KEYNES, DAVOS Y LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (2)

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“La tecnología elimina más puestos de trabajo que los que puede crear”, está afirmación, realizada en 1978, por Vassily Leontief, Premio Nobel de Economía, cobra hoy más vigencia que nunca cuando los datos del último informe elaborado para el Foro Económico Mundial, más conocido, como Foro de Davos, señalanque los cambios que se están produciendo con la automatización en el mercado laboral podrían conducir a una pérdida de 7,1 millones de puestos de trabajo en el periodo 2015-2020, y a la creación de dos millones de nuevos tipos de empleos relacionados con negocios y finanzas, gestión, informática y matemáticas, arquitectura e ingeniería, ventas, educación y entretenimiento. Es decir, se perderían 5,1 millones de puestos de trabajo.

El impacto social de estos cambios, ya es evidente en muchos campos, pero especialmente en cuanto al incremento de la exclusión y la concentración de la riqueza. Por eso, es preciso analizarlos para decidir en qué tipo de sociedad queremos vivir. Y el lugar que en ella, queremos dar a la tecnología y la automatización, pero también al empleo o a la falta de él para millones de personas.

Algo es evidente, la sociedad se adaptará a esta nueva realidad tecnológica. La cuestión es decidir si la tecnología se subordina a un modelo de sociedad donde la libertad, la igualdad y la justicia social están en el centro de las decisiones; o por el contrario, la sociedad va detrás de unos desarrollos tecnológicos que no solo no son neutrales sino que,sin regular y evaluar, incrementarán la desigualdad en todos los planos, ya sea el social, el económico, el medioambiental, el laboral o el político.

¿Es preciso anticiparse y adaptarse a los cambios? Sí, pero ¿bajo qué premisa y valores? No plantear este debate, por parte de los poderes públicos y privados, es caer en la falacia de suponer que lo nuevo siempre está mejor adaptado a nuestros propósitos por ser nuevo. Como señala Nicolas Carr, cuando afirma que “la auténtica falacia sentimental es suponer que lo nuevo siempre está mejor adaptado a nuestros propósitos e intenciones que lo viejo. Esa es la visión de un niño, ingenua y dócil. Lo que hace a una herramienta superior a otra no tiene nada que ver con su novedad. Lo que importa es cómo nos agranda o empequeñece, cómo moldea nuestra experiencia de la naturaleza, de la cultura y de los unos con los otros.Ceder decisiones sobre la textura de nuestra vida diaria a una gran abstracción llamada progreso es un disparate.”

En este punto, la grave enfermedad que supone el paro tecnológico, tiene que ser curada reafirmando que en el centro de nuestra sociedad se encuentran las personas, y que en una sociedad más automatizada no se puede renunciar a la responsabilidad de avanzar hacia el bien común y el pleno empleo. ¿Qué significa ese bien común en el siglo XXI? Comenzar un debate primero y actuaciones después entorno al bienestar de las personas en una sociedad que tiene limitaciones para crear empleo.

Y aquí, hay que empezar a tomar decisiones en cuanto al reparto del empleo: duración y reducción de la jornada de trabajo, configuración de la jornada laboral, y conciliación. Todo ello, desde una visión amplia,que plantea estas soluciones para crear empleo, pero también como parte de un sistema económico que proporciona una mayor redistribución de la renta y una mayor justicia social.

Como afirmaba, José Félix Tezanos, en la Sociedad Dividida, el triunfo de un sistema social y económico complejo se mide por la capacidad de hallar solucionespara los problemas reales de convivencia ydignidad humana. Por ese motivo, el reto de la nueva sociedad tecnológica es crear un orden socialestable, que solo se logrará con una mayor redistribución de los recursos, respetando el medioambiente, creando empleos que generen progreso y bienestar, y propiciando la participación y la integración ciudadana.

El trabajo es algo más que una forma de ganarse la vida. Es una forma de interrelación social. Es una forma de establecer nuestra percepción del mundo. Por tanto, hay que aprovechar esta cuarta revolución industrial para, como dijo Keynes, resolver el problema económico y que el hombre se enfrente con su problema real y permanente: “cómo usar su libertad respecto de los afanes económicos acuciantes, cómo ocupar el ocio que la ciencia y el interés compuesto le habrán ganado, para vivir sabia y agradablemente bien”.