FLUJOS DE VOTOS

Un análisis aritmético del movimiento neto de votos que se ha producido en las elecciones catalanas del 21 de diciembre puede arrojar alguna luz sobre cuáles han sido las tendencias que se han manifestado en las mismas y la situación en la que nos hallamos después de ellas.

 

Para ello haré tres bloques. Al primero le llamaré I (de los independentistas), compuesto por Junts pel si y CUP en las elecciones de 2015, y por Junts per Catalunya, ERC y CUP en las de 2017. Al segundo le llamaré C (de los constitucionalistas), compuesto por Ciudadanos, PSC y PP. Y al tercero, le llamaré E (de los equidistantes), constituido por Catalunya si que es pot en 2015, que adoptó el nombre de Catalunya en Comú-Podem en 2017. La siguiente tabla recoge los votos obtenidos por dichos bloques en ambas elecciones y el porcentaje sobre votos válidos (fuente, EL PAÍS, 22.12.17):

 

Bloquevotos 2015 % 2015votos 2017% 2017
I1.966.50847,802.063.36147,49
C1.608.84039,111.889.17643,49
E367.6138,94323.6957,45
Total3.942.96195,854.276.23298,43

 

Lo primero que se aprecia es un aumento de participación de 333.271 votos de las segundas elecciones con respecto a las primeras. También, que los votos a otras formaciones distintas de los tres bloques descienden desde el 4,15% en las primeras, hasta el 1,57% en las segundas. Los 2,58 puntos de diferencia representan unos 110.000 votos que han optado en 2017 por uno de los tres bloques en lugar de ser “desperdiciados” en opciones con baja probabilidad de obtener representación. Todo ello apunta a una extrema polarización de la sociedad catalana, que ha entendido la importancia de lo que se jugaba el 21 de diciembre. Los catalanes han participado masivamente y han optado en un 98,4% por votar a uno de los tres bloques en liza.

 

Si los 333.000 votos adicionales se hubieran repartido proporcionalmente a los porcentajes obtenidos por los bloques en 2015, los votos adicionales que debería haber obtenido cada bloque, los adicionales obtenidos realmente, y la diferencia entre estos dos números, serían los siguientes:

 

BloqueDebería obtenerHa obtenidoDiferencia
I166.20196.853-69.348
C135.986280.336144.350
E31.084-43.918-75.002
Total333.271333.2710

 

Se observa entonces que el bloque independentista, si bien ha subido en votos, en realidad ha “perdido”, o más bien dejado de ganar, 69.000 votos; el bloque de los equidistantes, entre lo realmente perdido y lo dejado de ganar suma 75.000; y el bloque constitucional ha ganado 144.000 votos adicionales a los que le hubieran correspondido. Por tanto, podemos entender que una parte apreciable del voto ciudadano se ha reasignado hacia las opciones constitucionales en detrimento de las independentistas y equidistantes. También puede entenderse como que los 333.000 votantes adicionales que se han movilizado correspondían a gran medida a opciones constitucionales y ello avalaría la teoría de una mayoría silenciosa no independentista que en esta ocasión ha decidido hacer oír su opinión. Y que el bloque independentista ha tocado techo en torno a los dos millones de votos y no es capaz de concitar más apoyos. Estos flujos de votos se han traducido en la pérdida de  2 escaños por parte del bloque I, de 3 por parte del E, y la consiguiente ganancia de 5 escaños por el bloque C. Aunque no en la medida que muchos hubiéramos deseado, podemos concluir que la aventura secesionista se ha saldado con la bajada de un nuevo escalón por parte de los independentistas (en 2015 ya perdieron otros dos escaños) y la subida de dos escalones por parte del bloque constitucional. También, que la calculada equidistancia de Podemos, dispuesto como siempre a pescar en todas las aguas, la ha pagado en esta ocasión con el descenso de 1,5 puntos porcentuales. Ante una disyuntiva tan nítida, como la secesión por las bravas o el respeto a la Constitución, 75.000 electores no han entendido que cupieran alternativas intermedias.

 

Finalmente, también se ha producido una importante reasignación del voto dentro de cada bloque. En el caso del independentismo, la opción más radical de la CUP ha perdido la mitad de sus apoyos (del 8,21%, ha pasado al 4,45%) en beneficio de los otros dos partidos, y en el bloque constitucional el PP se ha desplomado (del 8,49% al 4,24%) en beneficio de Ciudadanos, que ha subido 7,5 puntos y se ha convertido en el partido más votado. El PSC ha subido tan solo ligeramente (1,16 puntos), lo que indica que su opción por la transversalidad y por “coser” las fracturas de la sociedad catalana era tal vez un tanto prematura en un ambiente de extrema polarización de los votantes.

 

Sorprende a los que no somos independentistas la preferencia dentro de dicho bloque por el depuesto presidente Puigdemont, después de los espectáculos que ha protagonizado con sus bandazos de última hora entre convocar elecciones y proclamar la DUI, su cobarde fuga a Bruselas y su circo mediático posterior. Todo ello expresa una baja racionalidad y un alto componente emocional en estos votantes.

 

En definitiva, la situación resultante es bastante mejor que la de antes de las elecciones. El independentismo está más débil y bastante más dividido que antes entre sus tres partidos, con un presidente in péctore fugado que difícilmente podrá tomar posesión, y con hasta ocho diputados ausentes o encarcelados. Tienen garantizado el rechazo de Europa a su deriva secesionista y la desafección de una parte muy importante del empresariado catalán. Su descenso de tres décimas hasta el 47,5%, y el que las elecciones las haya ganado un partido constitucional, echan por tierra su falaz discurso de que tienen el mandato de un supuesto “pueblo catalán” al que ellos representarían.

 

Lamentablemente, sus declaraciones de estos días indican que van a ser los últimos enterarse de la nueva situación. Por cálculo, o por puro fanatismo, siguen instalados en su realidad paralela donde hay repúblicas, mandatos del pueblo, restitución de una legalidad supuestamente violentada por el Estado español, encuentros clandestinos con Rajoy en países “neutrales” y las mismas ensoñaciones que manifestaron durante la etapa precedente. Ojala se caigan pronto del árbol y aterricen en este mundo. Muchos catalanes, cuyo empleo peligra en estos momentos, se lo agradecerían.