LA AYUDA PARA EL DESARROLLO, TAMBIÉN

La presentación y tramitación del proyecto de los presupuestos suponen, sobre todo, la decisión del Gobierno de cambiar la política económica, para centrar los esfuerzos del gasto público en política social e inversión y modificar, en varios frentes, la política fiscal, haciéndola más progresiva.

A pesar de que la furia de la derecha, embarcada en una competición por quién se derechiza más, impidieron que saliera adelante una muy buena negociación comunitaria del Gobierno para disponer de más margen de gasto, en Gobierno socialista ha sacado adelante unas cuentas públicas que estimulan el crecimiento y aseguran una mayor y mejor distribución de la riqueza.

Sin embargo, siendo estos presupuestos una buena noticia, hay una que ocupa menos espacio y menos titulares: la ayuda oficial al desarrollo.

Porque también en el caso de las políticas públicas de cooperación se invierte la tendencia, después de años del desmantelamiento en el que se habían aplicado los gobiernos burócratas del PP.

Es verdad que la tendencia se invierte, aunque no lo suficiente. Así lo ha reconocido el propio Gobierno. Y sin embargo, el aumento de recursos para la AOD permitirá volver a conectar con el compromiso ampliamente compartido por la ciudadanía y por la sociedad española de cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030.

Si estos presupuestos salen adelante, habrá 336 millones de euros más disponibles con los que poder afrontar las políticas de desarrollo que vienen contempladas en la agenda pública y serán las prioridades para este año 2019: la sanidad, la educación, el agua y el saneamiento, la acción humanitaria, el multilateralismo y las alianzas para el desarrollo.

Por eso, por la ayuda al desarrollo también merece la pena que estas cuentas sean aprobadas y entren en vigor. Porque también serán más justos y mejores con el tratamiento y el cambio de tendencia que recogen.