GUERRAS PASADAS Y PRESENTES

Las conmemoraciones del centenario del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial se han convertido en un ejercicio más del uso de la historia con cálculos políticos oportunistas, abiertamente en el caso de Trump y de forma más sibilina por parte de Macron, dos presidentes aparentemente opuestos, pero con ciertas semejanzas en la maña política.

LA MALA DIGESTIÓN DE TRUMP

A Trump no le gustan los viajes, que se preparan regular y luego él se encarga de estropearlos sin remedio. Si los anfitriones son los aliados preferentes de EEUU, todavía peor. Por esa razón, este viaje estaba plagado de riesgos. El presidente norteamericano estaba a otra cosa. Le preocupaba mucho más el recuento de Florida, o la suma de escaños de los demócratas a medida que se iban concluyendo los escrutinios, o las broncas internas en su staff. Además, la última cumbre de la OTAN había dejado un regusto amargo que los diplomáticos profesionales no pudieron endulzar. Los fastos del terrible acontecimiento que cerró el siglo largo exigían un liderazgo más sutil, más sensible. O sea,  lo contrario de lo que Trump quiere y puede ofrecer.

Trump llegó a Paris de muy mala gana, como desvela el WASHINGTON POST (1). Ya en el Air Force One tuvo una conversación telefónica difícil, y no era la primera, con la Premier May, que prefirió quedarse en Londres, para atender las negociaciones del Brexit. No es la primera vez que ocurre.

El discurso del ocupante nacional-populista de la Casa Blanca es de sobra conocido: Europa debe hacer mucho más (o sea gastar más) en su propia defensa y Estados Unidos debe pagar menos. Quizás por eso, debía haberle sonado bien que, en vísperas del emotivo encuentro, Macron abogara de nuevo por la creación de un Ejército europeo. Pero a Trump le pudo el malhumor y prefirió entenderlo como una afrenta. Hurgó sin tacto en las discordias transatlánticas: la factura militar aliada, el pacto nuclear con Irán y la balanza comercial.

Al cabo, Trump se dio un tiro en el pie al borrarse a última hora del acto de homenaje a los compatriotas caídos, cuyos restos yacen en el cementerio de Aisne-sur-Marne, debido a las adversas condiciones meteorológicas, aunque luego dijera que se lo había aconsejado su servicio de seguridad. Una afrenta a los veteranos, ejemplo asombroso de torpeza, incluso para alguien tan descuidado como él. Ya de regreso no se privó de evocar los bajos índices de popularidad de su otrora amigo Macron y añadió la injuria al insulto al ridiculizar el desempeño de los franceses en las dos guerras mundiales (2).

LA SOLEDAD DE MACRON

La UE no ha respondido hasta ahora a este despliegue hosco del America First con una postura clara, coherente y coordinada. Para gran pesar de Macron, que ha fracasado tanto en este empeño como en su proclamado proyecto de reflotar la Unión Europea, basado en una fórmula de más Europa y más unida.

Macron ha buscado en vano la complicidad de la canciller Merkel. Pero la dirigente alemana, pese a sus buenas intenciones, reafirmadas en su discurso del martes ante el Parlamento de Estrasburgo sobre una necesaria seguridad europea, se ha visto atrapada en las maniobras internas de su partido. Al final, se ha resignado a una despedida por fases que puede ser más rápida de lo que ella quisiera. Merkel ha renunciado a seguir liderando su partido, la Unión Cristiano-demócrata, pero pretende seguir al frente del gobierno.

Sus correligionarios rivales tienen otros planes. En su último número, el semanario DER SPIEGEL nos ofrece un relato apasionante de la lucha de poder interna en la CDU y un comentario editorial en el que pide a la canciller que se retire de una vez y de por terminado su servicio público, eso sí reconociéndole los méritos… Nobleza obliga (3).

En el resto de Europa, poco apoyo sólido puede encontrar Macron. Qué se podría esperarse de Gran Bretaña, siempre escurridiza cuando se trata de la relación transatlántica, y por demás ahogada ahora en las contradicciones, maniobras, trampas, traiciones y dramas del Brexit. Rebelión abierta en Italia, con guiños descarados de simpatía hacia Trump por parte de la Lega, el socio menor pero más pujante del gobierno, y de hostilidad manifiesta hacia Bruselas y París por los asuntos del presupuesto y la gestión inmigración. Inestabilidad política en España, en plena transformación del tablero político y la redefinición territorial. Por no hablar del abierto desafío de los recién llegados centroeuropeos, más trumpianos que el propio Trump, y más peligrosos, por contar con estructuras partidarias más fieles y articuladas.

