HAY QUE INTENTARLO DE NUEVO

HAY QUE INTENTARLO DE NUEVO

saracibar230316

La estrategia del PSOE encaminada a mantener la iniciativa política durante el mes de marzo -en base al Acuerdo con Ciudadanos-, está agotando su recorrido. Esta es una razón poderosa para explorar otras posibilidades de llegar a acuerdos diferentes e, incluso, alternativos, después de las vacaciones de Semana Santa, que pongan en valor las opciones de izquierda tanto en el debate de investidura como en el ejercicio de gobierno. En esta línea se han pronunciado recientemente los responsables de UGT y CCOO y lo reclaman mayoritariamente los ciudadanos, ante la posibilidad de volver a celebrar unas elecciones generales que nadie desea, sobre todo cuando, además, las encuestas no reflejan cambios sustanciales en la determinación del voto.

El desplome del PP continúa sin tocar suelo, acosado por casos extremos de corrupción (Barberá, González, concejales del Ayuntamiento de Valencia…) y por una actitud inexplicable en el Congreso de los Diputados (al no aceptar la fiscalización del Parlamento el actual Gobierno en funciones) que, inevitablemente, conduce al PP hacia una oposición sin retorno. Por su parte, Ciudadanos ha perdido protagonismo al percatarse de que la inclusión del PP en un hipotético Acuerdo de gran Coalición resulta incompatible con la participación del PSOE en la misma; y que, además, el Acuerdo firmado con el PSOE sólo suman 130 diputados, sin posibilidad de sumar más, al no aceptar Podemos, en ningún caso, su incorporación al Acuerdo, al declararse incompatible con Ciudadanos.

En esta encrucijada, Podemos, al margen de sus problemas internos, debe reflexionar a fondo sobre la conveniencia de intentar de nuevo un Acuerdo con el PSOE, que evite la celebración de nuevas elecciones y, desde luego, que pueda seguir gobernando el PP. El referéndum en Cataluña (autodeterminación) y otras exigencias maximalistas relacionadas con el déficit público y con la composición del Gobierno (vicepresidencia y reparto de cargos) no deberían ser nunca un impedimento final para formalizar un Acuerdo de gran contenido económico y social.

En todo caso, el PSOE es el partido que tiene de nuevo mayores posibilidades de encabezar un Acuerdo de cambio y de progreso. Por eso, después del fracaso de investidura, debe optar nuevamente por un Acuerdo moderado de izquierdas y esto sólo es posible hacerlo con Podemos, al margen de los problemas externos e internos que esta decisión conlleva y, a ser posible, respetando el Acuerdo firmado con Ciudadanos. Pero, para eso, debe clarificar cuanto antes sus posiciones: como se ha demostrado, el cambio no es posible llevarlo a cabo sólo con Ciudadanos. También debe despejar el juego táctico de palabras entre “cambio” e “izquierda”, porque no lo entiende casi nadie y menos la gente llana y sencilla. Dicho de otra manera, el único cambio posible reconocido por la mayoría de los ciudadanos es a su izquierda; otras alternativas no serían de cambio ni serían de izquierdas y no garantizarían la gobernabilidad futura. Además, un acuerdo de esta naturaleza no excluye la posibilidad de seguir manteniendo relaciones con Ciudadanos y con otros partidos del arco parlamentario e, incluso, con el PP, para abordar sobre todo la reforma de la Constitución. No debemos olvidar que el posible Acuerdo del PSOE con Podemos e IU sumarían 161 diputados a los que se pueden añadir (con la abstención o el voto favorable) los votos de Ciudadanos y de otros partidos nacionalistas, dando por hecho que, de no lograrse un acuerdo de investidura, estamos condenados a celebrar nuevas elecciones generales. En este sentido, el encuentro de Sánchez con el presidente de la Generalitat resulta coherente con esta política encaminada a desbloquear la situación política en el Estado y, particularmente, en Cataluña. La pretensión final no es otra que avanzar en la consecución de un acuerdo negociado entre los dos gobiernos que puedan votar finalmente todos los ciudadanos.

La centralidad y el fuerte protagonismo que tiene el PSOE en estos momentos le obliga a ser prudente y sobre todo a recuperar de manera acelerada la credibilidad y la ilusión de la ciudadanía. De momento, el caso Besteiro (Galicia) ha sido un error lamentable. Las mismas razones que tuvo en su día la Comisión Ejecutiva Socialista para que Besteiro no fuera candidato a la Xunta de Galicia servían también para que, paralelamente, abandonara la secretaría general del partido (PSdeG-PSOE). Se trataba de tomar una decisión simple, de sentido común y en el momento oportuno: Besteiro debería de haber abandonado de entrada y sin ningún titubeo la secretaría general por exigencias de un partido comprometido con la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción; finalmente, la dimisión se llevó a cabo de manera torpe y tarde, ante la fuerte presión de la militancia y de los medios de comunicación.

