INTERESES PARTIDISTAS VERSUS EL INTERÉS GENERAL

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El resultado de estas elecciones generales ha dejado la gobernabilidad de España en una situación complicada.

Ninguno de los dos principales partidos tiene posibilidad de formar una mayoría de Gobierno sin unas aritméticas enredadas. Pero el mayor problema no reside tan sólo en conseguir la gobernabilidad sino en cómo se priman los intereses partidistas, incluso personales, por encima del interés general.

La situación no es nada fácil, pero estos son los momentos donde un líder ha de crecerse y demostrar capacidad de Gobierno, de resistencia, de prudencia, de negociación, y de sacar adelante un proyecto de país, pero los palos en las ruedas para vencer dificultades tienen muchos intereses. Algunos vergonzosos. Veamos algunas posiciones de los cuatro partidos principales.

En relación al PP: ¿Por qué no se plantea Rajoy quitarse de en medio y facilitar el futuro de su partido? Al igual que emprendió renovaciones de caras en sus cargos orgánicos para dar así la imagen de modernidad, igual que cedió protagonismo en la campaña a Soraya para así ocultar ante comparaciones su viejuna imagen, ¿por qué ahora no facilita también la transición y asume una digna retirada? Rajoy lleva en cargos públicos desde que llevaba pantalón corto; en cuatro años, todos los partidos políticos han renovado sus liderazgos, incluso la Casa Real fue la primera en realizar su transición al observar por dónde iban los nuevos tiempos. Hasta el PP hizo amagos e intentos, borrando a figuras históricas como Javier Arenas (del que nadie se acuerda), Mayor Oreja, u otros tantos que han ido desapareciendo.

Pero Rajoy no. ¿Por qué? Incluso mantiene firme su aspiración a presentarse al liderazgo del partido. No pretende dar un paso atrás. O no puede darlo.

Lo cierto es que ahora mismo él se ha convertido en el mayor obstáculo para la gobernabilidad del país y para la renovación de su partido, necesaria e imprescindible para acabar con toda una época de desmadre y corrupción, iniciada bajo el Gobierno de Aznar (en el cual Rajoy siempre estuvo en primeros puestos de responsabilidad).

Respecto al PSOE: Todo el sanedrín montado por los barones territoriales, con la baronesa a la cabeza, resulta vergonzoso. En un momento donde el PSOE puede convertirse en la alternativa de Gobierno real, asumir la presidencia y formar un Gobierno plural que gestione la diversidad de la izquierda, con todas las dificultades que ello implica (pues nada va a resultar fácil), surge la organización interna del partido (como siempre) a poner zancadillas y dar patadas en las espinillas.

El argumento de que Pedro Sánchez ha sacado los peores resultados de la historia, siendo cierto, no es válido. Porque la caída del PSOE viene produciéndose desde hace años, desde los errores cometidos, desde la falta de cohesión interna, y, sobre todo, desde la práctica continuada de barones territoriales negociando y desnegociando paz y guerra en cada congreso.

El mal resultado electoral del PSOE es continuidad del mal resultado obtenido en autonómicas y municipales. No es una novedad, sino la crónica de unos resultados anunciados. En cambio, hay muchos alcaldes socialistas que gobiernan en coalición, incluso presidentes autonómicos. El caso más significativo es el de la Comunidad Valenciana, donde, con los peores resultados habidos en la historia del socialismo valenciano, el PSPV-PSOE gobierna, teniendo la presidencia de la autonomía y formando parte del gobierno municipal que, aunque el alcalde es de Compromís (ahora ha ido en coalición con Podemos para las generales), los socialistas forman parte del gobierno, habiendo obtenido los pésimos resultados de cinco concejales (el PSPV llegó a tener 18 cuando gobernaba ó 12 en la oposición), convirtiéndose en el cuarto partido del hemiciclo. Y no se ha reclamado congreso extraordinario ni nadie ha dimitido asumiendo las derrotas.

En todas partes se mantiene una calma chicha, y en cambio se agitan las aguas en Ferraz. ¿Por qué? Quizás hay quien piensa que el caramelo de la presidencia del Gobierno merece una rebelión, o quien ha dejado que Sánchez cabalgara estos meses no puede permitir que se consolide en un gobierno porque luego sería más difícil de derrotar.

En fin, una vez más, el PSOE se mueve entre aguas turbulentas.

Ciudadanos: Pensé que tardarían algo más en entregar todas las armas de la batalla al PP. ¡Qué ingenua! Tanto había repetido Albert Rivera su animadversión al PP y tanto había negado ser su “marca blanca” que pensé que mantendría algo más de compostura que no esta indecente rendición sin condiciones.

Ni siquiera ha pedido la cabeza de Rajoy para hacer más digestiva la entrega de votos.

Sinceramente creí que Rivera iba a exigir una renovación en el PP para permitir que fueran una opción de Gobierno. Pero no resistieron ni el minuto uno. Inmediatamente, Rivera se convirtió en el mejor portavoz del PP. Atrás, en el olvido de la campaña, quedaron las críticas y denuncias a los casos de corrupción, a las portadas de los periódicos que Rivera exhibía gallardamente en el debate.

En fin, Rivera se ha convertido en el mejor abanderado de la “gran coalición”.

Podemos: También Podemos debe asumir la responsabilidad de su gran éxito electoral. Digan lo que digan, Podemos ha triunfado. Un partido que, con apenas dos años de vida, ha conseguido entrar en el parlamento español como tercera fuerza y con 69 escaños. Todo un éxito.

Pero no suficiente como para administrar sus planteamientos políticos con autonomía, como pueda ocurrir en algunos ayuntamientos.

Ahora deberá moverse en un difícil equilibrio: atender y no defraudar las demandas de su electorado que votaron por mantener un discurso crítico,  y, por otra parte, favorecer una gobernabilidad de izquierdas en España si realmente no quiere que el PP esté al frente.

Si Podemos hubiera superado al PSOE o tuviera fuerza suficiente para gobernar, podría tomar el camino que quisiera sin condicionantes, pero no puede.

Así pues, Podemos se enfrenta a un encrucijada: o permitir con su colaboración y participación un Gobierno alternativo en el cual Podemos tiene mucho que decir, o cerrarse en banda y enfrentarnos a unas nuevas elecciones.

La tentación es muy fuerte. A quien más puede interesarle unas nuevas elecciones es a Podemos, que puede revalidar sus resultados o mejorarlos a costa del PSOE, ya que éste está poniéndose zancadillas él solito con sus cuitas internas. Pero propiciar unas nuevas elecciones no significa asumir el resultado electoral e intentar la gobernabilidad de España desde una posición democrática y progresista.

De momento, sus líneas rojas no facilitan un Gobierno, sino nos precipitan a otras elecciones.