ESPAÑA NECESITA UN GOBIERNO, NO ESCENOGRAFÍA POLITICA

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Los diferentes organismos internacionales advierten que este año la situación económica mundial está llena de incertidumbre y de inestabilidad, como ya indicaba desde estas páginas hace unos días Josep Borrell. Evidentemente estas cuestiones, sin duda, están en la carpeta de los políticos que están operando para la formación de un Gobierno para España. Ahora bien, son de todo punto irrelevantes para los ciudadanos que no conforman su día a día en función de los balances y cuentas de resultados de las grandes compañías, sean del sector que sean. Ninguna de ellas tuvo gran preocupación cuando los Gobiernos recortaron sus derechos y prestaciones sociales o cuando los empresarios disminuyeron salarios o eliminaron puestos de trabajo. Lo obligado hoy es empezar a trabajar en solucionar la fractura social y no en otra cosa.

Ante lo dicho, y en orden de los acuerdos que deben producirse para constituir un Gobierno, todas las fuerzas políticas deben tomar en consideración el entorno que nos rodea para formalizar un programa que rija nuestros destinos los próximos años.

En estos momentos todo parece irresoluble por confuso, todo puede tener salida si se sabe despejar el camino y clarificar los conceptos, y no se juega a derribar al otro, como parece, arrogándose una victoria que nadie ha tenido.

El FMI dice que España tiene buenas expectativas en el contexto de la nueva varianza de la crisis que se vislumbra para este año “a pesar de la incertidumbre política”. Bueno hubiera sido que los altos funcionarios de la institución, con más altos salarios, hubieran sabido prever la crisis económica iniciada en el 2008 proponiendo las medidas preventivas necesarias. También recordar que en estos momentos se están gestionando los resultados de unas elecciones celebradas hace un mes, y que obliga a cumplir un procedimiento y lograr grandes consensos y en términos democráticos no pasa más. Los ciudadanos también deben pensarlo. Recordar que una coalición de cinco partidos (pentapartito) gobernó la décima potencia económica del mundo durante doce años, con lo cual habría que preguntarse si los comentarios del organismo internacional son inocentes. Por otro lado, en esta fase de la crisis económica mundial (la número tres, cuatro o la que sea), no pueden aplicarse las mismas recetas que utilizaron en las anteriores. Esta vez no creo que, por decirlo llanamente, la solución esté en rescatar a bancos y banqueros. La crisis hay que gestionarla de manera diferente a como se hizo hasta ahora y lo deseable es que fuera gestionada por personas diferentes, aquí, allá y acullá, por razones obvias, y sobre todo restañar las heridas dando confianza a la sociedad de que lo que se protege son los intereses de la ciudadanía y no los propios electorales.

Todo esto ya sería bastante para no apostar por la Gran Coalición, posición por la que apuesta el PP, bastantes estructuras económicas, y sorprendentemente, algún dirigente de la izquierda. Pero hay más, durante las fases anteriores de la crisis, sobre todo en el entorno del 2010, el PP no se predispuso en ningún momento a apoyar al Gobierno del PSOE para conseguir una gran concertación para evitar las consecuencias de la crisis, salvo la maldecida modificación del artículo 135 de la Constitución, agravando el panorama económico por meros intereses electorales de poder, nuevamente. En estas cuestiones no cabe el conmigo o contra mí, que es la habitual propuesta conservadora, y con la que muchos electores se sentirían engañados si el PSOE ahora apoyara al PP.

La declinación de Rajoy a presentarse como candidato, a pesar de la propuesta del Rey y, aunque 24 horas antes, asegurara que daría la cara ante el Parlamento con una propuesta de dialogo convincente, demuestra que ni esta existía ni estaba realmente decidido a cambiar su política. Es todo puro tactismo electoral pleno de soberbia. El PP con ello está demostrando que es un grupo sólo de poder y de mayoría, que no se compadece con lo pedido por los ciudadanos.

El PSOE ha establecido una propuesta para el cambio con unas bases para el acuerdo que parecen razonables, matizables, ampliables y por concretar, sin duda, en los próximos días. Podemos y sus entornos siguen en intensa campaña electoral mediante la técnica del desgaste. Por un lado, parecen estar dispuestos a asumir la responsabilidad de que lo prioritario en este momento es dar gobernabilidad al país. Por otro, demuestran que son una mera estructura de ocupación del poder, semejante al PP, ávida de cargos públicos que diseñan gobiernos antes de acordar contenidos y hablar con los posibles coaligados, jugando con la opinión pública para que parezca, que de no llegar al acuerdo, los culpables serán otros. Esto es, pura y simplemente, fundamentalismo político. Habrá que esperar que en los próximos días, al bajar de las musas al teatro, dejen en el estuche el lápiz rojo que en alguna audiencia les regalaron y comprendan lo delicado de las circunstancias que nos rodean, si les importan. No pueden ignorar las interdependencias en juego para no perder nuevamente el tren del futuro de España, además de avocar a un nuevo gobierno de la derecha que si obtiene la mayoría suficiente dejará atrás la voluntad negociadora que ahora presenta. Es bueno que los dirigentes de Podemos piensen que la historia termina pasando factura a todos los arrogantes.

Una última cuestión, no menor, es cuál va ser la postura de Ciudadanos. Habría que pedirle que en lugar de simplemente mantener, en el mejor de los casos, una actitud abstencionista ante la formación de Gobierno, diera un paso más haciendo buenas las múltiples declaraciones de sus dirigentes, con Rivera a la cabeza, de propiciar un cambio de rumbo para la política española, evitando los, ya reiterados, chantajes escenográficos de Iglesias.

Todos tendrán que dejarse pelos en la gatera, pero es obligado, si no se quieren repetir las elecciones frustrando a los ciudadanos y perdiendo unos meses de oro.