JEREMY CORBYN: EL SER O EL NO SER DEL LABORISMO

Las primeras horas de actividad del nuevo líder del laborismo británico no estuvieron dedicadas a una gira por los medios de comunicación, sino a un encuentro con los sindicatos ante los que reafirmó el programa de medidas económicas y sociales que habían constituido el eje de su campaña. La alianza con las organizaciones de trabajadores, amenazadas de extinción por las políticas conservadoras de Margaret Thatcher y sometidas ahora mismo al riesgo de ver seriamente cercenado el derecho de huelga por parte de Cameron, ha sido uno de los principales ingredientes para la victoria de un diputado sesentón en las primarias del Labour Party.

La otra columna que ha sustentado el triunfo de Corbyn la forman, para sorpresa de muchos, las nuevas generaciones, los jóvenes, que han conectado con un discurso nuevo y creíble, netamente de izquierda, y que han actuado con entusiasmo en una campaña que tenía en contra a los máximos dirigentes del laborismo, a los medios de comunicación y a los poderes económicos y financieros. En el frente común contra Corbyn se han alineado, con declaraciones muy alarmistas, no sólo los miembros del Partido Conservador, sino el propio Tony Blair, último referente del laborismo en el poder y artífice de una confección teórico-práctica del socialismo que trascendió contagiosamente las fronteras del Reino Unido. Blair, cuya candidata preferida obtuvo apenas un 4,5% de apoyos, llegó a decir que el triunfo de Jeremy Corbyn supondría caer por un precipicio. Contra Corbyn estuvieron, asimismo, los diarios tildados de progresistas, como The Independent y The Guardian. Los equivalentes a El País, para entendernos.

El resultado de la Convención laborista ha roto, por tanto, muchos esquemas. La clave, indudablemente, ha sido el sistema de primarias, abiertas a toda a militancia pero también a los simpatizantes que adquirían el derecho a voto con la aportación de tres libras, unos cuatro euros. El efecto de esa apuesta ha sido espectacular: Se dobló el número de participantes en la elección y muchos miles de los simpatizantes han pedido la incorporación a un partido que languidecía a ojos vistas tras la reciente derrota de Milliband. Como era de prever, la irrupción de un líder ajeno a las estructuras dominantes del partido y con un respaldo muy minoritario en el grupo parlamentario no va a facilitar precisamente su tarea. Desde el primer momento la euforia desplegada en las calles por los seguidores de Corbyn contrastaba con la fría cortesía de las felicitaciones que le iban haciendo llegar con cuetagotas los prohombres del LP y la mayoría de sus homólogos europeos. De ahí la lógica y algo simplista asimilación que hizo inmediatamente la prensa británica, y en cierta medida la española, entre Jeremy Corbyn y Pablo Iglesias, quien no tardó un minuto en subrayar su proximidad al proyecto defendido por el veterano dirigente socialista.

La hostilidad hacia Corbyn pudo evidenciarse muy recientemente con ocasión de un oficio religioso en honor a los caídos en la Batalla de Inglaterra. Asistió respetuosamente, de pie, a la interpretación del himno nacional pero no entonó el “God Save the Queen”. Sencillamente por coherencia. Se declara abiertamente ateo y republicano. Las críticas le llovieron por todas partes, pero las soportó sin aspavientos, tal vez porque ya está acostumbrado a navegar contracorriente. Es muy consciente de que su fuerza real y su futuro va a depender de no romper sus vínculos con las bases sociales y por eso ha sorprendido a algunos en su primera intervención como portavoz laborista en el Parlamento al trasladar al primer ministro Cameron las preguntas que le habían planteado ciudadanos, con nombres y apellidos, y alejarse de la habitual retórica. Preguntas muy concretas sobre problemas reales, en un tono alejado de cualquier exceso verbal, que ha merecido el reconocimiento del propio dirigente conservador.

De forma consciente he prescindido en este comentario de apelaciones a la fluctuante historia del laborismo británico .Prefiero recordar un simple dato: el aire nuevo de un partido que nació en los albores del siglo XX se alimenta en sus orígenes de fusión con los movimientos obreros y en la defensa prioritaria de los derechos de los trabajadores, hoy nuevamente amenazados. El ser o no ser del laborismo. El ser o no ser de cualquier socialismo.