Rafael Simancas

GRACIAS, PABLO MANUEL

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En la noche del 26 de junio, a Mariano Rajoy solo le faltó un agradecimiento en el discurso de celebración del balcón de Génova. Le faltó darle las gracias a Pablo Manuel Iglesias, porque nadie como el dirigente de Podemos ha hecho tanto para que el candidato del PP pueda seguir gobernando este país.

Las últimas elecciones generales pueden analizarse desde muchas perspectivas. La principal, desde luego, se corresponde con los escenarios abiertos para la formación de Gobierno, así como el programa a desarrollar para atender a los retos del país y a los problemas de su población. La iniciativa, por ahora, corresponde a quienes han ganado las elecciones.

No obstante, resulta crucial y necesario también analizar las causas de esta situación tan ventajosa para el Presidente que más daño ha hecho en menos tiempo a la sociedad española. Porque el 20 de diciembre se abrió un escenario de esperanza para la gran mayoría de españoles que votaron por un cambio progresista y regenerador. Y seis meses después el cambio no ha llegado y Rajoy está dando botes literales de alegría en el balcón de su sede remodelada con dinero negro.

¿Qué ha ocurrido? ¿Quién es el responsable? Ha ocurrido que algunos depositarios de los votos y las esperanzas del cambio han traicionado el cambio por su ambición desmedida de poder. Iglesias y los suyos tuvieron la oportunidad de apoyar un Gobierno de cambio progresista en la investidura de Pedro Sánchez, pero optaron por bloquear esa oportunidad y forzar unas nuevas elecciones, en las que esperaban doblegar al PSOE y alcanzar el poder.

El resultado de esta estrategia irresponsable ha sido el aumento de votos al PP, la pérdida de votos en la izquierda y una mayor ventaja de la derecha para formar Gobierno y reproducir las políticas que se pretendía erradicar.

Además, de “sorpasso” nada. Pretender que la mayoría del electorado de izquierdas diera la espalda a la trayectoria digna del PSOE, para abrazar el populismo travestido de fervor patriótico, bolivariano un día, comunista otro, socialdemócrata al siguiente, era mucho pretender, como se ha demostrado.

Iglesias y los suyos deben reconocer y rectificar sus errores. Como deben hacerlo, por cierto, también la pléyade de “encuestadores” de ocasión que se han multiplicado por periódicos, estudios de radio y platós de televisión, pronosticando hundimientos y adelantamientos con tanto atrevimiento como falta de rigor. Y en varios casos, me temo, con bastante mala intención. ¿Habrá dimitido alguno ya?

Ojalá todos hayamos aprendido algo en estos últimos seis meses. Cuando el mandato de tus votantes es de cambio, hay que favorecer el cambio y no bloquear el cambio. Porque los electores no te lo perdonarán. Y cuando te responsabilizas de hacer un estudio demoscópico en una campaña electoral, es para estudiar la opinión de los electores, no para intentar influir en su voluntad.