FATIGA SOCIAL Y 26 J (2)

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Con la que está cayendo en este país, un 83,6 por ciento de los españoles se considera feliz, según el CIS. Más allá del porcentaje, son significativas las ganas de salir adelante, las ganas de cambio en unos ciudadanos que en gran número han sufrido y siguen sufriendo una situación que ellos no provocaron. Por este motivo, y a pesar de las dificultades, es tiempo de cambio en España, porque lo deseaba un 67,1 por ciento de los españoles antes de las elecciones generales, cuando afirmaba que quería un cambio de partido en el gobierno, como señalaba el estudio preelectoral del CIS. Y porque así lo votaron los ciudadanos cuando, en un Parlamento fragmentado, dieron la posibilidad de un gobierno del cambio liderado por el PSOE al que se opuso Podemos.

Cambio de partido en el gobierno. Cambio de partido en el gobierno. Cambio de partido en el gobierno, es lo que quieren los españoles. Algo que algunas nuevas formaciones políticas, envejecidas en estos meses, siguen sin entender, porque creen que están en un juego, no sé si de tronos, cuando de lo que se trata es del bienestar de las personas, de abolir la pobreza para que todo el mundo pueda vivir dignamente.

Hay que repetirlo mucho porque es posible. La fatiga social y el hastío de muchos ciudadanos pueden cambiar, y lo hará más rápidamente, si las palabras van acompañadas de hechos. Pueden cambiar si la agenda política de España coincide con los deseos de la mayoría de los ciudadanos. Pueden cambiar si las oportunidades que da la revolución tecnológica y la automatización se orientan hacia las personas, y no se convierten en una excusa para derribar derechos conquistados durante siglos. Entender esto es trabajar por ampliar los espacios públicos de confianza. Es representar a los ciudadanos por encima de siglas. Es acordar y desarrollar un nuevo contrato social para el siglo XXI.

Hace una semana señalaba que muchas eran las cuestiones que tenían que analizarse. Que muchas eran las opiniones sobre lo que pasará, que veíamos, leíamos y escuchábamos en los medios de comunicación. Pero, frente al tertulianismo imperante de titular, de trinchera y de forofos, era preciso analizar con cierta calma algunas cuestiones que si conocíamos. En esa ocasión, analizamos el voto como deber ciudadano, la auto-ubicación ideológica de los ciudadanos, cuándo deciden a quién votar, y si tras lo sucedido en las elecciones, ¿cambiarán el voto?

Pues bien, ahora hay que analizar cómo reciben la información los ciudadanos. Algo muy importante en democracia, porque la información que les llega y cómo les llega puede influir decididamente en la realidad política de España, en unos momentos donde la fragmentación electoral es tan acusada.

Pues bien, los españoles se informan de política y de las elecciones principalmente en televisión y, después, por la radio y los periódicos. Pero, ¿En qué canales de televisión? ¿En qué emisoras de radio? ¿En qué periódicos?

En el caso de la televisión, cuando se pregunta qué canal prefiere para seguir la información política y electoral, un 21,1 por ciento prefiere La Sexta; un 18,9 por ciento, TVE 1; un 18,1 por ciento Antena 3; un 12,4, Telecinco; y un 5,5 por ciento Cuatro. Es decir, un 39,2 por ciento de españoles se informan en canales del grupo Atresmedia; un 23,5 por ciento en canales de Mediapro; y un 18,9 por ciento en un canal de titularidad pública.

En cuanto a la radio, la primera posición la ocupa la Cadena Ser, con un 32,8 por ciento; la segunda, COPE, con un 14,9 por ciento; la tercera, Onda Cero, con un 12,8 por ciento; y, en cuarto lugar, RNE, con 9,5 por ciento. En el caso de los periódicos, cuando se pregunta a qué periódico prefiere para seguir la información política y electoral, el primero es EL PAIS, con un 20,2 por ciento; el segundo EL MUNDO, con un 9,3 por ciento; el tercero, La Vanguardia con un 5,4 por ciento; el cuarto, el ABC, con un 4 por ciento; y, el quinto, el Periódico de Cataluña.

Las preguntas que pueden formularse es si prima la libertad de expresión e información sobre la cuenta de resultados en la información que se traslada o no se traslada a los ciudadanos ante la concentración que existe en los medios de comunicación. Y si todas las formaciones políticas son tratadas con el mismo rasero, más allá del formalismo que establece la ley en período electoral.

Pero se realicen o no estas preguntas, es evidente que en esta nueva campaña electoral el papel de los medios de comunicación va a ser todavía más determinante a la hora de trasladar la información electoral a los ciudadanos. Y dentro de esa información van a ser claves los debates. Un formato que no solo ahorra costes de campaña, sino que permite que de una manera directa, sin intermediarios, los ciudadanos puedan conocer a las personas que pretender gobernarlos y las propuestas que desean llevar a cabo. Y también, en este caso, con quién pretenden realizarlas ante una fragmentación electoral que no dará la mayoría a ningún partido político en solitario.

Por tanto, los debates entre candidatos son una obligación moral, que debe convertirse en una obligación legal, para que los ciudadanos vayan a votar, o no lo hagan, con la mayor información posible. La importancia de los debates en democracia se puede observar en que un 56,5 por ciento de los españoles vio el debate entre Rajoy y Sánchez entero o en parte. Y un 54,7 vio el debate a cuatro de los candidatos sin Mariano Rajoy. Si a lo anterior le añadimos que un 19,9 por ciento de los electores dudó a la hora de votar entre varios partidos políticos, su transcendencia se incrementa aún más en un momento de gran fragmentación. Y más todavía si se analiza que un 16,9 por ciento de los que dudaron lo hicieron entre el PP y Ciudadanos, y un 11,6 por ciento entre el PSOE y Podemos.

Es tiempo de cambio en España. Es tiempo de ampliar los espacios públicos de confianza, a través de unos acuerdos amplios que den lugar a un nuevo contrato social para el siglo XXI donde todas las personas pueden llevar una vida digna. Los ciudadanos estarán a la altura, esperemos que los partidos políticos también.

El 26-J nos espera.