ÉPOCA DE INESTABILIDAD Y MIEDO

noguera270716

España sigue en la incertidumbre de si habrá unas terceras elecciones o podrá formarse gobierno. Seguramente se formará gobierno, porque todos los partidos políticos viven con temor un nuevo resultado electoral donde la ciudadanía les castigue un poco más; aunque tampoco resulta fácil llegar a acuerdos, porque, en este caso, supone la incoherencia de los compromisos adquiridos.

Y no resulta fácil propiciar la conformación del gobierno en torno al PP, porque sus características no son las más deseables: un partido sumido en la corrupción, un presidente de gobierno cuestionado por su pasividad y complicidad, y un ejecutivo que ha provocado la mayor desigualdad del país. Por ello, los partidos hacen un juego de malabares intentando que sea “otro” el que desbloquee esta situación, y así no cargar con la responsabilidad de permitir que el PP vuelva a gobernar sin haber depurado sus inmoralidades.

Aunque nada de estas circunstancias parece haber importado a una gran parte de españoles que les ha revalidado la confianza.

¿Por qué? Seguramente por miedo, por temor, por la sensación de no saber qué más puede pasar. La gente necesita seguridad, estabilidad, confianza, aunque sea en lo malo conocido.

Vivimos una época de incertidumbre. Una larga década en la que nadie es capaz de predecir qué ocurrirá mañana, cómo planificar el futuro, cuál será el destino de nuestros hijos. Y la incertidumbre provoca miedo y nos hace sentir vulnerables.

La crisis ha modificado muchas de nuestras referencias y valores; ya no se debate la cesión de la libertad a favor de la seguridad; ni cuántos derechos perderemos intentando salir de una crisis cíclica a la que nunca vemos final; y, aunque hay indignación, decepción y desconfianza, no hay suficiente coraje para dar un puñetazo en la mesa e intentar cambiarlo todo, porque no se ve viable.

Si al final se consigue formar gobierno, ello no supone garantizar estabilidad, sino que se iniciará una legislatura impredecible, donde cada acción y decisión deberá ser permanentemente pactada. Una consecuencia que tiene algo realmente positivo y es devolver al parlamento su razón de ser, recuperar la política, que los partidos tengan una fuerza mayor que la vivida en la legislatura anterior de una mayoría absoluta y prepotente. Pero no nos han educado para ello. Tendremos que aprenderlo en el camino.

No obstante, la inestabilidad que vive España se enmarca en las condiciones actuales de Europa: crisis, miedo, vulnerabilidad.

Sigue la crisis económica, crece la desconfianza con los políticos, hay voces que se levantan en contra de la Unión Europea, la gente vota como castigo sin medir las consecuencias (véase el Brexit), y a todo ello, hay que sumar la gran vulnerabilidad que Europa vive últimamente amenazada por toda clase de atentados, bien sean terroristas o locuras producidas por causas dispares.

¿Qué está ocurriendo? ¿Este preámbulo de violencias desatadas e incontroladas anuncia algo peor?

Cuando la gente vive con miedo, refugiada en sus temores, despertando odios contra lo diferente, combatiendo con violencia la violencia, alzando muros contra fantasmas imposibles de apresar, las elecciones políticas que se realizan no son las más racionales, ni las más justas, ni las más solidarias. Sencillamente se vota en negativo, como una huida hacia ninguna parte, sin medir las consecuencias.

Y no sólo Europa vive esta sensación de inestabilidad, sino que todos estamos pendientes de las próximas elecciones norteamericanas y del histriónico personaje de Donald Trump y lo que podría suponer, no solo para EEUU sino para el mundo entero, que fuera el próximo presidente de gobierno.

Muchos defendemos que para combatir este haz de crisis necesitamos más Europa, más Política y más Democracia. Pero los tres conceptos necesitan ser claramente definidos. El uso ha devaluado el significado de las palabras: lo que significa la libertad, la responsabilidad moral frente al otro, el uso de lo público, la ética cívica, en definitiva, vivir y compartir conjuntamente este mundo.

Ya no nos sirven solo las palabras, sino que tenemos que saber qué decimos cuando hablamos de Europa, de Política y de Democracia. Y estamos tan inseguros de todo, que ni siquiera nos sería fácil encontrar los puntos en común en torno a estos tres conceptos.

No corren buenos tiempos para predecir el futuro.