ESQUIZOFRENIA PARANOIDE POLÍTICA

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El frustrado intento de formar un gobierno en España que gire el rumbo de los acontecimientos que estamos viviendo desde hace tiempo y de forma cotidiana y reiterada nos va a dejar a todos henchidos de una nueva sensación de insatisfacción patriótica. Esta por habitual no provoca consuelo alguno.

Ahora ha llegado el momento de buscar responsabilidades. Muy propio de nuestra identidad nacional. Esta siempre es del otro, como un matrimonio: Tú me dijiste, yo te dije; pero es que tú querías y yo no quiero; es culpa de tu madre que te tiene secuestrada; de la tuya; por ti los chicos se quieren ir de casa; se van porque tú les has acostumbrado sólo a chupar de la teta y no a asumir responsabilidades. Al final, portazo y a cambiar el cristal de la puerta del salón.

Tendría su gracia si no fuera por el hecho de que hay gente que está sufriendo y no encuentra respuesta. Y a diario escuchando que si Conde, no de Montecristo, vive a cuerpo de rey y no encerrado en el castillo de If, mientras a ellos se les desahucia por no pagar las letras de su piso. El Ministro de Industria, su hermano, o quien sea, tiene una empresa offshore y a ellos les cortan la luz por no pagar los recibos. El ministro Soria, que utiliza la mentira con la mayor impunidad y que ya ha sido puesto en cuestión por diferentes asuntos nunca aclarados, sin que nunca ejercite la responsabilidad política. Todo puede tener un sentido estrictamente político si no tuviéramos que pagar la contribución urbana, el impuesto de circulación y la tasa de basuras, a la par que vemos que la policía entra en el Ayuntamiento y se lleva detenido al Alcalde por un delito de corrupción.

No tiene sentido en este contexto que lo esencial sea un referéndum para ver si la mitad de los catalanes quieren vivir dentro o fuera de España, cuando hay españoles, algunos catalanes, que viven en el umbral de la pobreza.

Sería bueno saber si es patológico, pues no es lógico que quieran vender a la ciudadanía como un acto de bondad infinita, renunciar a ser vicepresidente cuando siguen existiendo millones de parados. No se puede excluir a unos u otros para formar un Gobierno para cambiar este país, cuando el número de personas en exclusión social crece día a día.

Podríamos decir con el recientemente desparecido Manolo Tena que total “estas son las opiniones de un payaso, de un ilusionista desilusionado, de un concertista desconcertado” si no fuera porque la evasión fiscal, legal o no da lo mismo, de políticos, empresarios, actores, presentadores, escritores, significan un torpedo en las bases del sistema democrático. No son aceptables los discursos de moralina patriótica o izquierdismo de salón, cuando vemos arrumbar los valores cívicos.

La reforma constitucional y un cambio normativo subsiguiente que discipline estos comportamientos son imprescindibles, pero no es suficiente. Hace falta un rearme moral de la propia sociedad, lo cual es mucho más complejo y que no va a venir de la mano de repetir las elecciones hasta que los números cuadren.

Hay evidencias que son incontestables. Aunque la estructura política del Partido Popular se mantenga en posiciones numantinas es imposible que Rajoy sea de nuevo Presidente del Gobierno, ello sólo llevaría a una fractura más en la sociedad. No ayuda en nada entrar en la dinámica de continuar con el “tú más”. Es necesario normalizar de nuevo el funcionamiento, financiación y responsabilidades de los partidos políticos y no dejarlo a la autorregulación. Las incompatibilidades e inelegibilidades de los cargos públicos requieren un marco estricto que incluya la idoneidad ética para su elección. Pero también hay que poner el dedo en la llaga que supuró que es el funcionamiento de las empresas y en las responsabilidades de sus consejeros y directivos. Ya sabemos que sin corruptores escasearán los corruptos. Hay que mandar un mensaje claro a los ciudadanos de que hay de verdad un hasta aquí.

La gestión de lo cotidiano, frenar la situación socio económica de los penalizados con la crisis y, sobre todo, llevar a cabo esta tarea regeneradora no es una cuestión ideológica y sí de emergencia nacional que justifica un Gobierno. España y cada una de las partes que la componen es un país maravilloso, pero nos estamos conduciendo hacia la esquizofrenia paranoide, que como comience a afectar a los ciudadanos será muy grave.

Los españoles somos una amalgama de herencias y visiones diversas de nuestra realidad. Esto nos produce tensión y conflicto, no somos proclives a integrar la riqueza de lo que tenemos y de lo que somos capaces. Todo ello genera esa dramática pasión de nuestra identidad. ¿Será posible hacer de ello una herramienta para un cambio de verdad?