ENTRE DOS TRINCHERAS

Cuando Rufián dice: “Saque sus sucias manos de aquí”, y la respuesta de Rajoy es: “estaban avisados, el referéndum no puede ser”, y esto se produce después de las detenciones de la guardia civil, poca esperanza queda para la cordura.

Se ha cruzado una línea roja. Y de ser así, parece impensable que podamos llegar al día 1-O sin que nada grave ocurra, de lo que luego todos nos arrepentiremos pero nadie querrá ser responsable.

El parlamento catalán resulta ineficaz porque está tomado por el independentismo, pero tampoco sirve el parlamento español, porque ha roto la capacidad de diálogo por parte del Gobierno central. ¿Queda algún territorio neutral entre estas dos trincheras donde podamos ubicarnos los españoles, que no siendo neutrales, queremos proteger la Constitución pero vemos necesario abrir el debate de su reforma, queremos que España siga unida pero no le tenemos miedo a conocer qué piensan los catalanes respecto a ello, queremos que se respete la legalidad y que no se presione ni amenace a nadie, queremos conocer todas las opiniones incluidas las de aquellos catalanes que no están de acuerdo con el independentismo, y queremos que España sea gobernada desde la altura de miras y la solidaridad entre territorios sin judicializar ni utilizar a las fuerzas de seguridad encerrando a cargos públicos?

Todavía quedan diez días antes del 1-O. Diez días larguísimos, intensos, frenéticos, donde resulta imposible predecir qué puede ocurrir, sobre todo, porque la mayoría de españoles (catalanes incluidos) no hubiéramos imaginado el punto de locura actual.

Ya hemos visto que Rajoy está dispuesto a cualquier cosa con tal de que no se haga el referéndum. Pero eso no significa que, por impedirlo, se vaya a solucionar el problema ni mucho menos, sino que la espiral de incomprensión seguirá creciendo. Si este embrollo ha sido provocado durante meses por los independentistas, hoy Rajoy ha echado gasolina, en vez de apagar el fuego.

Difícil es distinguir en este dilema de prisionero, quién es el zorro y quién la gallina, pues ambos tienen su responsabilidad a partes iguales.

El problema es que, a cada paso, la situación política resulta más difícil de solucionar, pero la tensión social es más evidente. Ojalá exista mayor sentido común entre la ciudadanía, pero también me temo que muchos activistas están expuestos a las manipulaciones que ambos bandos realizan jaleando extremismos.

Hoy más que nunca se necesitan otros interlocutores para facilitar encuentros. Y eso no será posible si no se producen nuevas elecciones, tanto en Catalunya como en España. Pero no hay tiempo, no hay tiempo.

A no ser que se levanten las voces separadas por las trincheras.