HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE

La infancia que llevamos dentro nos acompaña a donde vayamos durante toda nuestra existencia. Es un lugar al que acudimos con frecuencia, incluso sin querer regresar a él. Cristina Fallarás hace el ejercicio de regresar a su infancia para curarse, para entenderse y también para reconciliarse con los suyos en una novela fabulosa en la que consigue que los suyos se conviertan en los nuestros, conduciéndonos de la mano a nuestra propia memoria enterrada, la individual y la colectiva.

Honrarás a tu padre y a tu madre es una novela conmovedora, en la que cada palabra está escogida con inteligencia y emocionalidad a partes iguales, que penetra en las profundidades de una familia, la de la propia autora, con una historia dramática enterrada bajo capas de cebolla vitales difíciles de pelar. “Me llamo Cristina y he salido a buscar a mis muertos. Caminando. Buscar a mis muertos para no matarme yo (…)”, así comienza esta novela, inolvidable, íntima, unas páginas en las que las heridas salpican a golpe de crónica novelada, para conducirnos también por nuestra propia memoria histórica incómoda, injusta y reciente, la memoria de la Guerra Civil, llena de heridas abiertas como zanjas enormes llenas de huesos sin nombre todavía.

Las dos partes de su familia, su abuela paterna y sus abuelos maternos comparten un hecho definitivo, drástico, brutal. Un hecho que los marca a fuego, a ellos y a sus descendientes, a la propia Cristina, que necesita comprender y colocar para poder salir a flote, con su carga generacional a cuestas, lo más limpia posible.

La grandeza de esta novela es que ese hecho brutal que narra Fallarás es tan común y silenciado en nuestra patria, que convierte esta novela en material de interés para que podamos entender la necesidad de hacer memoria histórica y colocar en su lugar todos esos hechos brutales que por desgracia se sucedieron en esa España negra como la sangre coagulada, que se derramó con usura durante la brutal Victoria franquista.

Leyendo esta novela y profundizando en su interior se llega a la conclusión de que igual que el fruto presente de una familia determinada no puede caminar sin sacudirse, comprender y colocar donde corresponde los muertos del pasado, un país como el nuestro tampoco puede caminar con la cojera histórica de no hacer el necesario ejercicio de memoria, justicia y reparación con las víctimas del franquismo, desde el mismo minuto uno de esa guerra injusta, ilegal y contra la democracia española, que causó una oligarquía egoísta y asesina, que sometió por la fuerza de las armas una sociedad que demandaba reparto y democracia. Queda demasiado por saber. Necesitamos hacer memoria de una vez en España y ser conscientes de todo lo que significó esa Victoria franquista sobre nuestra cultura de país. Vázquez Montalbán ya alertó de los peligros de no ser capaces de sacudirnos el franquismo cultural, estructural y sociológico que estaba instalado en la sociedad española, aunque hubiera llegado la democracia. Lo hizo hace casi 20 años, igual ya va tocando, porque la ponzoña solo se puede quitar con la decisión de un pueblo valiente que sea capaz de mirarse en el espejo después de hacer el ejercicio de saber con todas sus consecuencias qué es lo que pasó, quienes son los muertos, dónde están, por qué los mataron y los desaparecieron, quiénes se enriquecieron con este desastre y cómo, a consta de quién y por qué… nos quedan tantos porqués…

Recomiendo esta novela de Cristina Fallarás. Desde la primera frase hasta la última me la he bebido sin respirar, con ansia por saber y también he vuelto a releer y releer, enroscándome en las frases y las palabras que me han emocionado profundamente. Hago mía la historia que narra con dolor Cristina Fallarás, porque es una historia común y compartida por tantas, por miles de personas en este país que tanto queremos y que se llama España.

Decía Víctor Manuel en unos versos “España camisa blanca de mi esperanza/ a veces madre y siempre madrastra/ reseca historia que nos abrasa/ con acercase solo a mirarla/ (…) quisiera poner el hombro y pongo palabras/ que casi siempre acaban en nada/cuando se enfrentan al ancho mar (…)… Fallarás en esta novela pone el hombro y las palabras. Cuantas más palabras y más hombros se pongan para conocer nuestra propia historia, más capaces seremos de atravesar el ancho mar para llegar a esa otra orilla que se llama democracia con el pasaje completo.