ESPERANZA AGUIRRE Y LAS BATALLAS POR EL PODER EN EL PP DE MADRID

Cuando Esperanza Aguirre alzó su voz tronadora desde una emisora de radio “afín” en Madrid, todo el mundo entendió que había empezado la batalla post-electoral en el PP.

No es un secreto para nadie que Esperanza Aguirre, con su entorno político, económico y mediático, lleva años intentando buscar el momento idóneo para dar la batalla abierta contra Mariano Rajoy y el actual núcleo de poder del PP. Ya ha amagado varias veces, pero nunca se ha atrevido a cruzar este particular Rubicón.

Aparentemente, la irritación de Esperanza Aguirre ante la divulgación pública de “sus” acuerdos con Dolores de Cospedal es una cuestión de discrepancias en la interpretación, de toma de posiciones y de defensa de sus atribuciones ante un proceso electoral que no se presenta especialmente fácil para el PP. Ni en Madrid, ni en otros lugares.

Sin embargo, se trata de algo mucho más de fondo, que no tiene las características de un simple berrinche momentáneo. Sino que estamos ante una toma de posición política perfectamente estudiada y decididamente ejecutada. Sin “complejos”; también en este caso. Igual que ocurre con sus intentos de diferenciar su posición política particular, y sus raíces, de las de la otra candidata en Madrid, su “compañera” –y sin embargo no especialmente amiga─ la Sra. Cifuentes.

Aguirre lo que está haciendo, y seguirá haciendo si la dejan, es marcar un territorio propio, en el que espera obtener unos resultados netamente mejores que los del PP de Rajoy en su conjunto, y los de otras candidatas cercanas territorialmente. Ese será, precisamente, el plus personal que esgrimirá después de las elecciones para hacer valer su liderazgo frente al debilitado y dubitativo Rajoy, al que algunos sectores poderosos dan prácticamente por amortizado.

Si las elecciones municipales y autonómicas (incluidas las andaluzas) son peores de lo que el actual núcleo dirigente del PP espera (y desea), es posible que la disidencia interna del PP no espere a después de las elecciones generales para intentar sustituir a Rajoy, buscando algún candidato/a que pueda acudir a las urnas con mayores posibilidades que el actual Presidente del Gobierno. De hecho, parece que ya se han producido movimientos de este tipo, apoyados y/o inspirados por poderosos grupos económicos y de comunicación.

El extraordinario apoyo comunicacional que se está prestando a Ciudadanos es un exponente de las prisas que algunos tienen para intentar buscar –y encontrar─ otros interlocutores políticos en los espacios del voto conservador y de centro.

Y, en estas, Aguirre hizo escuchar su tronante voz, como diciéndonos a todos “aquí estoy yo”.

¿Son verosímiles las pretensiones –expresas y tácitas─ de Esperanza Aguirre de convertirse en la líder alternativa del PP? ¿Responde su perfil a lo que en estos momentos necesitaría un partido como el PP para mantener el tipo y recuperar unas potencialidades electorales que, posiblemente, están bastante más deterioradas de lo que indican algunas encuestas demasiado cocinadas?

Para los que piensan que el PP debe recuperar espacios de centro (que es por donde más está perdiendo) y capacidades de interlocución con otras fuerzas, obviamente Aguirre no es la mejor opción posible, sobre todo en unos momentos en los que Ciudadanos parece que está penetrando en sus espacios políticos.

En cambio, para los que consideran que el PP necesita un liderazgo claro, decidido y con carácter (sobre todo esto último), frente a la actual imagen un tanto blandengue y dubitativa, Aguirre podría tener algo que decir. Por eso, la lideresa ha querido marcar rotundamente sus diferencias de carácter, frente a Rajoy, incluso humillándole públicamente de una manera inmisericorde. Sin complejos; como siempre.

Los problemas que tiene Aguirre con una operación tan nítida como esta –que ciertamente un líder con carácter no hubiera tolerado─ no van a ser pocos, tanto en lo que se refiere a las características y la trayectoria de la candidata alternativa, como en lo que concierne al eco sociológico que posturas como las de Aguirre pueden encontrar en este momento entre el electorado español.

Desde luego, la trayectoria personal de Esperanza Aguirre no es la mejor carta de presentación, después de que se haya visto el devenir de gran parte de sus colaboradores más directos. En cualquier caso, se acepten o no se acepten algunas de sus explicaciones, lo menos que puede decirse de ella es que ¡menudo ojo tiene a la hora de elegir a sus colaboradores más directos!

Igual podría decirse de sus grandes valedores económicos (alguno de ellos en la cárcel y otros imputados). Lo mismo podríamos indicar sobre la “caída” de algunos de sus apoyos mediáticos. Lo cual revela que Rajoy –en contra de lo que Aguirre intenta que parezca─ no es manco, precisamente.

Por lo demás, incidentes como el que protagonizó la Sra. Marquesa en la Gran Vía madrileña revelan que se trata de una persona que está dispuesta a aparcar su coche donde la plazca (en pleno centro de Madrid y en un carril bus), hacer lo que quiera, escaparse de unos municipales que osan querer multarla –pero, ¿quiénes se creían que eran esos pardillos?─, embestir la moto que la impedía el paso ─¡a ella, a toda una lideresa!─ y salir al escape hasta su palaciega residencia; y mandar, incluso, a los pobres municipales a los guardias civiles de su escolta. En ningún país serio del mundo, ningún político hubiera salido indemne de dicho escándalo. Pero, aquí, parece que todo le está permitido a la Sra. Marquesa-Duquesa-lideresa y demás esas.

El problema de fondo es que el electorado español, hoy por hoy, y en contraste con lo que ocurre en otros países europeos, no se está desplazando hacia los espacios políticos más conservadores en los que la Sra. Aguirre se siente más cómoda.

Por lo tanto, en esta ocasión puede que la proverbial lideresa se esté metiendo en un barrizal antes de tiempo. El hecho de que se arriesgue a hacerlo con tanto desparpajo revela cómo están las cosas dentro del PP. ¡Qué contraste con la manera de gestionar los conflictos internos en el PSOE!

Si el ejemplo de Aguirre cunde, y se mantiene en el tiempo, sin mayores consecuencias ni reacciones, podemos estar ante el anticipo de una abierta descomposición interna. Sobre todo, si el miedo ante las mermas electorales que pueden sufrir los populares en las elecciones generales da lugar a que otros líderes intermedios se embarquen en peleas y empujones descarados para mantener “sus” escaños, ante la etapa de declive de la derecha que se avecina. ¿Qué cosas veremos en los próximos meses? ¿Se repetirán, en todo o en parte, sucesos como los que ya se produjeron en otros períodos de la historia reciente de España?

Por lo menos, a la Sra. Aguirre lo que no se la puede echar en cara es que no sea clara. Y decidida.