EN PLENA CAMPAÑA

sotillos020616

Para quienes seguimos con obligada atención los movimientos de fondo y los elementos subyacentes al relato superficial de los actos y los mensajes públicos que emiten los partidos políticos en estas jornadas destinadas a la captación del voto, no nos ha producido demasiada sorpresa la irrupción de un auto judicial que pone en las primeras páginas de todos los medios, bajo sospecha, a un grupo de ex dirigentes socialistas, encabezados por dos personalidades tan señeras como Manuel Chaves y José Antonio Griñán. El recorrido legal no ha hecho más que empezar, por lo que resulta aventurado y sesgado marginar la diferencia que existe entre ser imputado-investigado y resultar culpable. Por no mencionar la inexcusable mención a la presunción de inocencia, que debe ser la base de cualquier pronunciamiento responsable.

Dicho esto -obviedades que hay que recordar, lamentablemente- también es cierto que nos encontramos ante un nuevo factor que puede influir en los resultados finales de una competición electoral, ya de por sí sumamente incierta. El primer efecto indeseado es que se traslade a la sociedad española, bastante alimentada por ese argumento desde hace tiempo, la idea de que la corrupción es un mal generalizado que protagonizan todos por igual, pero que asume con mayor naturalidad el electorado de derechas cuando afecta a los suyos, que los votantes de la izquierda cuando el impacto se produce en campo propio .En contra de quienes ven en esta diferencia de reacciones una debilidad de la izquierda social, yo reivindico, por el contrario la superioridad moral de la exigencia en el cumplimiento de los valores.

El segundo efecto indeseado, a corto plazo, es la repercusión de la noticia de Andalucía en el debate sobre los problemas de España, que van a seguir exigiendo soluciones sea cual sea el resultado de los procesos judiciales abiertos no sólo en Sevilla, sino en Madrid o Valencia, que hacen convulsionar al Partido Popular. Volver al mantra del “y tú más” provocaría la natural irritación de los españoles y abonaría la tentación de incrementar el nivel de los abstencionistas. Aunque no puede excluirse que crezca la afección por aquellas formaciones políticas de nuevo cuño que no han tenido una historia con sombras que puedan salir ahora a la luz.

Hubiera querido escribir hoy sobre un tema realmente trascendente que ha sido planteado por el PSOE a través de un pronunciamiento claro de Pedro Sánchez: las relaciones entre España y Cataluña, con una apuesta evidente por la profundización en el concepto federalista. Un debate histórico, de fondo, que desarrolla la Declaración de Granada y que debiera ser valorado como una aportación de gran calado al catálogo de temas que no admiten dilación el 27 de junio. Sea cual sea el resultado. Pero, yo, que soy un ciudadano más, me reconozco presionado por la actualidad y me dejo llevar por el impacto de las portadas y el cruce de declaraciones de abogados y políticos que optan por extraer réditos electorales -o minimizar los daños- de un auto judicial. Ni siquiera los datos del paro, dados a conocer el dos de junio, se escapan de esa lectura controvertida. Pero no nos extrañe, España vive en una campaña electoral permanente, que empieza el día después de todas la elecciones. Y así nos va: malvivimos “en funciones”. Puro teatro.