EUROPA RENUNCIA A EUROPA

simancas090316

En política, las guerras siempre comienzan a ganarse y a perderse en la batalla de las ideas. Cuando la gestión de la praxis te lleva a renunciar a las ideas propias para dar por buenas las ideas del adversario, estás dando un paso atrás definitivo. Y, antes o después, esta abdicación en el campo de los principios se traducirá en una derrota electoral y en el alejamiento del ejercicio del poder democrático.

La defensa de los valores exige esfuerzo y tiene costes, desde luego. Nadie ha acertado aún a definir un protocolo infalible para el éxito en política, pero la experiencia nos señala un camino indefectiblemente equivocado: el de intentar contentar a todo el mundo al mismo tiempo.

El europeísmo es una gran apuesta ideológica, con una gran carga de esperanza en el futuro colectivo. Consiste, nada más y nada menos, que en construir el mayor ámbito de convivencia para la libertad, el progreso y el disfrute de los derechos humanos en el planeta.

Europa es la cuna de los mayores avances civilizatorios, desde la democracia y el derecho hasta el Estado de Bienestar y la ideas de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Y los europeístas aspiramos a que la integración continental progrese de la mano de la consolidación de la prosperidad, la justicia social y los derechos de ciudadanía. Queremos una Europa como antídoto definitivo para las enfermedades que asolaron nuestro siglo XX: el odio, la discriminación, la violencia, las injusticias, los totalitarismos…

Por eso, los europeístas hoy estamos desolados. Europa renuncia a Europa. Solo así puede explicarse cómo las instituciones europeas han decidido enfrentar el problema de los refugiados traicionando los valores europeos más sagrados. Solo así se explica cómo los dirigentes europeos han decidido afrontar el desafío xenófobo y eurófobo dando la razón a los xenófobos y a los eurófobos.

Desde luego que es difícil gestionar la gravísima crisis humanitaria que supone el éxodo de millones de seres humanos huidos de la guerra y la persecución política, para buscar refugio en la promesa europea de la libertad y los derechos humanos. Claro que es costoso política y electoralmente a corto plazo aguantar las críticas de los populismos que señalan al extraño como falso culpable de todos los males y a la expulsión como falsa solución de todos los problemas.

Pero incumplir el sagrado deber de dar asilo al refugiado, expulsar de Europa a quienes llegaron con la esperanza de recibir justicia, comprar una salida indigna a golpe de talonario, y legitimar como socio aceptable a quien mantiene comportamientos moralmente inaceptables, no es solución para hoy y es un gravísimo problema para mañana.

Llueve sobre mojado. Hoy es la renuncia al deber de asilo al refugiado. Ayer fue la renuncia a la libre circulación de las personas y a la igualdad de trato social en la negociación con el gobierno británico. Y antes de ayer fue el sacrificio del modelo social europeo en el altar de la austeridad competitiva.

No se combate la eurofobia con renuncias paulatinas y constantes a los principios europeístas. De esta manera se acrecienta su base social y su influencia.

Se combate la eurofobia con determinación, con valentía y con eficacia. Se apuesta por Europa con valores europeístas, con convicciones europeístas y con liderazgos europeístas.

Y un Gobierno de cambio en España puede ayudar mucho.