ENTRE EL DIÁLOGO Y LA AUTOCOCCIÓN

Los que saben de esto suelen hablar de la aceleración de los procesos sociales en el mundo contemporáneo y de que no solo las ciencias adelantan que es una barbaridad sino, también, el desarrollo de la vida humana en general. Pero, lo del process es otra cosa.

Hay en internet un sketch muy divertido donde un físico predice la desaparición, en varios miles de millones de años, de todo el universo. ¿De todo? Bueno, no, de todo menos del process. Y es que este asunto del proceso soberanista catalán parece representar mejor que nada la idea del infinito.

Por eso, es posible analizarlo de manera intemporal. Situémonos en hace un año, fracción de tiempo muy extensa para otras cosas, pero infinitesimal para esta. Doce meses atrás, frente a la unilateralidad de Puigdemont, y mientras Rajoy esperaba que el process se cociera en su propia salsa y Rivera clamaba por el 155, Iglesias defendía el referéndum como solución y Sánchez confiaba en el diálogo.

Hoy, las cartas seguirían jugándose en la misma forma si no fuera porque, aunque los actores son los mismos, el papel que juegan es distinto. Puigdemont, desde su refugio belga, cuenta con menos colaboradores porque, habiendo visto el funcionamiento de la justicia española, pocos se atreven a ir más allá de declaraciones “asumibles”. Sánchez ha pasado de las musas al teatro e Iglesias, de disputar a Sánchez el liderazgo de la oposición a colaborar con él en la gobernación de España, aunque ambos mantienen sus ideas originales. Rivera puede ser el más estable de todos ya que sigue peleando por el liderazgo de la oposición, aunque antes lo hacía con Sánchez e Iglesias y ahora lo hace con Casado.

Este último, Pablo Casado, es el que ha incorporado alguna novedad en la trama ya que, al ser, él mismo, nuevo en la plaza, ha tenido que distinguirse para conseguir mayor visibilidad. Por eso ha cambiado la “autococción” propugnada por Rajoy a un 155 de alta intensidad, es decir, extendido a más ámbitos que el que se aplicó hace un año. En esto se diferencia del 155 que propugna Rivera que podría calificarse de 155 perpetuo, no solo universal en sus ámbitos sino intemporal en su aplicación. Algo así como una eliminación, de hecho, de la Generalitat.

Pues bien, me gustaría analizar las posibilidades de aplicación de las recetas de cada uno desde el punto de vista de la duración prevista del process. Empezaré eliminando la autococción, aunque, en estos momentos pueda parecer sorprendente tal decisión. Efectivamente, me imagino a Rajoy estar pensando en un “ya lo decía yo” cuando ve a los líderes del process “cociéndose en su propia salsa”. Pero, no nos engañemos: una cocción eterna acabaría con cualquier cosa y hemos aceptado el process como una quinta dimensión de extensión superior a la del propio tiempo. Por consiguiente, no se hagan ilusiones los partidarios de esperar que el tiempo resuelva el “problema catalán”: los paisanos de Dalí y de Ferrán Adriá son gente muy imaginativa y sabrán superar esta situación.

Tampoco el referéndum parece una solución, excepto para los que piensen que un 51-49% es muy diferente de un 49-51% para que la minoría acepte el resultado como definitivo. A no ser que se celebre un referéndum de vez en cuando, por ejemplo, coincidiendo con las elecciones autonómicas. Con el Brexit parece que están pensando en algo parecido por lo que, dada la experiencia democrática de los británicos, habría que tenerlo en cuenta.

Y nos quedan las dos soluciones inicialmente más compatibles con la eternidad del process. El 155 es, desde luego, totalmente compatible, especialmente el modelo “perpetuo” de Rivera. Una Generalitat gobernada desde Madrid podría coexistir con un Parlament haciendo declaraciones de tipo “sí pero no” mientras se colocan por todo el país decenas de cientos de miles de millones de lazos amarillos. Cataluña seguiría adelante y, hay que esperar que, con una situación estabilizada, vuelva a la senda de crecimiento diferencial con la media española que ha tenido siempre.

Y, desde luego, mismos efectos podría tener un diálogo permanente mientras este se mantenga como, al parecer existe ahora cuando amenazas verbales o epistolares, pero “asumibles”, se producen al mismo tiempo que comisiones de uno y otro gobierno se reúnen para hablar de política real. Estas comisiones permiten la aparición, de vez en cuando, de otro tipo de comisiones lo que, puede ser un incentivo para que siga funcionando todo.

En definitiva, no hay que ser pesimistas con la situación, a no ser que no se sea capaz de controlar a los elementos incontrolados y ocurra algo que deje de poder ser asumido.