ENCANTADOS CON ÁNGEL GABILONDO

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A escasos días de la decisión de la Comisión Permanente de la Ejecutiva Federal de suspender al candidato Tomás Gómez y a toda la dirección regional, el panorama en Madrid ha dado un giro copernicano.peña180215

No puedo estar más de acuerdo con esta decisión. Creo que la situación en Madrid era insostenible. En primer lugar, desde el punto de vista electoral, donde el Partido Socialista de Madrid (PSM) caminaba hacia una derrota segura. Hacia una más, habría que decir, pues en los últimos ocho años los porcentajes del PSM han estado al menos cuatro puntos por debajo de la media del PSOE en España. Los dirigentes de Madrid habían perdido hace tiempo la ambición de ganar y se habían instalado en un estatus de oposición, “ladradora” pero inofensiva, que resultaba muy cómoda al Partido Popular. A estos últimos les resultaban incomprensibles los malos resultados de Gómez a pesar del rosario de escándalos y proyectos fallidos que han trufado la legislatura popular en Madrid: Eurovegas, Juegos Olímpicos, la abortada privatización de hospitales, la gestión de la crisis del ébola, los despidos de profesores, tramas de corrupción como Gürtel y Púnica, etc. A juzgar por las noticias de prensa, se diría que los que más han sentido la marcha de Tomás Gómez han sido precisamente los dirigentes populares. Con él tenían garantizada la victoria.

Si algo se puede criticar a este remedio de urgencia decidido por la Ejecutiva Federal ha sido el haber esperado demasiado. Si la “enfermedad” se hubiera atacado en su momento de forma programada, no hubiera sido necesario acudir a este último recurso para evitar la debacle electoral. En todo caso, siempre es preferible una intervención de urgencia que dejar morir al paciente.

Pero también ha sido una buena decisión desde el punto de vista orgánico, porque la situación dentro del PSM era irrespirable. Sus dirigentes han primado durante mucho tiempo la fidelidad a la persona sobre la fidelidad al proyecto y eso ha alejado a muchos militantes del partido. La discrepancia se convertía en una amenaza para los discrepantes, que se veían apartados de sus responsabilidades, o de las listas electorales, en favor de los más fieles. La pluralidad, o simplemente la independencia de criterio, eran sospechosas y se ha dividido al partido en “fieles” por un lado, y “enemigos” por otro. Todo esto también termina con Gómez y se abren esperanzas de que se puedan hacer las cosas de otro modo y se sepan aprovechar de un modo más plural e integrador todas las sinergias.

En este tiempo nuevo se ha sugerido el nombre de Ángel Gabilondo, ex-ministro de educación con Jose Luis Rodríguez Zapatero, como posible cabeza de la lista del PSM a la Comunidad de Madrid. En mi opinión, si llegamos a proponerle, y él a aceptar, la elección no puede ser más acertada. Todos conocemos su capacidad política e intelectual, su talante dialogante, su excelente sentido del humor y su empeño durante su etapa de Ministro en llegar a consensos con “la bicha” -como él llama humorísticamente al Partido Popular-, consciente de que solo un pacto de Estado podría proporcionar una mínima estabilidad al sistema educativo. Estabilidad de la que sigue estando muy necesitado. A pesar de sus esfuerzos, la “bicha” popular se resistió hasta el final y no fue posible el pacto.

Para los socialistas madrileños sería un privilegio poder presentar como candidato a un académico de su prestigio, prestigio tanto nacional como internacional, y a una persona de su inteligencia y talante. Estamos muy necesitados de inteligencia en la esfera política. Pero de esa inteligencia que va unida al deseo de mejorar las condiciones de los ciudadanos, porque de la otra, de la inteligencia para apropiarse elegantemente de lo que es de todos, de esa estamos sobrados.

Si Ángel Gabilondo llegara a convertirse en Presidente de la Comunidad de Madrid, no se podrían augurar sino cosas buenas. Su capacidad de gestión y para dirigir equipos ya la ha demostrado en su etapa de Ministro. Y su honradez e incorruptibilidad resultan evidentes cuando se ha tenido la oportunidad de escuchar alguna de sus intervenciones. Para los que trabajamos en la universidad, las perspectivas serían doblemente buenas porque sin duda una de sus preocupaciones, de alguien que ha sido Rector, sería mejorar la financiación de las mismas, financiación tan drásticamente recortada en estos años. Se bajarían las tasas académicas desde sus disparatados niveles actuales, se potenciarían las becas, y en definitiva se restauraría la igualdad de oportunidades que hemos perdido con el Partido Popular en estos años oscuros.

Pero, como siempre, hay obstáculos en el camino. Los que antes cerraron las urnas, ahora las reclaman en nombre de la democracia. Dejando de lado el cinismo del que hacen gala, se trata en mi opinión de una maniobra para tratar de recuperar algo del poder perdido, pero sobre todo de una maniobra para impedir la designación de Gabilondo. Ellos saben que, dado su exquisito tacto, él nunca va a interferir en asuntos internos del partido, o a apoyar a unas facciones contra otras.

Así son las cosas: lo viejo se resiste a morir mientras lo nuevo pugna por salir adelante. Se invocan grandes palabras tales como “la democracia es lo primero”, “que hablen las urnas”, o “las primarias son irrenunciables”, cuando lo que hay detrás -dejando a salvo algunas posiciones bien intencionadas aunque en mi opinión ingenuas- es el puro y simple deseo de mantener atados los hilos del poder.

Las primarias son buenas como mecanismo general, pero ha de refinarse más su regulación en cuanto a plazos, avales requeridos, recursos de los candidatos, etc. Actualmente no contempla casos como este, en que el partido desea ofrecer un puesto público a una persona de la sociedad que no es miembro del mismo. Pedir primarias con la regulación actual implicaría renunciar al candidato Gabilondo. Y se trata de un candidato excepcional, para un momento también excepcional, en otra acepción de la palabra. Una bocanada de aire fresco tras tantos años grises. Deberíamos ponerle las cosas fáciles para que acepte, porque la mayoría de los socialistas madrileños estamos encantados con Ángel Gabilondo.