ENTRE EUROPA Y LAS CIUDADES

El 26-M, a un mes de las elecciones generales, volvemos a las urnas para votar Europeas, Autonómicas (menos en la Comunidad Valenciana) y Municipales. Unas elecciones decisivas en el siglo XXI.

Por una parte, da la impresión de que en Europa no decidimos tan solo sobre un proyecto ideológico, sino también sobre su propia continuidad como Unión. Nunca el proyecto europeo había estado tan amenazado como hasta ahora. Hay dos Europas a decidir: una insolidaria y xenófoba, que alimenta la exclusión y los nacionalismos, que busca un proteccionismo por encima de la colaboración, y que necesita un enemigo externo para justificar sus propios errores de excesiva burocracia, de alejamiento de la ciudadanía y de austericismo injusto. Y, por otra parte, la Europa que representó el Estado de Bienestar (del que hoy no se debate su futuro y ha quedado arrinconado) y los mejores años de paz y prosperidad.

Los que seguimos defendiendo Europa y su Unión, queremos que nos devuelvan el proyecto en que creemos, la Europa que fue capaz de liderar los derechos humanos y sociales, de encontrar equilibrios de convivencia entre sus propios socios.

¿Cómo debe ser la Europa del siglo XXI inmersa entre dos bloques gigantes, EEUU y China, que están enzarzados en una guerra comercial? ¿Puede ser Europa una vez más quien “pacifique” un mundo de bloques y agresiones comerciales, verbales y políticas? ¿Cómo actuar ante los desmanes internacionales de Trump y su continua búsqueda de enemigos externos?

Nunca como hasta ahora ha estado tan en peligro la continuidad del proyecto europeo y nunca como hasta ahora resulta tan necesaria la Unión Europea.

En el otro extremo, en el de la proximidad y la cercanía, se encuentran las elecciones municipales. Las ciudades constituyen hoy los pilares de gestión e innovación del siglo XXI. Las políticas municipales se han ampliado de forma diversa: innovación, tecnologías, cambio climático, sostenibilidad, integración, convivencia de la diversidad, relaciones internacionales, y un largo etcétera. Las ciudades de hoy se enfrentan a multitud de problemas que no son de su estricta competencia, pero que tampoco tienen solución desde otros ámbitos como el del Estado.

Las ciudades crean sus propias redes de colaboración que superan el bloqueo que, en ocasiones, representan los propios Estados nacionales. E innovan nuevas políticas para combatir problemas del siglo XXI.

Quienes piensen que ambas urnas, las europeas y las municipales, son “cosa menor”, o que las europeas son ajenas y quedan lejos, o que las municipales es solo cuestión de gestión sin modelo de ciudad, está bien equivocado.

Ambas elecciones se sitúan hoy en el punto de mira de cómo queremos construir la arquitectura política, económica y social de este siglo. Tenemos que decidir nuestro papel como europeos en un mundo globalizado y lleno de tensiones y confrontación, al tiempo que necesitamos construir ciudades habitables, vivibles, cultas, innovadoras, donde la convivencia sea real.