EVOLUCIÓN Y ÉTICA(S): REFLEXIONES SOBRE DEMOCRACIA TRAS LAS ELECCIONES GENERALES DE DICIEMBRE DE 2015

muñoz281215

Cuando uno practica el intrusismo intelectual y lo justifica invocando la interdisciplinariedad como campo de trabajo, se hace preciso apoyar tal declaración con algunos datos y resultados. En el fondo, lo que impulsa y soporta esta forma de actuar es que quien lo hace es un fiel seguidor del método científico.

Este método es como una red de seguridad. Tras cursar Farmacia, la carrera probablemente más interdisciplinar en la historia de la academia española, me he dedicado a la poco usual profesión de investigador científico. He trabajado en áreas de la biología como la bioquímica y la microbiología desde las perspectivas tanto de lo celular (biología celular) como molecular (biología molecular). Posteriormente tuve la oportunidad, durante once intensos años (1980-1991) de intervenir profusa y profundamente en la política científica española y en su conexión con la política científica y tecnológica de la Europa comunitaria, dentro del amplio programa de modernización de España que emprendió el Partido Socialista Español en la transición iniciada por la Unión de Centro Democrático. Al acabar ese periodo como Presidente del CSIC, me dediqué a explorar las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad (estudios CTS) para lo que he tenido que adentrarme en el campo de las humanidades y las ciencias sociales (sociología, historia y filosofía de la ciencia y la tecnología en sí mismas, y sobre todo en la colusión con las políticas para y con la ciencia y la tecnología). Toda esta trayectoria la he recorrido, con la teoría de la evolución como marco y soporte, articulando los programas de investigación sobre “filosofía de la política científica” y “filosofía de la biología”. Estos programas me han permitido incidir y confluir sobre la ética como factor decisivo para asentar estos trabajos en la dinámica y dimensiones de la(s) ética(s) en relación con la ciencia, la técnica y la biología con sus aplicaciones, las biotecnologías.

Tras este preámbulo a modo de justificación, paso al análisis sobre las elecciones generales de 2015 y sus resultados. Para hacerlo me voy a apoyar en los últimos trabajos que he hecho sobre evolución y ética, que a su vez son fruto del análisis sobre los problemas generados por las políticas económicas aplicadas tras y durante la gran recesión. He podido identificar que la ética es un factor evolutivo y, como tal, juega un papel determinante en el proceso de adaptación. Finalmente he articulado una síntesis de la teoría de la evolución en la que el objetivo que es la supervivencia, y el mecanismo para alcanzarla, la adaptación, se conjugan con factores como la cultura y la ética. Teniendo esto en cuenta, he postuladoque tal proceso en los seres humanos ha trascurrido y trascurre en un entorno de sociabilidad constituido por la naturaleza (el componente material, la biología de los seres humanos y su relación con los otros seres vivos), la cultura (la cognición y las dimensiones emocionales de los seres humanos) y la ética (la filosofía en relación con las normas y regulaciones de las acciones para ejecutarlas de acuerdo con valores, apostando por la sostenibilidad y los derechos de los seres y de los recursos que conviven en el planeta Tierra). El análisis de los resultados de las elecciones y las consecuencias que se derivan de ellos se va a centrar en dos de los factores del entorno de sociabilidad: la cultura y la ética: (http://www.institutoroche.es/Biotecnologia/editorial/94/Viaje_al_centro_de_la_evolucion_humana_revelacion_de_las_eticas_como_efector_evolutiv; http://www.institutoroche.es/Biotecnologia/editorial/98/Una_sintesis_de_la_teoria_de_la_evolucion_Supervivencia_Adaptacion_y_Entorno_para_la_Sociabilidad).

