IMPUNIDAD VERSUS HONRADEZ

Observo con perplejidad la celebración de las derrotas ajenas. Más aun, la rapiña y el cainismo social, que se extiende por las calles de nuestros pueblos y ciudades sin que parezca que haya cura para semejantes epidemias. Prefiero, la celebración de la honradez, esa rectitud de ánimo y esa integridad en el obrar, que cada día es más difícil practicar, pero que es la única salida.

Prefiero, las ideas que fluyen, y se van transformando y contagiando, hasta convertir la realidad en un espacio mejor para todos los seres humanos, sin ningún tipo de distinción por raza, sexo o creencia. Prefiero, utilizar la bondad como único medidor humano, sabiendo que los intereses y la maldad existen; y emplear la acción como elemento de transformación y cambio.

Por eso, es triste observar como la corrupción se expande como una metástasis por toda la sociedad. Algunos, pensaban que la corrupción era algo exclusivo de la política y los gobiernos, no queriendo darse cuenta, que es un síntoma de algo más profundo. La decadencia de una moral colectiva, que ha sido sustituida por un individualismo egoísta y sin escrúpulos, donde todo vale para conseguir el objetivo.

Vivimos en una sociedad llena de personas que confunden valor y precio. Una sociedad, que parece volver a una moral victoriana de virtudes públicas y vicios privados, que son consentidos mientras estén ocultos. Porque de lo contrario, se convierten en un escándalo. Como si no fueran reprobables por el mero hecho de hacerlos.

Falsificación de documentos en una universidad pública, para conseguir estar cerca del que “manda”; abusos de poder; malversación de fondos públicos; enriquecimiento ilícito de gobernantes y directivos de empresas; financiación irregular de partidos políticos; contabilidades creativas que llevan a la quiebra repentina a empresas teóricamente muy solventes y, al paro a miles de trabajadores, mientras los responsables observan el drama con bonus de oro; control social, a través de los datos personales de los ciudadanos…son desgarradoras realidades de nuestro tiempo. Junto, a una respuesta insatisfactoria de la sociedad en su conjunto y de los poderes públicos en particular.

La sensación de impunidad está hoy tan extendida en la sociedad, que hay que luchar contra ella en todos los niveles. Y dar publicidad a las victorias concretas, por muy pequeñas que parezcan, porque como decía Machado el camino se hace al andar.

En este contexto, es importante celebrar que se haya aprobado, en el Congreso de los Diputados, el dictamen de la Comisión de la Calidad Democrática, contra la Corrupción y para las Reformas Institucionales y Legales para actualizar la legislación sobre financiación de partidos. Un dictamen, que llega tras trece meses de trabajo, y tras escuchar a veintisiete expertos.

Esta aprobación visualiza que la mayoría de los partidos políticos están reaccionando con contundencia frente a la corrupción. Pero también, muestra a la sociedad española que hay otras fuerzas políticas que no están cómodas en estas decisiones. Incomodidad, que ha llevado al PP a rechazar el dictamen, y a ERC, PNV y PDeCAT, a abstenerse.

El informe, con sus propuestas, sirve para tres objetivos básicos: la democracia interna de los partidos, que es un mandato constitucional; la transparencia en la actividad y gestión de los mismos; y el control sobre su actividad financiera.

Así, entre las conclusiones, aparecen: la conveniencia de unificar la ley de Partidos Políticos y la de financiación de los partidos políticos, en una única disposición; poner fin a la dualidad normativa entre la financiación de las campañas electorales y la del resto de actividades de las formaciones políticas; la modificación general de la regulación de los partidos políticos y las formas de financiación; establecer un sistema de equilibrio interno de poderes entre los diferentes órganos que integran las formaciones políticas; incluir como mandato para las formaciones políticas la fijación de un período máximo de tiempo que deba transcurrir entre congresos; la celebración de primarias y su regulación interna; la regulación de las fundaciones vinculadas a los partidos; incremento de la transparencia; el sistema de financiación de los partidos debe garantizar un nivel de recursos suficiente para que los partidos políticos puedan cumplir plenamente con sus funciones constitucionales; los códigos éticos (que podrán denominarse de maneras diversas) deben ser normas que se integren entre las disposiciones de obligado cumplimiento de los partidos políticos; la legislación sobre partidos políticos debería exigir que las formaciones tengan el deber de dar publicidad a los convenios, contratos y acuerdos en vigor, a las subvenciones públicas y donaciones privadas recibidas, a los créditos, a las campañas de crowdfunding, a los últimos dos informes de fiscalización, a la liquidación de gastos e ingresos electorales, y a la descripción del sistema de control de auditoría interno, entre otros; debe revisarse el delito de financiación ilegal de partidos políticos para rebajar significativamente la cuantía mínima que da lugar a los supuestos con penas de prisión y tipificar la manipulación de cuentas anuales de los partidos; revisar la capacidad de fiscalización de los partidos políticos por parte del Tribunal de Cuentas para reforzar las funciones control, fiscalización y sanción…

En definitiva, como para hacer la democracia más fuerte se necesitan partidos políticos que funcionen mejor, las distintas medidas incluidas en el dictamen abogan por partidos más democráticos, más participativos, con mandatos limitados y financiación transparente y controlada.

Pues eso, celebremos esta victoria de la honradez, esta luz en el túnel, aunque algunos no quieran encenderla.