INTELIGENCIA Y GENEROSIDAD SOCIALISTA

frutos051016

En sus 137 años de historia, el Partido Socialista Obrero Español ha sufrido un buen número de crisis y desgarros internos. Desde la escisión comunista, hasta los graves y cruentos enfrentamientos entre facciones socialistas en febrero de 1939[1]. Sin lugar a dudas, el más absurdo e irresponsable es el recientemente vivido, que se ha denominado con acierto “la semana triste”. Ha sido como aquellos adolescentes que se dedican a desplumar un pollo con el mero objetivo de desplumarle sabedores que luego no se lo comerán, pero dejan al ave desguarnecido y asustado.

Es cierto que el PSOE tiene, desde hace mucho, una gran cantidad de tareas pendientes que algunos venimos repitiendo de manera machacona (renovación ideológica, modelo de partido, selección de liderazgos y actitudes y comportamientos en el ejercicio de la política) con tanta insistencia como inutilidad, pues no vamos a engañarnos, a ninguno de los que transitan por las galerías internas partidarias les importa un bledo. El no importar no es que consideren que no es importante, incluso lo interiorizan en el discurso, pero hablar mucho de un problema no lo soluciona. En estos días los dirigentes socialistas han hablado de Partido afectado por la crisis de la socialdemocracia global y su consecuencia en la progresiva pérdida de apoyos electorales, cuestión que les puede preocupar, pero para nada ocupar.

Los líderes de la socialdemocracia española y europea se han convertido desde hace tiempo en meros gestores de la realidad sin la más mínima intención de transformarla y sin ofrecer nada que signifique algo más que matizar las situaciones injustas de la sociedad. Se han mostrado sumisos a los requerimientos que venían de la Unión Europea aunque no creyeran en ellos, un alineamiento con la institucionalidad sin ofrecer resistencia ni alternativas. En definitiva, una inacción de lo que debe ser el cometido de un partido socialista. Nada de esto tiene que ver con lo sucedido, y aunque así fuera, en nada justificaría la verbena celebrada. Ahora lo problemático es si es posible, y se sabe, transfundir sangre nueva para revivir al enfermo o pasamos directamente a certificar la defunción.

El Secretario General y la Ejecutiva saliente han caminado poco a poco hasta cerrar todas las salidas posibles con las que, sino ganar, por lo menos poder reforzar la posición (gobierno de compromiso, pacto parlamentario, etc.); han intentado gestionar unos tiempos incontrolables, como ya pasó en la legislatura non nata; y, sobre todo, se ha comunicado garrafalmente y sin ninguna pedagogía política.

Ahora bien, nos es cuestión de decir en este momento que uno se siente triste por lo sucedido, habría que haberlo evitarlo. Antes de dimitir por no estar de acuerdo, se manifiesta en los órganos correspondientes la discrepancia y sus motivos; antes de números de urnas, insultos, irrisorias reclamaciones de autoridad, se debate, se discute, se contrasta y si no hay acuerdo se vota. Uno de los principios básicos de la socialdemocracia, la vieja y la que está por venir, es el respeto escrupuloso a la ley y es la ejemplaridad en actitudes y comportamientos.

Llegados a este punto, donde ha operado la lógica de lo ilógico, hay que intentar salir de este agujero y, como se ha dicho estos días, por el bien de España y del Partido Socialista, aunque ello signifique sacrificios personales.

En definitiva, sin perjuicio de las decisiones que se tomen con relación a la investidura del gobierno, cualesquiera difíciles y malas en este momento, todos los participantes de manera activa en los sucesos acaecidos tendrían que hacer un ejercicio de, algo no muy al uso, inteligencia y generosidad. Este ejercicio pasa por reconocer que se han deslegitimado ellos mismos para poder ejercer en el futuro un cargo de responsabilidad orgánica e incluso para revalidar aquellos institucionales en los que están. Esto no se piense como una medida dura, represiva o formulada desde la angustia que han trasladado a la sociedad en su conjunto, no. Es una medida de ejemplaridad, que afecta a unos y a otros, que evidenciaría que no hay bandos, que sienten un profundo respeto por la militancia y los votantes socialistas y que, como han dicho, están arrepentidos por el espectáculo ofrecido. Es un sano ejercicio de responsabilidad política y el primer paso para que el PSOE sea creíble en la sociedad.

[1]Sucesos acaecidos a raíz del golpe del Coronel Casado con el propósito de dar fin a la Guerra Civil, contó con la colaboración de Besteiro y auspiciado por Prieto, contra el Presidente Negrin. En la democracia restaurada también han existido múltiples tensiones internas dentro del socialismo español desde discutir ante el Tribunal Supremo la propiedad del nombre entre los históricos y los renovados, hasta provocar la decisión de dimisión del Secretario General, en esos momentos el icónico Felipe Gonzalez, por el abandono del marxismo como ideología inspiradora que dio lugar acuñar los calificativos de felipistas y críticos, por no mencionar en la tensa división posterior entre renovadores y guerristas. Podríamos continuar con los enfrentamientos entre los seguidores de Almunia y los de Borrell cuando este ganó las primeras elecciones primarias que celebro el PSOE.