LA APUESTA EUROPEA POR LA BIOECONOMÍA

LA APUESTA EUROPEA POR LA BIOECONOMÍA

La Unión Europea, todavía hoy identificada por algunos sectores de manera unívoca con las políticas de ajuste fiscal a ultranza, viene implementando una importante agenda en favor del desarrollo sostenible, a través de la Estrategia 2020 y de su principal instrumento, el Horizonte 2020, donde la investigación desempeña un papel central.

Esta estrategia no es una mera declaración de intenciones, sino que viene respaldada con una importante financiación proveniente del presupuesto de la Unión, nada menos que 80.000 millones de euros para el período 2014-2020, y con la que se financian proyectos innovadores en todos los Estados miembros.

En el marco de la promoción de este crecimiento económico “inclusivo, inteligente y sostenible” la Unión ha hecho una importante apuesta por la bioeconomía[1], con la adopción de una estrategia en 2012, y sobre todo con el establecimiento de una empresa público-privada europea, el Bio-Based Industries Joint Undertaking[2] (BBI-JU), dotada de 3700 millones de euros que se destinan a financiar con subvenciones no rembolsables proyectos de investigación y de demostración (construcción de bio-refinerías para el procesamiento de la biomasa), así como para impulsar cadenas de valor en este sector.

La bioeconomía consiste en la utilización agrícola e industrial, de recursos biológicos renovables, con la que producir alimentos, pero también energía y materiales (como por ejemplo plásticos). Estos recursos son fundamentalmente residuos naturales, cultivos, bosques, pescado, ganadería, algas y micro-organismos.

Las ventajas de la bioeconomía son múltiples. Por un lado su materia prima es renovable por definición, aun cuando como es natural hay que tener en cuenta las necesidades del ecosistema y el mantenimiento de la biodiversidad, lo que supone una baza importante desde el punto de vista de la lucha contra el cambio climático.

Es, eso sí, necesario asegurar que las bio-refinerías no sean especialmente intensivas en el uso de energía procedente de fuentes no renovables, y que no se reduzca la producción de alimentos.

Por otro lado, bioeconomía es un sector emergente, por lo que se encuentra ligado a la explotación de nuevas tecnologías y e investigaciones científicas, además de ser una fuente potencial actividad industrial y de empleos de calidad.

De hecho, gracias a esta apuesta, Europa es líder mundial en el sector, y de la que nuestro país podría beneficiarse en mayor medida dado su potencial en recursos naturales renovables. De este modo podría florecer una industria verde en España, lo que además sería una fuente de puestos de trabajo cualificados y, por lo general, bien remunerados.

También se necesitan medidas adicionales en la Unión para aumentar el peso de la bio-industria en la economía europea. Concretamente el Banco Europeo de Inversiones, y el Fondo Europeo para las Inversiones Estratégicas, deben complementar la labor de BBI-JU con el otorgamiento de préstamos que financien proyectos valiosos pero para los que no se dispone de capital privado o proveniente de la citada empresa público-privada europea.

En todo caso, la bioeconomía es un magnífico ejemplo, entre otros, del valor agregado que aporta la Unión a los Estados miembros, a sus economías, y en última instancia a sus ciudadanos.

[1]Véasehttp://ec.europa.eu/research/bioeconomy/index.cfm?pg=policy&lib=strategy

[2]Véasehttp://bbi-europe.eu/