EXTRAÑA CAMPAÑA

sotillos261115

Supuestamente, la campaña electoral no ha comenzado. Supuestamente, los candidatos no pueden pedir el voto. Supuestamente, el país se enfrenta a una grave crisis internacional que nos afecta muy directamente. Supuestamente, nuestros dirigentes deberían estar desbordados buscando soluciones para resolver los problemas de mayor entidad, como el terrorismo islámico, el desafío soberanista de Cataluña…o el hundimiento de Abengoa, que pone en solfa la capacidad de supervivencia de una industria puntera a escala internacional, generadora de miles de puestos de trabajo. Sin embargo, esos supuestos parece que no fueran ciertos. España está en una campaña electoral permanente y seguramente lo seguirá estando a partir del día 21 de diciembre. Por eso admitimos con naturalidad -o eso es lo que quieren hacernos creer los organizadores del espectáculo- que lo verdaderamente trascendente es debatir sobre los debates, su número, los escenarios, y sus protagonistas.

Que el partido que gobierna no haya presentando aún el programa con el que concurre a las elecciones no pasa de ser una nota a pie de página frente a la trascendencia de las opiniones de Mariano Rajoy como comentarista deportivo la misma noche en la que los líderes europeos negociaban la colaboración en la lucha contra el Estado Islámico y gestionaban la crisis en el flanco oriental de la OTAN. Cierto es que las profundas convicciones de nuestro presidente quedaron de manifiesto cuando defendió que “la mejor defensa es una buena defensa”. Podía haber dicho que “la mejor defensa es un buen ataque”, pero eso hubiera entrado en profunda contradicción con su estrategia global, basada en distanciarse de cualquier actitud proactiva y esperar la disolución de los conflictos. Los estrategas de la calle Génova piensan que no va mal así…mientras se agotan las hojas del calendario y sus oponentes entran al mismo juego, midiendo los resultados de las audiencias como si fueran votos en las urnas.

Extraña campaña esta del 2015 cuando los certificados de capacidad política los expiden los conductores de programas de entretenimiento como Pablo Motos, Bertín Osborne o María Teresa Campos. Cuando hay que conocer la alineación del Real Madrid, hacer un zumo, jugar al ping-pong o conducir un “kart” para intentar ganarse la voluntad y la confianza de los ciudadanos. Extraña campaña ésta, en la que se ocultan con esmero las posiciones a adoptar respecto a la hipotética colaboración con Francia, mientras se despliegan todos los esfuerzos, diplomáticos y partidarios, para conseguir que Hollande y Valls se pronuncien con eufemismos para no interferir negativamente en un proceso electoral que compromete el futuro de un país cuyo respaldo militar no es imprescindible, pero cuyo apoyo a nivel policial y estratégico -nuestro mejor portaviones son las bases- conviene asegurar, a treinta días vista.

Hay que comprender las dificultades de los gabinetes de campaña de los principales partidos, sobre todo los de aquellos con una larga experiencia, para intentar adecuarse a un tiempo nuevo en la comunicación. Su desesperación, confesada, al comprobar que las ideas-fuerza de los programas, aquello que precisamente ha sido fruto de largas deliberaciones colectivas o del trabajo de los comités de expertos, pasan sin pena ni gloria, relegados a debates secundarios en horarios minoritarios, en tanto se cruzan los dedos esperando que una frase ocurrente del líder se convierta en un “trending topic” en los móviles o que no se incurra en un desliz que desvirtúe la campaña.

Nos esperan varios debates. A dos, a cuatro, a tres y medio, a ocho. Con atriles vacíos. Con reservas… Con los grandes medios audiovisuales imponiendo sus normas a mayor honra y gloria de sus intereses, a falta de una regulación electoral que ha saltado por los aires dejando un profundo vacío que lesiona el derecho fundamental de los ciudadanos a formar su opinión. Y me repito: no se trata de hacer un casting, sino de escoger a los gobernantes de un Estado