LA ALCALDESA DE BARCELONA Y LAS FUERZAS ARMADAS

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El incidente en el que la Alcaldesa de Barcelona transmitió al Delegado de Defensa en Cataluña que el Ayuntamiento barcelonés no era partidario de que las Fuerzas Armadas participaran en el Salón de la Educación que se celebra en esa ciudad reviste más importancia de la que se le ha dado. Es cierto que los medios de comunicación de la derecha y algunos Ministros del Gobierno en funciones han encontrado un motivo para protestar pero el hecho de que la derecha se queje contra cierta izquierda no es óbice para que también desde la izquierda se examinen los rasgos más criticables del comportamiento de la señora Colau.

Empecemos por una cuestión de forma. La Alcaldesa de Barcelona es un cargo público representativo y una cierta cortesía debería haberla llevado a no transmitir a unos funcionarios del Estado el desagrado de su presencia en el salón educativo. Si la señora Colau fuera cortés habría evitado transmitir su desagrado a los funcionarios, en este caso de las Fuerzas Armadas, que no pueden responderla, tanto porque no tendrían instrucciones de sus superiores como por el deber de neutralidad de cualquier funcionario, deber que impide que entren en polémica con un cargo público partidista. Desde el punto de vista de las formas, la Alcaldesa Colau ha actuado con cobardía, prevaliéndose de una situación en la que sus interlocutores no pueden responderla.

En segundo lugar, la señora Colau tiene un grupo municipal (el de Barcelona en Comú) de once Concejales sobre cuarenta y uno. Por ende, habrá muchos electores de Barcelona que no compartan ese rechazo a las Fuerzas Armadas, por mucho que en el Pleno del Ayuntamiento una mayoría de extrema izquierda y de independentistas aprobara una moción en ese sentido. Un Pleno puede adoptar decisiones que son recurribles ante los Tribunales pero los millones de barceloneses que discrepan de la mala educación (con sonrisa pero materialmente mala educación) de su Alcaldesa, ¿van a recurrir contra esa vía de hecho? Si la señora Colau tuviera sensibilidad democrática no habría actuado expresando sentimientos antimilitaristas que no representan a todos los barceloneses, porque como representante de todos los vecinos no puede ir mostrando sentimientos políticos parciales.

En tercer lugar, el rechazo a las Fuerzas Armadas, que forman parte del Estado y están previstas en la Constitución, es un rechazo a la propia Constitución. Ser militarista o antimilitarista es legítimo, desde el punto de vista ideológico, pero una autoridad del Estado cuya autoridad procede de la Constitución, no puede expresar el rechazo hacia una organización de la Administración General del Estado que posee tanta legitimidad constitucional como la propia Alcaldesa de Barcelona. Entre tantos daños que los independentistas catalanes y sus compañeros de viaje (como Barcelona en Comú) están haciendo al Estado de Derecho es la continua deslegitimación del Estado democrático pues en un contexto de menos deslegitimación hubiera sido impensable que la Alcaldesa de la segunda ciudad española soltara coces (con sonrisa pero coces al fin) contra las Fuerzas Armadas.

Pero si preocupantes son la descortesía, el desprecio a los electores barceloneses no antimilitaristas y la deslegitimación de un órgano de la Administración del Estado, peor es lo que expresa de ignorancia o de mentalidad política primitiva. Si la Alcaldesa Colau hubiera leído el gran libro que escribió el Ministro de Defensa y predecesor suyo en el Ayuntamiento de Barcelona, Narcís Serra (La transición militar, Ed. Debate, Barcelona, 2008), no incurriría en gestos infantiles. Porque además de ser una rama de la Administración del Estado, las Fuerzas Armadas son un instrumento al servicio de la Seguridad de España y una organización plenamente identificada con la democracia.

Concretando un poco más, la Alcaldesa de Barcelona debería estar informada del gran cambio que ha experimentado la enseñanza militar gracias a la iniciativa de los Ministros Bono, Alonso y Chacón, con un nuevo modelo que otorga, además de la pertinente formación militar, enseñanza superior a todos los oficiales (grado universitario) y suboficiales (formación profesional superior). Las Fuerzas Armadas están legitimadas para mostrar su modelo de enseñanza en cualquier foro que se organice y, naturalmente, pueden estar orgullosas de ese cambio. Pero esa información no debe estar al alcance de una persona como la Alcaldesa Colau, cuyos intereses deben ser bastantes más primarios y limitados.

En medio del gesto ineducado y políticamente basto de la señora Colau llama la atención la reacción de Podemos. Si el día en que Pedro Sánchez estaba entrevistándose con el Rey, Iglesias Turrión y su coro montaron un gran acto para contraprogramar la entrevista de Sánchez y en ese acto de contraprogramación Iglesias Turrión exigió el Ministerio de Defensa para que su titular fuera un General retirado (modelo, por cierto, plenamente anacrónico que nos conduce a la Restauración), no se entiende como ahora Podemos no ha salido en tromba a defender a las Fuerzas Armadas, en lugar de defender a la Alcaldesa Colau.

Ante los continuos errores en que están incurriendo los Ayuntamientos de extrema izquierda de Barcelona, Madrid, Cádiz, Zaragoza, etc., se ha afirmado que estos nuevos grupos no tienen experiencia por lo que se les debe juzgar con benevolencia. Pero, ¿qué experiencia municipal tenían Enrique Tierno Galván, Narcís Serra o Ricardo Pérez Casado? Ninguna. Como Colau. Pero nunca hubieran incurrido en gestos tan toscos y tan poco democráticos.