FATIGA SOCIAL Y 26 J (1)

iglesias110516

La fatiga social sigue aumentando en una España que necesita de manera urgente resolver dos graves problemas, agravados durante los últimos meses. El primero, la falta de adaptación al cambio de unos partidos políticos, o mejor dicho, de unos dirigentes, que deben transitar del espectáculo, el postureo y la descalificación hacia un espacio de diálogo y de acuerdo imprescindible en España y para España, más allá de la inexcusable formación de un gobierno. En esta cuestión, es importante destacar cómo formaciones políticas nuevas, especialmente Podemos, han envejecido rápidamente cuando se han visto obligados a pasar de las palabras a los hechos. El segundo, el hastío de los españoles tras años de recortes, de sufrimiento y de promesas incumplidas, que han aumentado la exclusión y han expulsado a tres millones de ciudadanos de la clase media.

Ante esta realidad, ¿qué harán los españoles de cara a las próximas elecciones del día 26 de junio? ¿Irán a las urnas masivamente y con ilusión, o por el contrario lo harán en menor número? ¿Votarán a los mismos partidos políticos que en las anteriores elecciones o cambiarán de opción? ¿Estarán más y mejor informados a la hora de votar que en las anteriores elecciones, o no? ¿Dónde se informarán?

Muchas son las cuestiones que tienen que analizarse. Y muchas son las opiniones sobre lo que pasará, que vemos, leemos y escuchamos en los medios de comunicación. Pero frente al tertulianismo imperante de titular, de trinchera y de forofos, es preciso analizar con cierta calma algunas cuestiones que sí conocemos:

  • El voto como deber ciudadano. El sistema democrático vive un momento de crisis relacional entre representantes y representados, que ha llevado a que un 13,9 por ciento de los ciudadanos no confíe nada en el Parlamento español, o a que un 19,6 por ciento no confíe nada en los partidos políticos, según el CIS. Junto a lo anterior, en España, un 33,2 por ciento de los ciudadanos considera que votar es un deber, frente a un 62 por ciento que lo considera un derecho. Esto ha hecho que en nuestro país los porcentajes de participación electoral hayan sido altos. Algo que se repetirá en las próximas elecciones, aunque se producirá, con toda probabilidad, un descenso que puede situarse entre tres o cuatro puntos porcentuales, que al no ser lineal favorecerá principalmente al PP.
  • De derechas, centro o izquierdas. Cuando se habla de política, normalmente se utilizan las expresiones izquierda y derecha, aunque algunos de los nuevos actores envejecidos utilizaron una supuesta transversalidad con el fin de conseguir el mayor número de votos posible sin que se vieran las posturas ideológicas en las que se encuentran. Pues bien, en España un 42,6 por ciento de los ciudadanos se auto-ubica en la izquierda (1-4), un 19,6 en el centro (5), y un 24,6 por ciento en el derecha (6-10). Estos datos, junto con los deseos de cambio de la mayoría de la población, hace más inexplicable la oposición de Podemos a un gobierno de cambio, que ya, en estos momentos, podría estar realizando políticas de redistribución para disminuir las desigualdades que tanto han crecido en España en los últimos cinco años. Pero además, centra las elecciones en lo que haga este porcentaje mayoritario de españoles que se sitúan a la izquierda. Ellos van a decidir las elecciones. Y esa decisión comenzará desde ver qué porcentaje vota o no, y si en lo que van a votar incide algo lo sucedido en estos meses y la coalición electoral de los hijos de Anguita, es decir, de PODEMOS/IU.
  • Cuándo decidió a quién votar. Cuando se pregunta a los españoles cuándo decidieron votar al partido que finalmente votaron, un 62,8 por ciento responde que lo tenía decidido desde hace bastante tiempo, es decir, antes del inicio de la campaña electoral. Un 9 por ciento lo decidió al comienzo de la campaña electoral. Un 17,6 por ciento lo decidió durante la última semana de la campaña electoral, es decir, unos días antes de las elecciones. Y un 9,3 por ciento, lo decidió el mismo día de las elecciones. Estos datos, vienen a mostrar que hay dos momentos importantes en estas nuevas elecciones, si continúa más o menos constante el comportamiento de pasadas elecciones. Uno, estos días, donde entorno al 9 por ciento de los que finalmente votarán dicen que están decidiendo su voto. Y otro, del 20 al 26 de junio, donde un 26,9 por ciento de los que votarán se decantan por una opción sobre otras.
  • Tras lo sucedido, ¿cambiarán el voto?. Los resultados electorales dieron lugar a un Parlamento fragmentado, donde las distintas formaciones políticas han mostrado a los españoles actitudes distintas en relación a la posibilidad de formar gobierno. Desde el inmovilismo del PP y el no querer un gobierno del cambio de Podemos, hasta los intentos del PSOE y Ciudadanos por conseguirlo. Pues bien, cuando se pregunta a los españoles qué hubieran hecho de saber que los resultados de las elecciones iban a ser los que finalmente fueron, un 78,4 por ciento afirma que habría votado por el mismo partido o coalición por el que lo hizo. Un 8 por ciento dice que se habría abstenido o habría votado en blanco. Un 5,3 por ciento habría votado por un partido o coalición distinto al que votó. Un 1,7 por ciento habría votado por un partido o coalición en vez de abstenerse. Y un 0,5 por ciento habría votado por un partido o coalición en vez de votar en blanco o nulo. Esto significa que la realidad parlamentaria será muy parecida a la actual, por lo que se tendrá que aprovechar el tiempo de campaña para abandonar los reproches y preparar el terreno para futuros pactos de gobierno tras las elecciones. Todo ello, con total transparencia e información a los votantes para que puedan decidir con la mayor información posible.

La fatiga social y el hastío de muchos ciudadanos se verán reflejados nuevamente en unas urnas donde las palabras deben ir acompañadas de hechos y así tener valor. Por ese motivo, en esta ocasión, más que nunca, cobra vigencia el aforismo 166 de Baltasar Gracián en El Arte de la Prudencia, cuando señala: “Saber distinguir al hombre de palabras del hombre de hechos: es una distinción única, igual que la del amigo de la persona y el amigo del cargo, que son muy diferentes. Es malo, sin tener palabra buena, no tener malos hechos; pero es peor, sin tener palabra mala, no tener buenos hechos. Ya no se come con palabras, que son viento, ni se vive de cortesías, que es un cortés engaño. Cazar las aves con luz es el verdadero encandilar. Los presuntuosos se satisfacen con viento. Las palabras deben ir acompañadas de hechos y así tener valor. Los árboles que no dan fruto, sino sólo hojas, no suelen tener corazón. Conviene conocerlos: de uno se obtiene provecho, pero otros sólo dan sombra”.