INVOLUCIÓN

No nos damos cuenta pero nuestra España está viviendo una involución cultural y una contrarreforma política preocupante.

Se penaliza el sentido del humor (afortunadamente todavía no lo hemos perdido). Es verdad que muchos chistes, tuits o canciones denotan un mal gusto y un humor negro poco recomendable, aunque si volviéramos la vista hacia los 80, todavía recién estrenada la democracia, veríamos humor incisivo en todos los medios de comunicación, incluida la televisión pública; pero estamos cayendo en una paranoia preocupante, sobre todo, si quien marca el decoro lo hace desde posiciones sancionadoras.

Como extremadas y exageradas me parecen las situaciones de cárcel que viven algunos independentistas como Oriol Jonqueras, que está en prisión desde principios de noviembre. No hace falta que reafirme mi rechazo al independentismo, el cual ni entiendo ni comparto, ni tampoco al nacionalismo ni catalán ni español, que nos está llevando a dos bloques enfrentados. Pero ¿de verdad que la única forma de mantener a España grande y unida es a base de cárcel? Nunca me cayó bien Anna Gabriel ni la CUP, pero tampoco creo que haya que acusarla de cobarde por huir de lo que parece ser una larga temporada en la cárcel, tal y como están los precedentes.

Sobre todo, porque mientras esto sucede para unos, otros todavía disfrutan de amplia libertad pese a haber robado a manos llenas del erario público, haber hundido bancos, haber engañado abiertamente a la ciudadanía, porque “son cosas del mercado”.

Ellos son, ni más ni menos, los “patriotas”, los que se emocionan cuando una cantante, que vive y tributa en Miami, le pone una letra simplista, ñoña y edulcorada al himno. Más que emoción es oportunismo. Han encontrado de nuevo un enemigo exterior contra el que batirse, una llamada a la emoción y la pasión, para que así la gente hable del himno, se ponga la mano en el pecho, grite un “Viva España”, y mientras nos olvidemos de la nefasta gestión que hace el PP, recortando y eliminando derechos.

Creo que los becarios científicos también se emocionarán mucho oyendo el himno, mientras emigran de su país porque no tienen trabajo, y, desde luego, no viven en mansiones en Miami.

Y vivimos una involución cultural cuando un grupo que dice llamarse Abogados Católicos recorre nuestro país de norte a sur con el fin de evitar que se eliminen los vestigios franquistas. Y es que, con la Iglesia hemos topado, cuando en la inauguración de las Jornadas de Pastoral de las Escuelas Católicas en Valencia, el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, se atreve a denominar, una vez más, la “ideología de género”, diciendo que debe alejarse de los centros educativos porque “destruye al hombre”. Alguien que no ha levantado la voz contra la violencia de género ni contra los asesinatos machistas que vive nuestro país día sí y día también.

Como bien señala Manuel Jabois, en su artículo “Prohibido indignar a la mayoría”, el Presidente del Gobierno, que ahora también escribe tuits, se pronunció en contra del Carnaval de Santiago porque ofendía a la mayoría. Habrá que explicarle al presidente que no se trata de agradar los oídos, sino de permitir que las minorías tengan también su capacidad de expresión. El mundo ha evolucionado siempre gracias a conquistar derechos, no al inmovilismo. Habrá que volver a recordar frases históricas como “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Primero llegó la contrarreforma económica. Aprovechando la crisis, había que desmontar muchos de los derechos sociales y laborales conseguidos, porque la ciudadanía tenía demasiada fuerza. En segundo lugar, había que debilitar a las organizaciones como los sindicatos o los movimientos cívicos, que ya no salen a protestar, y sería interesante recuperar aquel espíritu del 15-M que no es Podemos, sino mucho más. En tercer lugar, llegaron las leyes represoras, como la “Ley Mordaza”, cuya finalidad es “que si te portas bien y no te metes en política, nada tienes que temer” (posición franquista que duró 40 años para una gran mayoría), pero hoy queda prohibido manifestarse delante del Congreso, el Senado o parlamentos autonómicos, o evitar desahucios, entre otras cosas.

Y ahora llega la involución cultural. Es la época de crear “la gran mayoría social”. Callada, respetuosa, obediente, inmovilista, de buen credo, que no genere problemas.

Afortunadamente, una de las luces más inteligentes e interesantes que se vislumbran en este lúgubre panorama identitario y nacionalista, es la revitalización del movimiento feminista, universalista, interclasista y batallador.

Así que, MUJERES, a la huelga del 8 de marzo, que esto no va en broma. Y vosotros, mis queridos compañeros, allí os espero.