¿GOBERNAR PARA QUÉ Y, FINALMENTE, CON QUIÉN?

¿GOBERNAR PARA QUÉ Y, FINALMENTE, CON QUIÉN?

saracibar180516

El Acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos mantuvo el protagonismo y la iniciativa política del Partido Socialista (también de Ciudadanos) en los medios de comunicación y en la opinión pública a lo largo de más de dos meses. Sin embargo, no fue suficiente para lograr la investidura de Pedro Sánchez y, en estos momentos, es más bien una rémora, tanto para el PSOE como para Ciudadanos, presos de un texto que se justificó por la necesidad de dar una salida política a la actual situación. Como consecuencia, el Acuerdo ya no representa la oferta electoral de ninguno de los partidos firmantes y, por eso, en este nuevo escenario, hay que reformular las propuestas y fijar posiciones ante futuras alianzas (sobre todo después del novedoso Acuerdo entre Podemos e IU), a pesar de que, previsiblemente, el mapa político no vaya a cambiar mucho (al margen del posible aumento de la abstención) y de que, por lo tanto, tampoco variará notablemente la relación de fuerzas entre bloques (derecha e izquierda).

De entrada, todos los partidos políticos defenderán en la campaña electoral la necesidad de regenerar la vida política y luchar contra la corrupción generalizada, instalada en las estructuras partidarias e institucionales del PP (financiación ilegal) durante más de quince años. Sin embargo, los reiterados esfuerzos mediáticos del PP, en particular, por trasladar a la opinión pública su intención de participar activamente en la lucha contra la corrupción han fracasado estrepitosamente; simplemente porque carecen de la mínima credibilidad exigida para formalizar acuerdos con otras fuerzas políticas en esta materia. La situación se agrava ante la repetición de casos de corrupción cada vez más escandalosos e inmorales (sin explicaciones y asunción de responsabilidades políticas), lo que hará muy difícil que el PP pueda formalizar acuerdos de gobernabilidad, como se ha demostrado en las pasadas elecciones.

Al margen de este importante asunto, en la actualidad todas las formaciones políticas han comenzado a elaborar sus programas electorales y, en este sentido, está trabajando también el PSOE (que viene siendo auscultado a diario por todos los medios de comunicación para comprobar, entre otras cosas, si queda algo del Acuerdo con Ciudadanos) en relación a tres asuntos de especial relevancia: el instrumento partidario (diferencias internas, candidaturas, renuncias…), la concreción y aplicación de las ideas socialdemócratas y, finalmente, la recuperación de la credibilidad perdida durante su etapa de gobierno (desconfianza sobrevenida).

En relación al primer punto es pertinente remontarnos al último Comité Federal del PSOE -máximo órgano entre congresos-, donde se ha pretendido unir al partido en torno a un proyecto “ilusionante y progresista” y reforzar la figura de Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del Gobierno, ante algunos signos de división interna amplificados deliberadamente por algunos medios de comunicación. A ello ha contribuido, en buena medida, Susana Díaz al no despejar de manera convincente la incógnita de si terminará por liderar el PSOE, así como la actitud de los Barones, que siguen siendo dubitativos a la hora de apoyar sin reservas a Sánchez (incomprensiblemente, Fernández Vara ha anunciado que Díaz se presentará, después del 26-J, a ser elegida secretaria general y Ximo Puig ha sido desautorizado por la dirección del partido), lo que penalizará sus opciones electorales, cuando lo que procede es rearmar al partido y acudir unidos y sin fisuras a las elecciones del 26-J. A esta dificultad hay que añadir la débil situación orgánica de la Agrupación Socialista Madrileña, donde Sánchez encabezará la candidatura sin grandes expectativas de ganar las elecciones en Madrid (según todas las encuestas) e, incluso, de ser el partido más votado en el ámbito de la izquierda. Todo ello al margen de lo que pueda ocurrir en Cataluña -después del cambio de candidata, sin razones conocidas- y en el País Vasco, donde Podemos disputa, según las últimas encuestas, la primacía electoral al PNV. Una vez más, deberíamos recordar que el secretario general no es el único responsable de los triunfos y fracasos de un partido…

La concreción de las ideas socialdemócratas (redistribución y lucha contra la desigualdad, la pobreza y la exclusión social) sigue siendo el núcleo gordiano de la campaña electoral de las fuerzas progresistas. En concreto, el PSOE está obligado a perfilar con audacia sus nuevas ofertas en relación al empleo, las políticas sociales, los servicios públicos, la política fiscal y el debate territorial, con el propósito de responder a los problemas que más preocupan a los ciudadanos y ofrecer alternativas reales de gobierno al PP (Ciudadanos se ha convertido en un simple partido instrumental), así como argumentos diferenciados y creíbles que pugnen con la propuesta electoral de Podemos e IU, al margen de las políticas de cartón piedra: “banderas”,  fichajes estrella, “gobiernos en la sombra” y “políticas de centro”, que nunca han generado ilusión en la izquierda sociológica y menos aún en los más jóvenes y conscientes. Con ello, el PSOE pretende, cuando menos, seguir siendo el primer partido en el seno de la izquierda y, en todo caso, un partido relevante, imprescindible y con capacidad de gobierno.