Los resultados hay que calificarlos de sorprendentes, y me hacen dudar seriamente del nivel de cultura democrática de la ciudadanía española. Quizá a causa de la historia política de nuestro país, ese nivel cabe calificarlo de muy bajo. Es evidente que el bipartidismo ha ido adquiriendo carta de naturaleza, pero su manifestación no ha sido homogénea a lo largo de estos años de democracia, siendo más evidente con las mayorías absolutas y solo a partir de 1990. Cuando ha habido Gobiernos con mayorías minoritarias, ha sido necesario pactar, aunque los partidos bisagra hayan sido los nacionalistas, generando situaciones de limitada generosidad democrática, aunque ha habido también alguna pequeña intervención del Partido Comunista o de su sucesor como fuerza política, Izquierda Unida. La desaparición de la Unión de Centro Democrático y del Centro Democrático y Social ha supuesto pérdidas de garantías democráticas, pero no hay que olvidar que han sido consecuencia de los votos de los españoles.

A partir de la década de 1990 empecé a tener algunas dudas acerca de la cultura democrática en nuestro país, lo que me llevó a declarar en un artículo publicado en la revista Europa Siglo XX, siempre desde la perspectiva evolucionista, que “España era un dinosaurio que había resistido todas las extinciones”. Ya anticipaba con ello la idea de que la supervivencia en nuestro país había trascurrido en ambientes poco favorables.

Lamentablemente, los resultados de las elecciones de 2015 van en apoyo de estas tesis. Solo en ausencia de una sólida cultura democrática se pueden entender los resultados electorales de 2015 y se puede haber vivido una campaña electoral como la que se ha vivido, interesante pero muy quebradiza. No se puede olvidar que las elecciones se han celebrado cuando las dos principales preocupaciones españolas eran el paro y la corrupción .Y aunque haya perdido muchos votos y diputados, es el Partido Popular, responsable esencial de esas dos cuestiones, el que ha ganado las elecciones con un porcentaje de votos algo superior al de los pronósticos más favorables. El resultado de Podemos es también sorprendente, en el sentido de su reparto interno de votos; parece indudable que su posición de partido defensor de los valores sociales, así como de proponente de una “nueva política“, ha debido influir en sus resultados, aunque obtiene el 60 por ciento de ellos reivindicando además la defensa del problema territorial en alianza con movimientos o mareas en los tres territorios históricos: País Vasco, Galicia y Cataluña, que flirtean con las posiciones independentistas. Sin embargo, Ciudadanos, defensor como prioridad esencial de la unidad de España desde la perspectiva de Cataluña y proponente de la “nueva política” a nivel nacional, pierde votos en Cataluña mientras consigue un buen resultado en el resto de España; parece, por lo tanto, obtener magros resultados de su principal opción, la del nacionalismo español, mientras que consigue los mejores réditos a partir de su oferta de regeneración y cambio dentro de la derecha. El PSOE se sitúa en el intermedio y sufre la carga de la denominación de “vieja política”; ha perdido también confianza entre las fuerzas independentistas, que no creen en su apuesta por la reforma constitucional, mientras compite con Podemos sobre las cuestiones sociales.

En suma, que el voto en términos de cultura democrática se salda a favor de la disección del tradicional conflicto ente nacionalismos y seguridad (confianza) frente a cambio, es decir como respuesta de una adaptación para la supervivencia basada más en la seguridad, en el miedo, en la reacción primaria (la biología) que en la elección reflexiva (la cultura, el conocimiento).

En este contexto no parece descabellado afirmar que la respuesta de los votantes españoles no se apoya de manera sólida en la ética. Tampoco la de los otros agentes del proceso electoral, los partidos políticos, según argumentamos a continuación. El escritor y periodista Javier Pradera, en su libro “Corrupción y política” (Galaxia Gutenberg, 2014), publicado veinte años después de su escritura como obra póstuma, plantea el dilema al que se enfrentan los políticos en el ejercicio de su actividad entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Situaría estas dos éticas, que Pradera no define, en el ámbito de la ética consecuencialista o utilitarismo moderado.

