¿GOBIERNO A LA PORTUGUESA O A LA ITALIANA?

En el Congreso de los Diputados surgido de las elecciones generales del pasado 28 de abril existe una mayoría partidaria de tres cosas importantes: que se forme Gobierno cuanto antes; que de la mano de ese Gobierno pueda desarrollarse una agenda legislativa de carácter progresista; y que, en consecuencia, se evite la repetición electoral.

En lo que no existe acuerdo es en la fórmula a través de la cual puedan alcanzarse estos objetivos. Si acudimos a la ejemplificación que nos llega de otros países de nuestro entorno, podríamos decir que en España hay quienes apuestan por un Gobierno a la italiana y hay quienes apostamos por un Gobierno a la portuguesa.

¿Qué razones aducimos quienes planteamos la fórmula portuguesa? En primer lugar, la preminencia del qué sobre el quiénes. Buscamos un acuerdo sustentado antes en los objetivos programáticos que en el simple reparto de carteras ministeriales. Tengamos claro qué queremos hacer con el país, y cómo queremos hacerlo, en lugar de limitarnos a distribuir puestos en el Gobierno del país.

En segundo lugar, las garantías de que aquellos objetivos se cumplen. Para ello, es más relevante acordar mecanismos conjuntos de seguimiento que distribuir espacios estancos de poder. Esos instrumentos de verificación han de establecerse tanto en el propio Gobierno, como en el Parlamento y, lo que es más importante, con la participación de las organizaciones sociales más representativas.

Y, en tercer lugar, la estabilidad. No se trata tan solo de superar una sesión de investidura. Se trata de que con la sesión de investidura se posibilite el inicio de una legislatura estable y provechosa para el conjunto de los españoles y las españolas. Como dijo la portavoz socialista Adriana Lastra en el Congreso, no queremos “Gobierno para un rato”, sino para toda la legislatura. Italia y su sistema político pueden ser ejemplo para muchas cosas, pero no lo son para la estabilidad gubernamental, desde luego.

Desde Unidas Podemos, sin embargo, se vuelve una y otra vez a la propuesta de la coalición de Gobierno, que ya intentamos en julio y que fracasó el día 25 de ese mes ante los ojos de todos los españoles, cuando el voto de UP frustró la investidura de Pedro Sánchez, el candidato socialista ganador de las elecciones generales.

¿Por qué no nos parece viable esta fórmula? En primer lugar, porque Podemos ya rechazó una propuesta de coalición muy generosa que el PSOE planteó hace tan solo mes y medio. Se habló entonces de “propuestas vacías”, de “propuestas florero”, incluso de “humillación”. Si una propuesta que el PSOE entiende generosa es recibida por UP como una humillación, hacen falta pocos argumentos más para entender que esta no es una vía factible para el acuerdo.

Además, las razones que se plantearon públicamente desde Podemos para rechazar esta oferta ponen de manifiesto la imposibilidad de la coalición. Se dijo, falsamente a nuestro juicio, que UP debía entrar en el Gobierno porque el PSOE no es “fiable”, “dice unas cosas en campaña y después hace otras”, o es siempre sospechoso de plegarse a las presiones de “de la derecha y la CEOE”. Es decir, UP plantea entrar en el Gobierno para constituirse en contrapeso vigilante y garantista del PSOE en ese mismo Gobierno. Es evidente que, con esas premisas, un Gobierno no funcionaría bien.

En aquellas negociaciones se demostró, por otra parte, que tenemos distintas concepciones sobre cómo ha de funcionar un Gobierno. UP explicitó que en “sus” ministerios pretendía desarrollar políticas al margen de los objetivos del PSOE, “que el PSOE no aplicaría nunca”. Sin embargo, para los socialistas, un Gobierno solo tiene unos objetivos coherentes, una política coherente y un liderazgo coherente, por cierto.

En realidad, a nuestro juicio, Podemos pretendía formar una especie de co-gobierno, incluso de contra-gobierno, dentro del Gobierno de España. Y eso no es garantía de eficacia, sino de ineficacia. No es garantía de estabilidad, sino de inestabilidad. No sería un éxito para la izquierda, sino un fracaso anunciado.

¿Por qué en las comunidades y en los ayuntamientos sí se producen coaliciones estables? Porque es más fácil que PSOE y UP coincidan en los contenidos y las formas de las políticas autonómicas y municipales que en las estatales. Es más sencillo que coincidamos en la gestión de los colegios y los centros de salud, antes que en la respuesta al desafío soberanista en Cataluña, el papel de España en la cumbre del G-7 o las relaciones con Marruecos, por poner algunos ejemplos de políticas de Estado.

¿Eso quiere decir que resulta imposible llegar a un acuerdo y evitar las elecciones? En absoluto. El presidente Sánchez ha dejado muy claro que quiere, que queremos, un acuerdo, y que hay distintas vías para alcanzarlo a plena satisfacción de los actores políticos implicados y, sobre todo, del interés general de los españoles.

La comisión negociadora del PSOE ha planteado una propuesta interesante: un programa común progresista, abierto a las aportaciones de UP; un triple mecanismo de garantía y verificación para el desarrollo de esa agenda progresista a lo largo de cuatro años; y la participación de UP en espacios de poder para la gobernanza del país, más allá del Consejo de Ministros.

Hay un texto ya para ese acuerdo programático. Habría votos en el Congreso para una investidura exitosa. Esperemos que UP no vuelva a frustrar las mejores esperanzas de millones de españoles con valores progresistas, como hizo en 2016 y en julio de este mismo año.

Les estamos esperando para echar a andar juntos la legislatura del progreso en España.