En relación con el empleo hay que abordar, en primer lugar, la relación con la UE y responder a la fracasada política de austeridad y, en concreto, asumir la corrección del déficit y el pago de la deuda -con condiciones negociadas-, sabiendo para qué se hacen los esfuerzos y sacrificios y, desde luego, respetando de manera absoluta a los más perjudicados por la crisis. No podemos permitir que el pago excesivo de la deuda absorba los recursos que deben ser utilizados para mantener los servicios públicos y las políticas sociales. Además, hay que concretar las políticas en relación con la necesaria inversión pública para reactivar la economía; así como apostar por el conocimiento, la innovación (la prioridad de los empresarios no es el empleo y la inversión sino ganar dinero) y el cambio de modelo productivo (tecnología, industria, investigación, cualificación profesional y organización del trabajo); revisar las subvenciones a la contratación, que sólo transfieren rentas del trabajo al capital (los empresarios sólo contratan cuando lo necesitan, no porque reciban subvenciones); derogar las dos últimas reformas laborales (recuperar derechos, impulsar la negociación colectiva de ámbito sectorial y garantizar el equilibrio de fuerzas entre los interlocutores sociales); explorar nuevos yacimientos de empleo (medioambientales, sociales, educación infantil…); y reformar a fondo las oficinas públicas de empleo.

En segundo lugar, y en relación a las políticas sociales, el PSOE debe denunciar la política regresiva del PP y ofrecer soluciones al desplome de la protección por desempleo (según los sindicatos, la caída ha superado los 20 puntos); a los problemas actuales de la Seguridad Social (déficit, Fondo de Reserva, bajos ingresos por cotizaciones derivados de la precariedad y de la caída de los salarios…); y a la situación actual de las personas dependientes (aplicación regresiva de la ley de dependencia).

En cuanto a los servicios públicos, se debe apostar decididamente por blindar estos servicios aprovechando la reforma de la Constitución Española (artículo 135, CE), con el propósito de garantizar el bienestar social de los ciudadanos. Debemos recordar que el PP recortó la financiación pública de la educación, la sanidad (además de imponer el copago a los pensionistas) y las políticas sociales y que es el momento de tomar medidas para recuperar el déficit social generado por la nefasta gestión del PP y de comprometerse a ello de manera clara y rotunda en el programa electoral.

La política fiscal representa el centro neurálgico de la recaudación del Estado y el estandarte que hace visibles las políticas de igualdad; por lo tanto, no estamos ante un debate simplemente económico, estamos ante un debate político y social encaminado a responder a la pregunta: ¿Qué servicios queremos recibir (sanidad, educación, infraestructuras…) y cómo los queremos pagar? En coherencia con todo ello, hay que abordar una profunda y ambiciosa reforma fiscal en base a la progresividad (justicia), la eficiencia y la sostenibilidad del Sistema. Por otra parte, hay que fortalecer la Agencia Tributaria (según el diario digital bez.es, ha perdido un 8,9% de sus funcionarios desde el inicio de la crisis), para luchar contra el intolerable fraude fiscal y la economía sumergida que, según UGT, se sitúa en torno a los 80.000 millones de euros. Todo ello en un marco fiscal europeo que considere a fondo la erradicación de los paraísos fiscales, unifique el impuesto de sociedades y se plantee seriamente eliminar los privilegios fiscales a todos los niveles (por ejemplo las SICAV).

En relación con el problema territorial, el PSOE se debe comprometer de nuevo a abrir un gran debate sobre la reforma constitucional y el Estado Federal con la pretensión de responder al fenómeno catalán y vasco y, por prolongación, al derecho a decidir, respetando el principio de solidaridad (marco constitucional) y la peculiaridad de las distintas sensibilidades del Estado Español. Este debe ser el primer paso del nuevo gobierno: abrir una mesa de diálogo con la Generalitat de Cataluña para escuchar primero sus argumentos y comenzar después a negociar el esperado acuerdo que deberían de refrendar los catalanes y todos los españoles.

Un programa electoral con estos componentes y compromisos, de marcado carácter ejemplarizante y socialdemócrata, resulta imprescindible para formalizar un nuevo Pacto con los ciudadanos. El segundo paso sería explicarlo a la ciudadanía a lo largo de la campaña: con talento, entusiasmo y humildad. El PSOE también debe aspirar a ser creíble defendiendo estas políticas y, sobre todo, debe inspirar confianza en el electorado denunciando y combatiendo con coraje los abusos, las injusticias, la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. Por último, el PSOE debe dejar muy claro cuáles son sus preocupaciones y preferencias y responder sin eufemismos a las dos preguntas claves de esta campaña electoral, que están en la mente de la gran mayoría de los electores y de la que no es posible escapar: ¿Gobernar para qué y, finalmente, con quién?