Recurriendo a la semántica para definirlas, el Diccionario de la Real Academia (DRAE) define convicción como “idea religiosa, ética, o política fuertemente arraigada”, es decir, que aunque aparenta características virtuosas, una ética de la convicción se puede asociar con notables problemas en política porque, desarrollada por individuos o por organizaciones, conduce a las imposiciones, limita la negociación y por ello cae dentro del egoísmo moral. Por su parte, según el DRAE, la responsabilidad hace referencia al “compromiso u obligación de tipo moral de reparar un error y compensar los males ocasionados”. Es decir, una ética de la responsabilidad tiene que dar cuenta ante otros, aquellos que han sido víctimas del error o males ocasionados, en consecuencia, se ubica dentro del altruismo moral y, por lo tanto, además de ser un valor en sí misma, se tiene que aplicar asentada en otros valores, como la cooperación, la empatía y la justicia social. Respecto a la legitimación que exige la gobernanza (véase Muñoz, E., Arbor, vol. 181, nº 715, págs. 287-300, 2005), la ética de la responsabilidad se impone sobre la ética de la convicción, mientras que en el debate entre “nueva y vieja política”, la ética de la responsabilidad es más cercana a la primera que a la segunda.

Cuando confrontamos las formas de actuar de los partidos políticos con estas dos aproximaciones éticas, es fácil constatar que las reacciones del Partido Popular, en sintonía con sus actuaciones políticas durante la legislatura pasada y tras las elecciones, responden a una “ética de la convicción” y de acuerdo con la “vieja política”. Esa posición se ejemplifica, entre otras cosas, en el hecho de que con sus siete millones trescientos mil votos quiere, como lista más votada, imponer todas sus condiciones sin tener en cuenta que más de 18 millones de ciudadanos han emitido su voto optando por otras opciones y modos de entender la responsabilidad. Más chocante es, sin embargo, que los partidos proponentes de la “nueva política” y de la apuesta por la regeneración en sus programas electorales y durante la campaña, es decir, según una ética de la responsabilidad, cambien su estrategia en las post elecciones. Uno de ellos, Podemos, para imponer líneas rojas en la negociación y postular un independiente como posible presidente para hacer el cambio que han pedido dieciocho millones de votantes. El otro, Ciudadanos, para reclamar al PSOE que se abstenga con el fin de facilitar la investidura de Mariano Rajoy, de quien habían renegado en la campaña. En un rosario de contradicciones, los emergentes apuestan tras las elecciones por actuar de acuerdo con una ética de la convicción y por aproximarse a la “vieja política”.

Por otro lado, el PSOE ha apostado en la campaña electoral, con su programa y sus intervenciones en los debates y en los mítines, por una ética de la responsabilidad, igual que los emergentes. No obstante, a diferencia de ellos, ha mantenido la misma estrategia después de las elecciones por medio de su candidato, Pedro Sánchez, quien primero ha mostrado tranquilidad, después ha expuesto la posición del PSOE con firmeza y claridad tras negar al candidato del PP, y presidente en funciones, Mariano Rajoy, su apoyo en la investidura, y manifestar su compromiso con los cinco millones y medio de votantes a su partido. Es decir, ha seguido actuando, igual que a lo largo de todo el proceso electoral, de acuerdo con una ética de la responsabilidad. Esta estrategia se está desarrollando en un contexto de enormes dificultades, como consecuencia de ataques recibidos desde fuera, por parte de los medios de comunicación, pero también desde dentro, con las críticas expuestas en medios de comunicación por componentes de su partido, en las que ha asumido un claro liderazgo la Secretaria General del PSOE en Andalucía y Presidenta de dicha comunidad. Estos críticos para con el Secretario General parecen actuar inspirados en una ética de la convicción, es decir, guiados por el egoísmo moral.

Esta ha sido una situación habitual en el PSOE a lo largo de sus 136 años de historia, ya que han existido, por la fuerza de la propia democracia interna, conflictos entre líderes de diversas corrientes. Por ejemplo, Besteiro, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Juan Negrín, conflicto entre partido en el exterior y partido en el interior, el Congreso de Suresnes. Pero ha logrado sobrevivir gracias a la profunda cultura democrática de ese partido y de sus integrantes.

Es tiempo para pensar, debatir, reflexionar serenamente, con cuidado y con sentido, con la guía de la ética de la responsabilidad, una vez más, en aras de responder a la confianza depositada por la ciudadanía en los procesos electorales según los programas de las distintas opciones políticas.Que la estrategia post elecciones no esté mediada por temores irracionales, ruidos mediáticos, por simple mercadotecnia o lo que aún sería peor, por intereses espurios.