EN UNA NEGOCIACIÓN, NO DEBILITAR AL NEGOCIADOR

En la vida política hay dos tipos de negociación de gran complejidad por su contenido y por las consecuencias de su eventual fracaso. Me refiero a la negociación de un Tratado de Paz y la negociación para formar un Gobierno. En este momento el PSOE se encuentra en la dificilísima negociación, a varias bandas, para obtener en el Congreso de los Diputados la investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno. La negociación es muy complicada porque, por principio, negociar una coalición de Gobierno es muy compleja y aunque parece que los tratos con Unidas Podemos son fluidos y, sobre todo, muy discretos, a nadie se le oculta la dificultad de llegar al acuerdo.

Aún mayor complejidad tiene la obtención de los votos favorables o la abstención de los Diputados de otros Grupos Parlamentarios. Con el PNV y con los numerosos Diputados que formarán el Grupo Parlamentario Mixto la negociación ofrece perfiles variados pero en todo caso, estos partidos no ofrecen las dificultades que plantea la casi necesaria abstención de Esquerra Republicana. Es cierto que, tras unas peticiones inasumibles (más por la forma que por el contenido), los republicanos de Esquerra parecen haber entendido que, hoy por hoy, sólo se pueden comprometer los partidos y no un Gobierno en funciones sin base parlamentaria versus un Gobierno autonómico que hace tiempo dejó de gobernar.

Con todo el problema de toda negociación política radica en las posibles alternativas. Si falla el trato con Unidas Podemos (lo que no parece posible) y si no se llega a un acuerdo de abstención con Esquerra, ¿con quién puede negociar el PSOE? ¿Con Ciudadanos, con el Partido Popular?

Viene a cuento esta reflexión porque si hay una idea que es válida en las negociaciones políticas es la de no debilitar a quien está negociando. Los negociadores que ya están acordando un trato o bien los eventuales negociadores a los que quizá haya que dirigirse más adelante tienen que percibir la fortaleza del negociador contrario. Y fortaleza quiere decir armas objetivas (Diputados), capacidad de comprometerse y de cumplir los compromisos y, sobre todo, liderazgo en la organización que firmará el acuerdo. Frente a Unidas Podemos, a Esquerra Republicana, a los demás Grupos y Diputados del Congreso pero también frente a Ciudadanos y al Partido Popular, se debe sentir la fortaleza del PSOE, la fuerza y la legitimidad de su dirigente máximo. Sin embargo, no todos los movimientos que se están produciendo en la sociedad van en la línea de fortalecer el papel de PSOE como negociador sino al contrario.

Circula por Madrid un manifiesto de Diputados y Senadores de las Cortes Constituyentes donde expresan su honda preocupación por la situación política, se quejan de la “inquietante” bipolarización ideológica, piden un acuerdo para fortalecer la unidad nacional y la convivencia democrática y acaban solicitando que se forme un Gobierno de amplio respaldo parlamentario que pueda ejercer sus funciones sin  depender de grupos parlamentarios que no aceptan la Constitución o quieren abolirla por procedimientos ilegales o ilegítimos. El manifiesto circula, al menos en la versión que nos ha llegado, sin firmas pero merece algún comentario.

En primer lugar, llama la atención la indefinición del manifiesto. ¿Piden la “Gran Coalición”? ¿Piden la colaboración del Partido Popular con su abstención o incluso con los votos de algunos Diputados a la investidura de Sánchez? ¿Se oponen la coalición con Unidas Podemos? ¿Rechazan la petición de abstención de Esquerra? Sin saber qué fin concreto, y no genérico, persigue el manifiesto, es difícil avanzar una valoración completa. Pero sí se puede avanzar otra idea.

Como hemos avanzado más arriba, en una negociación política, el negociador B debe saber que el negociador A está fuerte en su organización, en su partido, es decir, que cuenta con el respaldo todo el partido. Pero en la medida en que ese manifiesto sea firmado por antiguos parlamentarios constituyentes del PSOE están contribuyendo a debilitar al propio PSOE porque están mandando el mensaje a Unidas Podemos, a Esquerra y a otros grupos minoritarios de que dentro del PSOE no hay apoyo unánime a la opción que propone su Secretario General. Es cierto que el apoyo es muy amplio como se ha visto en la consulta socialista de la semana pasada, pero no parece prudente mostrar, en estos días gestos de disidencia… al menos si se quiere que el PSOE forme Gobierno.

Bueno es que parlamentarios que tuvieron el protagonismo de elaborar una Constitución sigan con interés los avatares de la política actual pero si se sitúan en un espectro conservador deberían presionar al Partido Popular para que no obstaculice la formación al partido que tiene más Diputados. Y si se sitúan en un espectro de izquierdas, es preferible que no se lancen mensajes que, en realidad, desautorizan a la actual dirección del PSOE.