Bajo el Arco del Triunfo, Macron pretendió conjurar los “demonios” europeos y opuso al nacionalismo rampante el “patriotismo” como valor positivo y solidario frente a la “traición” que representan los egoísmos de cada Estado que sólo pretenden defender lo suyo a costa de los otros. El inquilino del Eliseo compuso una de sus figuras favoritas al presumir de ser francés sin despreciar a los demás. Corrección política en estado puro.

El problema es que a Macron le hacen un caso muy relativo sus socios europeos y, lo que es peor, cada vez menos ciudadanos franceses (4). En un año y medio se ha evaporado un caudal político que algunos siempre sostuvimos que era un tanto artificial, mediático, coyuntural. Francia no está en condiciones de liderar Europa, porque carece, hoy en día, de un liderazgo interno con suficiente solidez.

LA CASA BLANCA, EN ORDEN DE COMBATE

De vuelta en casa, el presidente hotelero rumia con amargura la conquista demócrata de la Cámara de Representantes y otros logros de última hora, que pueden hacerle la vida imposible, o muy cara, en el segundo tramo de su mandato. Trump se ha puesto en guardia. Después de librarse del fiscal general (a la sazón, ministro de justicia en EE. UU.) y colocar en su puesto a un mandado con una dudosa hoja de servicios (5), envió un mensaje muy claro al Partido Demócrata: si venís a por mí os presentaré batalla (6).

¿Pero eso es lo que quieren los demócratas? ¿Es eso lo que van a hacer? Hay muchas dudas al respecto (7). El nuevo partido mayoritario en la House está tan dividido como siempre, si no más. Se pueden distinguir tres grandes (que no únicas) corrientes: la derechista, heredera de los blue dogs (apenas distinguible de los republicanos moderados hartos de Trump); la centrista (exigente con el presidente pero dispuesta a llegar a acuerdo no lesivos con él); y la izquierda (partidarios en mayor o menor medida de las investigaciones sobre el inquilino de la Casa Blanca, hasta llegar al impeachment si es necesario, aunque dispersos y divididos entre los progresistas, más templados (Warren, Gillam, Abrams, Rourke), y los socialistas, jóvenes, neófitos y enérgicos defensores de un programa de justicia e igualdad.

Trump, eso puede darse por seguro, tratará de hurgar en las contradicciones demócratas para reforzar su posición y afrontar la reelección con razonables garantías. Si las cosas se tuercen, y aunque pueda sortear la investigación del fiscal especial Mueller, no es descartable que se haga a un lado, aduciendo confusas conspiraciones contra su persona, para no someterse a la humillación de la derrota, que su vanidad no sabría tolerar.

 

NOTAS

(1) “Five days of fury: inside Trump’s Paris temper, election woes and staff upheaval”. THE WASHINGTON POST, 14 de noviembre.

(2) “Trump bromance with Macron fizzles spectacularly”. THE ATLANTIC, 13 de noviembre.

(3) “After Angie.What Comes Next for Conservatives” y “Merkel Should Step Down from the Chancellery”. DER SPIEGEL, 8 de noviembre.

(4) Macron Hopes WWI Ceremonies Warn of Nationalism’s Dangers. Is Anyone Listening. THE NEW YORK TIMES, 8 de noviembre.

(5) “Matthew Whitaker. An Attack Dog with Ambition Beyond Protecting Trump”. THE NEW YORK TIMES, 9 de noviembre; “Matthew Whitaker is unfit for the job”. Editorial. THE WASHINGTON POST, 9 de noviembre.

(6) “With Sessions Firing, Trump Quickly Tests Democratic Resolve”. THE NEW YORK TIMES, 7 de noviembre.

(7) “Midterm elections return Democrats to a debate over their 2020 presidential choice_ Passion or pragmatism”. THE WASHINGTON POST, 10 de noviembre; “Winning the House, Democrats Vow to Check and Balance Trump”. JOHN NICHOLS. THE NATION, 8 de noviembre; “Meet the new Hous democrats: They may not toe the line”. THE NEW YORK TIMES, 13 de noviembre.