INFLACIÓN, CRECIMIENTO Y POLÍTICA MONETARIA

INFLACIÓN, CRECIMIENTO Y POLÍTICA MONETARIA

En el análisis publicado el 21 de febrero de 2018[1], se ponía ya de relieve que los datos de inflación de la Eurozona correspondientes al cierre del 2017 y a enero del año en curso, coincidía con la implementación de la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de rebajar el volumen de compras de activos por parte del ente emisor del euro de 60 a 30.000 millones de euros mensuales, adoptada en octubre de 2017.

Con anterioridad, otro artículo fechado el 2 de noviembre de 2017 puso en duda la conveniencia de reducir este impulso de la política monetaria sobre la base de estimaciones de inflación y no sobre aumentos observados de la tasa, máxime teniendo en cuenta que no es espera alcanzar el objetivo de cerca pero inferior al 2 por ciento anual antes de 2020[2].

De hecho, en las decisiones de política monetaria adoptadas por el BCE el 8 de marzo y confirmadas el 26 de abril, siempre de 2018, además de mantener sin cambios el tipo de interés principal al 0 por ciento y el volumen y calendario de adquisiciones de deuda soberana, se dio un giro respecto de la posición del 25 de enero, en la que se decía que el Consejo de Gobierno se mantenía dispuesto a aumentar el programa de compras en cuanto a su cuantía o duración si empeoraba el entorno o las condiciones de financiación en lo que respecta al objetivo de estabilidad de precios, pues esta cautela ha desaparecido en los dos comunicados más arriba citados, es decir los relativos al segundo y tercer mes del año[3].

Sin embargo, la evolución de la inflación en los primeros meses de 2018, que sigue estancada, no parece compadecerse ni con la aminoración de las compras de bonos, ni con la eliminación de esta importante referencia a la posibilidad de revertir esta decisión en la postura del BCE.

En particular, la inflación anual en abril de 2018 se situó en el 1,2 por ciento, frente al 1,9 registrado en abril del 2017, y por debajo del 1,3 anual observado en el mes inmediatamente precedente (marzo). La tasa en términos anualizados observada en febrero fue del 1,1 por ciento, también por debajo del 1,3 registrado en enero. Además, si se excluyen los elementos más volátiles como la energía y los alimentos no procesados, la tasa de abril sería solamente del 1,1 por ciento[4].

Hay que tener en cuenta además que cuando el BCE decidió en otoño de 2017 suavizar el estímulo monetario a través de la conocida como expansión cuantitativa, la cual en todo caso debe continuar hasta septiembre de 2018, la Eurozona estaba experimentado un robusto crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), lo que en principio debiera contribuir a un aumento del índice de precios.

No obstante, la coyuntura actual se caracteriza no solamente por un comportamiento cuando menos irregular de la tasa de inflación, y cualquier caso muy alejado del objetivo, sino que también hay señales que indican una ralentización de la tasa de crecimiento del PIB, observada concretamente a partir de febrero de 2018, con una tasa anual del 1,2 por ciento registrada a principios de abril de 2018, frente al 3,5 de finales de 2017[5]. Por supuesto que esta caída pudiera ser momentánea, pero algunos analistas consideran que ésta se debería precisamente a que el programa de compra de bonos públicos y privados del BCE ha dejado de tener efecto, al menos en su diseño actual, tras haber añadido hasta 1 punto porcentual a la tasa de crecimiento del PIB a mediados de 2017[6].

En todo caso, los datos más recientes tanto de inflación como de crecimiento económico justifican una mayor cautela respecto de una retirada temprana de los estímulos monetarios por parte del BCE, aun cuando la crisis del acuerdo nuclear iraní pueda aumentar el índice general de precios por el encarecimiento del crudo.

Si los datos de mayo de 2018 confirmaran las tendencias macroeconómicas reseñadas, el BCE debería aumentar tanto la cuantía como la duración de su plan de adquisiciones cuando el 14 de junio del mismo año celebre la próxima reunión sobre política monetaria.

Entretanto, sigue resultando absolutamente necesario activar un estímulo fiscal agregado para la Eurozona, destinado a mantener un alto nivel de inversiones públicas en el terreno de la transición ecológica y la economía circular, y que podría fácilmente financiarse con una emisión de bonos europeos aprovechando el bajo tipo de interés (el precio del dinero), derivado precisamente de la política monetaria del BCE.

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[1] Véase https://www.fundacionsistema.com/baja-inflacion-y-recuperacion-economica/ [Accedido el 18.05.2018]

[2] Véase https://www.fundacionsistema.com/politica-monetaria-una-de-cal-y-otra-de-arena/ [Accedido el 18.05.2018]

[3] Véase https://www.ecb.europa.eu/press/govcdec/mopo/2018/html/index.en.html [Accedido el 18.05.2018]

[4] Véase http://ec.europa.eu/eurostat/documents/2995521/8895094/2-16052018-AP-EN.pdf/607b98f6-e1f2-4c8a-8f87-df55bc895ae4 [Accedido el 18.05.2018]

[5] Véase “The mystery of the eurozone slowdown”, de Gavyn Davies, publicado en el Financial Times el 15 de abril de 2018.

[6] Véase “The mystery of the eurozone slowdown”, de Gavyn Davies, publicado en el Financial Times el 15 de abril de 2018.