y objetivo de los profundos cambios que está experimentando la sociedad española, en una transformación radical de sus hábitos de acceso a los canales de comunicación y, por tanto, de la propagación de ideas y emociones. Los españoles “análogicos” están siendo desplazados por los “digitales” y, en esa línea, los antaño entusiasmantes mítines se reducen hoy a espacios con aforos reducidos en la confianza de que el eco de los discursos se propague por las redes sociales. Y en ese terreno la capacidad de movilización y el manejo de los recursos técnicos es una baza en la que se mueven con mucha mayor destreza los “digitales” que los “análogicos”. Los jóvenes frente a los mayores. Nadie, que yo sepa, ha echado en falta ni las grandes vallas publicitarias ni las banderolas con las fotos de los candidatos en las farolas. Ni el engrudo y las escobas con las que procedíamos a la pegada de carteles con aire de fiesta.

Los trabajos sociológicos más serios escudriñan estos días el peso de las inclinaciones políticas en función de los tramas de edad, recordándanos la importancia creciente de la población de mayores de 65 años, que supone cerca de un 25% -8.500.000 españoles- y, por tanto, la influencia de su voto, más fiel a unas siglas, que el de las generaciones entre 18 y 45 años. Pero también más claramente favorables a las opciones conservadoras representadas por el PP. Marcos Sanz lo explica con gran precisión en su comentario a la última encuesta de Metroscopia. Así pues, entre los retos a los que se enfrenta hoy el Partido Socialista debiera ser prioritario un profundo debate sobre la articulación de un mensaje que tuviera en cuenta una visión de futuro que no tendría por qué excluir el legítimo orgullo por las realizaciones del pasado. Con la realista aceptación de que los nacidos después de los setenta ya dan como un valor adquirido que viven en democracia y con los logros de un Estado de Bienestar que les parece tan natural como el aire, pero que no les satisface plenamente. Simplemente: no están dispuestos a dar las gracias, porque son el sector con más incógnitas sobre su futuro.

Queden para otros las especulaciones sobre los resultados electorales, los futuros pactos de gobierno y el destino final de los líderes en función de la ridícula lectura de la cotización de frutas y hortalizas en Andorra…que es una muestra más de la obsolescencia de unas reglas electorales diseñadas en la prehistoria “analógica”. Un ejemplo más de la brecha generacional. Como la jornada de reflexión.