¿HACEMOS GESTOS O HACEMOS LEYES?

simancas200116

Cuando se cumple un mes desde la celebración de las elecciones generales del 20 de diciembre, puede entenderse el desconcierto de muchos electores ante la falta de consecuencias prácticas para su decisión.

La traslación pública del debate político en estas semanas ha estado demasiado centrada en la organización de los grupos parlamentarios y en los múltiples “gestos” de quienes llegaban por vez primera a las instituciones. La ciudadanía votó con el propósito de recibir soluciones y las soluciones se están haciendo esperar demasiado.

El primer partido, el PP de Mariano Rajoy, parece incapaz de reconocer y asumir la mayor caída en votos para un partido español de gobierno desde el derrumbe de la UCD. En solo cuatro años ha perdido cuatro millones de votantes, 16 puntos porcentuales de apoyo y nada menos que 63 diputados.

A Rajoy le corresponde legítimamente intentar sumar una mayoría para formar Gobierno. Sin embargo, su trayectoria durante los últimos cuatro años, en los que se ha mostrado incapaz de dialogar y acordar medida alguna con nadie, le ha sumido ahora en el aislamiento más absoluto.

Rajoy no cuenta con el apoyo de ningún grupo, salvo la abstención “facilitadora” de Ciudadanos, como ya preveíamos en la campaña electoral. Pero es que, además, incomprensiblemente, durante las cuatro últimas semanas no ha adoptado una sola iniciativa creíble para sumar apoyos, salvo las “ensoñaciones” sobre una gran coalición que el PSOE, como es lógico, no está dispuesto a aceptar.

La negativa pública del candidato popular a revisar la reforma laboral que ha empobrecido a los trabajadores españoles, la ley Wert que segrega socialmente a los escolares, y la ley “mordaza” que recorta libertades civiles, confirma las sospechas sobre su resignación a repetir las elecciones.

Por su parte, Podemos y sus “confluencias” han inaugurado la tarea parlamentaria demasiado centrados en las teatralizaciones electoralistas, y en el empeño de obtener unas ventajas en la distribución de recursos institucionales que el propio Reglamento del Congreso les negaba taxativamente.

Su comportamiento durante la sesión constitutiva del Congreso fue sorprendente. Tanto sus declaraciones extremadamente agresivas, como las fórmulas barrocas elegidas para prometer el cargo, o los gestos de puños en alto y las “uves” de la victoria, siendo respetables como ejercicio de su libertad de expresión, resultaban teatrales en exceso y algo fuera de tiempo y de contexto.

Buena parte de la iniciativa política de Podemos durante este tiempo, además, ha estado centrada en el objetivo de lograr la formación de cuatro grupos parlamentarios con sus 69 diputados. Tal pretensión vulnera claramente el Reglamento del Congreso y resulta injusto, por cuanto reportaría a este partido ventajas indebidas respecto a los demás, tanto en lo relativo a los recursos como en lo concerniente a cupos de iniciativas y tiempos de intervención.

Finalmente parecen haber tomado conciencia de lo inviable de sus pretensiones y han registrado la creación de un solo grupo parlamentario, con una compleja organización interna y la salida de cuatro diputados de su marca valenciana. Se trata de una buena noticia, porque de haber mantenido el propósito inicial, contrario al reglamento, la actividad parlamentaria se hubiera paralizado de facto.

Ha llegado la hora de pasar de los gestos a las leyes. Ha llegado el tiempo de pasar de la atención a los problemas de los partidos a la atención a los problemas de los españoles.

El PSOE ha presentado ya hasta treinta iniciativas para su debate y aprobación en el Congreso, que tienen que ver con un nuevo Estatuto de los Trabajadores para recuperar derechos laborales, con la subida del salario mínimo hasta los mil euros, con el aumento de recursos para la lucha contra la violencia de género, con la protección de los más vulnerables ante la pobreza energética, con la universalización del derecho a la atención sanitaria, con el impulso a la aplicación de la ley de dependencia, con el establecimiento de un ingreso mínimo vital…

Ciudadanos propone reafirmar el compromiso con la unidad de España, y el propio Podemos registró su “Ley 25” con la que propone afrontar una interesante agenda de medidas frente a la emergencia social en nuestro país.

El pasado día 19 de enero, durante un acto a favor del derecho de huelga convocado por los sindicatos UGT y CCOO, multitud de referentes progresistas de la sociedad española, desde la universidad al mundo de la cultura, reivindicaron un acuerdo entre las fuerzas parlamentarias de la izquierda para formar un gobierno de cambio progresista. Nadie de los allí reunidos entendería que se malograra esta oportunidad.

Pedro Sánchez ha explicitado en varias ocasiones su voluntad de converger con Podemos, con Ciudadanos y con Unidad Popular, para procurar una mayoría alternativa de progreso, una vez fracase la investidura de Rajoy. UP se muestra de acuerdo. Ciudadanos acepta abstenerse, de entrada. Pero Podemos no acaba de aclarar su postura, entre gestos, debates instrumentales y “líneas rojas” que van y que vienen.

La ciudadanía ha votado a sus representantes para que procuren el cambio, y el cambio se lleva a cabo con gobiernos de cambio y con leyes para el cambio. Ese es el reto.