INCERTIDUMBRES Y ESPERANZAS ANTE LOS PRÓXIMOS HORIZONTES POLÍTICO-ELECTORALES

tezanos200416

La preocupación de muchos españoles ante las incertidumbres político-electorales que se ciernen sobre España en ocasiones tiende a transformarse en una indignación (sorda o expresa) que se proyecta sobre todos o casi todos los partidos y líderes políticos. De alguna manera, hay ciudadanos que piensan que todos son responsables, por acción o por omisión, de que no se forme un gobierno de coalición. Como exigen inexcusablemente las condiciones parlamentarias.

Sin embargo, tal tipo de apreciación es inexacta o injusta. Y puede llegar a ser sumamente nociva si prolifera la inclinación a dar la espalda a la política y pasar olímpicamente de unos líderes que no han sido capaces de ponerse mínimamente de acuerdo.

La verdad es que las opacidades informativas y las prácticas de enmascaramiento que utilizan ciertos grupos han levantado la suficiente polvareda en torno a los pactos políticos como para que algunos ciudadanos no sepan realmente a qué atenerse. De ahí la importancia de discernir bien el polvo de la paja y comprender que no todos los partidos y líderes han tenido el mismo comportamiento. Y después hay que estar dispuestos a actuar en consecuencia, siendo conscientes de que es mucho lo que todos nos estamos jugando.

Lo más destacado –y repudiable─ en los debates para formar gobierno ha sido la posición intransigente, taimada y poco ejemplar, de Mariano Rajoy, intentando desde el principio anteponer su salvaguarda personal a los intereses generales de su partido y de España. Su posición de “o yo o nada”, “o yo sigo de Presidente de Gobierno o que venga el caos” ha hecho muy difícil que desde la derecha española se pueda contar con alguna capacidad de interlocución para intentar encontrar una salida a la situación de tablas que surgió de las elecciones de diciembre pasado.

El problema político de Rajoy, además de la ola de corrupción que le rodea y le atenaza, es que nadie está dispuesto a pactar con él. Ni lo está ahora ni lo estará después de unas nuevas elecciones. Por lo tanto, los votos que puedan ir destinados a él están abocados a quedar estacionados en una vía muerta, sin producir rendimientos prácticos. Es decir, en las condiciones actuales es prácticamente imposible que haya un gobierno monocolor encabezado por Rajoy. Lo cual, en el fondo, podría dar lugar a que finalmente la derecha española quedara reducida electoralmente a su verdadero peso sociológico real, perdiendo buena parte de su voto vergonzante (el famoso “voto oculto del PP) y más centrista (“el voto incómodo”), que ahora sí tiene un verdadero partido de centro (Ciudadanos) creíble, con capacidad de interlocución y sin la losa de corrupción sistémica que tienen sobre sus espaldas Rajoy y su círculo. Con lo cual el equilibrio político real de España podría bascular hacia su verdadero punto de consonancia sociológica. Es decir, hacia el centro político. Algo que no ocurre desde los tiempos de UCD.

En el caso de la izquierda, las cosas pueden resultar más fáciles para el electorado progresista español, siempre y cuando determinados medios de comunicación social no se empeñen en levantar polvaredas de confusión e intoxicación.

Después de lo que hemos visto en los últimos meses, y de que Iglesias Turrión haya quedado desenmascarado, nadie podrá negar que Pedro Sánchez y el PSOE son los que más claramente han sabido estar a la altura de las circunstancias. Cualquiera que haya seguido mínimamente la información política puede entender que Pedro Sánchez ha demostrado la dimensión de hombre de Estado que en estos momentos se necesita, asumiendo de manera realista y coherente la defensa de los intereses y necesidades de las personas que lo están pasando mal en España y que precisan urgentemente políticas públicas pensadas en función de los intereses generales y del bienestar social. Y, a la vez, Pedro Sánchez es el que más se ha esforzado de verdad para llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas, intentando formar el tipo de gobierno que se necesita en momentos como los actuales. Es decir, un gobierno de centro-izquierda, socialmente sensible y capaz de suscitar la compresión de otras fuerzas políticas, sociales y económicas.

De lo que no cabe duda es que el liderazgo político de Pedro Sánchez se ha reforzado en estos meses por su coherencia y también por su perfil de político honesto, dispuesto a plantear soluciones y a empeñarse en la lucha por la regeneración y dignificación de la vida política española. Y si no ha tenido más éxito en su propósito ha sido porque al PSOE le han faltado un puñado más de escaños. Sabiendo que eso era así, y que podía correr riesgos de interpretación y de valoración, lo ha intentado hasta el último momento, poniendo por delante los intereses políticos generales a los personales. ¿Acaso ese no es el tipo de liderazgo para tiempos difíciles que ahora necesitamos en España?