Otro asunto en litigio es el relacionado con la candidatura de Susana Díaz a la secretaría general del PSOE (como si no tuviera suficiente trabajo en Andalucía y su dimisión como presidenta fuera sencilla y, lo que es más difícil, comprendida por los andaluces) o la fecha de celebración del próximo Congreso del PSOE. No es el momento de abordar estos asuntos internos mientras no se conforme el Gobierno de la Nación, que debe ser el problema prioritario de todos los partidos políticos; no debemos olvidar que Pedro Sánchez lleva dos años de secretario general y que fue elegido en primarias. Además, los militantes no reclaman celebrar ahora el Congreso y, por otra parte, los ciudadanos se merecen un mínimo respeto (priorizan sobre todas las cosas el formar gobierno), sin que ello signifique estar de acuerdo con todas las decisiones que pueda tomar Sánchez de aquí en adelante.

Otras decisiones que afectan al PSOE tienen relación con el tratamiento que recibe Podemos desde las filas socialistas. No es tolerable que a estas alturas Carlos Solchaga defienda la nefasta reforma laboral del PP (“lo fundamental de la reforma laboral se quedará”) y llame “Pandilleros” a los responsables de Podemos (a pesar de sus declaraciones y errores), sobre todo si se quiere de verdad pactar un acuerdo de gobierno con dicha formación política. De la misma manera, el PSOE debe clarificar su posición en relación con el desempleo, la reforma laboral y el SMI, entre otras medidas, como exigen los sindicatos y la ciudadanía demanda. El Acuerdo con Ciudadanos no puede ser nunca una coartada para renunciar a las políticas progresistas que se defendieron en la última campaña electoral, sobre todo cuando aplicar estas políticas moderadas de izquierda resulta mucho más fácil con Podemos. Esto es lo que se preguntan y discuten muchos ciudadanos que abrigaron muchas esperanzas sobre un cambio sustancial de las políticas económicas y sociales basadas en el ajuste y los recortes sociales. En este sentido, debemos reiterar la especial sensibilidad de los trabajadores, y de los sindicatos en particular, en todo lo relacionado con la reforma laboral, la precariedad y el SMI.

Desde luego, el PSOE debe mantener sin fisuras el discurso progresista y Sánchez abandonar su discurso retórico y formal (de madera) y apostar por un discurso más nítido, cálido y comprometido (con alma) que genere ilusión y esperanza; además de responder en concreto -con contundencia y claridad- a los problemas de todo tipo que afectan a los más desfavorecidos y a los jóvenes en particular, obligados a buscar soluciones fuera de nuestras fronteras. Es la única manera de romper el persistente techo que marcan las últimas encuestas, que todavía favorecen inexplicablemente al PP al situarlo como el partido más votado. Esta falta de interés de los electores (sobre todo de los más jóvenes y de los ubicados en las grandes concentraciones urbanas) por el PSOE merece ser analizado a fondo y con detenimiento, sobre todo ante los problemas del PP y de su líder Mariano Rajoy, superado por la corrupción y por su ramplona práctica política encaminada exclusivamente a repetir de nuevo las elecciones generales.

Por todo ello, después de Semana Santa se deben retomar las conversaciones, con el propósito de precipitar el desenlace final de la actual situación. En todo caso, los partidos de izquierda (PSOE, Podemos e IU) deben evitar un nuevo fracaso y, además, deben saber que no pueden mantener esta situación por mucho más tiempo sin deteriorar su prestigio y, previsiblemente, su audiencia electoral; simplemente porque los ciudadanos no soportan más el actual esperpento y los más desfavorecidos (desempleados jóvenes y de larga duración, precarios, pobres y excluidos sociales) no pueden comprender ni aceptar por más tiempo que la izquierda, pudiendo gobernar, no lo haga. Debemos recordar que no tomar decisiones correctas (en un escenario político favorable para la izquierda como el actual) puede producir efectos muchas veces irreversibles… Por último, el posible Acuerdo de los partidos progresistas pondría a prueba la verdadera talla política de Ciudadanos, en su apuesta por el cambio y la regeneración democrática, puesto que su abstención sería suficiente para evitar unas nuevas elecciones generales y demostraría que representa a una derecha moderna, pactista, moderada y plenamente homologada a la derecha europea.