GOBERNAR EN MINORÍA

Parece que Pedro Sánchez ha inventado el Gobierno en minoría en un sistema democrático y hay que apresurarse a decir que no es verdad. Que, mucho antes que él, infinidad de gobernantes han tenido que ejercer sus funciones sin contar con una mayoría absoluta de sus partidarios más cercanos en el Parlamento que les controlaban. Y la humanidad, según un amplio consenso (aunque no generalizado) avanza y progresa. Incluso, es posible que sea, precisamente, la discrepancia la que hace progresar a la humanidad.

En eso que se llama nuestro entorno, los gobiernos de los países europeos están constituidos gracias a acuerdos entre partidos que, casi ninguno de ellos, tiene mayoría absoluta en el parlamento correspondiente. Salvo los casos de Polonia, Hungría y Malta, el resto de los países que componen la Unión Europea están gobernados gracias al apoyo de varios partidos además del suyo. En resumen, hay 25 Jefes de Gobierno en Europa cuyo partido, si es que lo tiene, ya que hay alguno independiente, no tienen mayoría absoluta en su Parlamento.

Para facilitar la formación de estos gobiernos, en algunos países, cuyo régimen es presidencialista, se hacen elecciones a doble vuelta, lo que posibilita el que, finalmente, el ganador de la segunda vuelta lo sea con mayoría superior al 50%, lo que aparenta esa inexistente mayoría absoluta, pero, eso, no rompe la regla general antes descrita.

Un segundo asunto es el de lo exiguo de la minoría que tiene Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, el 24 %. Pues bien, tampoco en esto destaca el nuevo Presidente del Gobierno Español respecto de muchos colegas europeos. El porcentaje de diputados de su propio partido, respecto del total de los que componen cada cámara oscila entre el 0%, para los varios independientes que gobiernan en Europa y el 49% que, en el caso de Reino Unido encabeza el ranking de apoyos parlamentarios propios. Hay 4 países en las cercanías del 24% de diputados propios con los que cuenta Pedro Sánchez, y otros 7 por debajo de la misma, así que tampoco es este asunto algo con lo que el nuevo gobierno español pueda entrar en el libro Guinness.

Otra de las “normas de legitimidad” es esa que dice que tiene que gobernar el candidato de la lista más votada en las últimas elecciones. Esto, que es lo que ocurre en los sistemas de elecciones a doble vuelta, cuando no está así legislado es parecido a decir que tiene que votar el diputado de mayor altura o aquel cuya edad coincida con el número de algún sorteo, es decir, una especie de broma. De hecho, en Europa, hay siete países, además de España, que se gobiernan por miembros de partidos que no han sido los más votados en las últimas elecciones. Eso significa la cuarta parte de los países de la UE, por lo que no se debiera considerar una anomalía sino una simple posibilidad.

En este comparativo he tenido en cuenta, exclusivamente, las cámaras equivalentes al Congreso español ya que, en algunos casos, la vida parlamentaria se desarrolla en una doble cámara. Sin embargo, la relevancia real del Senado de España, en su actual configuración permite entorpecer pero no evitar la acción de gobierno, por lo que he creído suficiente hacer esa simplificación a efectos de valorar el marco en el que va a desenvolverse el gobierno de Pedro Sánchez.

Pero, por si alguien llegó a interiorizar eso de que Spain is different, veamos que pasa por aquí: De las 17 comunidades autónomas españolas, solo una, Galicia, además de la ciudad de Ceuta, está gobernada por un partido que tiene mayoría absoluta en su parlamento. El resto tiene gobiernos que han tenido que conformarse mediante acuerdos entre diversos grupos políticos, bien para la investidura de su Presidente, o bien para formar gobierno.

Y, todas estas 16 Comunidades Autónomas, se autogobiernan. Tienen su presidente, sus consejeros (en las varias lenguas del Estado), sus presupuestos anuales, sus diversas políticas y sus problemas diarios que los resuelven con mayor o menor facilidad o con mayor o menor acierto. Pero todas funcionan.

Si ampliáramos el análisis a los Ayuntamientos españoles nos encontraríamos con porcentajes inferiores de gobiernos municipales sin mayoría absoluta del partido del Alcalde. Aproximadamente el 38 % de los Ayuntamientos de España están en esa situación. Sin embargo, entre las capitales de provincia, solo hay una, Soria, que tiene un Alcalde elegido por una mayoría absoluta de su partido, el PSOE. El resto de las capitales de provincia españolas están gobernadas por Alcaldes que han debido ser elegidos por acuerdos de más de un partido bien facilitando su elección o bien colaborando en un gobierno de coalición.

Así pues, los pronósticos sobre la viabilidad de ese Gobierno deberían hacerse bajo otros supuestos que no fueran los estrictamente relacionados con la aritmética parlamentaria ya que, esta, por sí sola ni explica nada ni es capaz de predecir nada. Que 85 diputados está lejos de la mayoría absoluta es una obviedad tan insultante que debería ser indigna de muchos que la enuncian como si estuvieran revelando el sentido de la vida.

Que Pedro Sánchez va a tener grandes dificultades para gobernar es también algo que puede afirmarse sin la necesidad de ahuecar la voz como en las grandes ocasiones.

Y que no es posible aventurar la duración de este Gobierno es algo tan claro como la volatilidad de la vida política en estos tiempos. Que se lo pregunten a Rajoy, capaz de pasar, en horas 24, de ser el héroe de los presupuestos aprobados, al villano de la sentencia de Gürtel.

Pero, todo eso, aun siendo verdad, puede ser irrelevante si Pedro Sánchez hace lo mismo que sus colegas en sus mismas circunstancias. ¿Y qué hacen esos colegas?
Pues algo muy sencillo y muy difícil a la vez: Política, algo de lo que todos creemos tener una idea de lo que es pero muy pocos conocen su verdadero secreto. En todo caso, sea cual sea este secreto, parece que ayuda mucho el compartir una misma idea con más gente. Sobre todo si, como es el caso, el sistema político en el que se actúa es democrático. Y eso se hace hablando y escuchando.

Mucho me extrañaría que, o bien no lo sepa Sánchez, o bien no tenga cerca a alguien que se lo diga. O las dos cosas. Ya es más difícil predecir cuanto pueden durar esas conversaciones si las mismas no consolidan alguna medida en el corto y medio plazo que hagan pensar a los interlocutores que hablar sirve para algo y no solo para perder el tiempo. Depende de lo que unos y otros tengan como objetivos posibles y deduzcan que pueden conseguirlos por otras vías distintas de las de hablar con Pedro Sánchez. Todo el mundo sabe que la política es el arte de lo posible pero hay quien, muchas veces lo olvida.

También hay que esperar que estas estadísticas sean conocidas por la oposición a la pasada investidura de Pedro Sánchez. Esto no estaría en contradicción con las declaraciones, especialmente del PP, en relación con la falta de legitimidad del nuevo Gobierno de España. Es comprensible que, como parte de su labor de oposición, puedan hacer esas declaraciones. Lo grave sería que se lo creyeran, ya que eso sería una señal preocupante de su deficiente aceptación de las reglas de la democracia española claramente definidas en nuestra Constitución. Pero, es posible.