LA AGENDA INTERNACIONAL DE LOS INDEPENDENTISTAS CATALANES

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Todos los nacionalistas tienden a creerse el ombligo del mundo y los independentistas catalanes no son una excepción. Es constante la acción internacional de éstos con la pretensión y la esperanza de que otros sujetos internacionales (las instituciones de la Unión Europea, ciertos Gobiernos europeos, Estados Unidos) presionen al Gobierno español para que éste permita la celebración de un referéndum o, incluso, acceda a negociar la independencia. Evidentemente es una vía poco eficaz, porque ningún Gobierno europeo (salvo el de algún Estado creado recientemente y de muy poca extensión) va a asumir o alentar un proceso de ruptura de un Estado porque se puede encontrar en una situación similar. Sin embargo la acción internacional de la Generalidad, gastando a espuertas el dinero de todos los catalanes, sigue siendo una de las líneas estratégicas de los independentistas. En el fondo, los independentistas querrían que una nueva Santa Alianza enviara Cien Mil Hijos de San Jorge a liberarles de la España opresora.

La última hazaña internacional de la Generalidad es muy relevadora de cómo los independentistas siguen aferrados a sus mitos y a sus arquetipos, sin entender la realidad internacional. Que el Presidente Puigdemont vaya a Bélgica y no consiga entrevistarse con ninguna autoridad de la Unión Europea era algo bastante esperable. Tras las cartas enviadas a las autoridades nacionales y comunitarias por el Consejero Romeva, era de esperar que las autoridades de la Unión no quisieran comprometerse en una operación de legitimación de la secesión, de modo que el flamante nuevo Presidente de Cataluña ha tenido que conformarse con las entrevistas con los nacionalistas flamencos, que quizá sean tan independentistas como los catalanes, pero son más realistas porque no van prometiendo a sus ciudadanos lo que no se pueden obtener.

En lugar de reconocer íntimamente el ridículo de la gran tournée europea, Puigdemont tenía que vengarse y quiso provocar en el Parlamento catalán. Para ello afirmó sin rubor que es el Presidente de la Comisión europea quien tendrá más interés en recibirle. Así se ha visto. Y acabó invocando a Kosovo cuyo Primer Ministro fue recibido por Juncker. No caben más torpezas en tan pocas palabras. Aunque la biografía de Puigdemont nos dice que es periodista de profesión, esa referencia a Kosovo, que adquirió la independencia al margen del Derecho internacional y nació como Estado tras una guerra civil, demuestra que el Presidente de Cataluña quizá sea periodista, pero sólo se ha dedicado a la crónica comarcal de Gerona, sin enterarse de la situación internacional. A ningún independentista con un poco de cabeza se le ocurriría hacer una comparación entre Kosovo y Cataluña. ¡Sólo la faltaba invocar el caso de Bosnia-Herzegovina como Estado independiente!

Para cerrar la cadena de éxitos, en los mismos días en que el Presidente Puigdemont se encontraba con las puertas cerradas de las instituciones de la Unión, ha trascendido que el Presidente del CIDOB, un catalanista tan prestigiado como Carles A, Gasòliba, ha dimitido en desacuerdo con los planes del Consejero Romeva que quiere utilizar una institución respetada para la política de difusión exterior del independentismo. Ya hemos comentado en artículos anteriores cómo el independentismo contamina todo lo que toca y que el CIDOB pase a ser otro instrumento en el imposible camino hacia la independencia es una muestra más del desprecio por las instituciones asentadas en Cataluña.

No se conoce el coste financiero de la difusión internacional del independentismo, pero probablemente será una de las causas del déficit de esa Comunidad Autónoma. ¿Es que nadie se atreve a pedir cuentas de ese despilfarro? ¿Alguien pondría la mano en el fuego negando que en ese coste desmesurado no hay algún tres por ciento? Y si lo hay, ¿quién es el beneficiario?