EN EL PRIMER DEBATE DE CAMPAÑA, RAJOY NO ESTUVO, PERO ¿PODRÍA HABER ESTADO?

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Ya se ha celebrado el primer debate entre tres candidatos con la silla vacía del PP.

Y he de manifestar con agradable sorpresa que el debate me gustó mucho. Me pareció claramente diferente en las formas y en los actores. Un debate propio de una época nueva.

Tres candidatos que transmitían una imagen de preparación y eficacia, con solidez en sus argumentos, pero sobre todo, con una puesta en escena diferente: se tuteaban dándole frescura y naturalidad al debate; se interrumpían ofreciendo agilidad y rapidez pero muy alejados del barullo; discutían y se enfrentaban ante las diferencias pero sin perder nunca la compostura y la capacidad de diálogo; y sonreían, incluso bromeaban entre ellos.

En mi opinión, refrescante y novedoso. Una imagen nueva.

Y visto ese debate, afirmo con seguridad que Rajoy no cabía en esa cuarta silla. El actual candidato del PP representa la tradición, lo viejo, lo encorsetado, el debate agrio, la incapacidad de diálogo, la falta de frescura, … Su presencia en ese debate hubiera resultado chirriante.

E insisto: eso lo sabe perfectamente el equipo de comunicación del PP. Por eso, han de mandar a su segunda, a la vicepresidenta, al debate del próximo lunes. Porque Rajoy no solamente no quiere estar, sino que no puede. Y ése debería ser el primer análisis para reflexionar: ¿cómo puede haber un presidente de Gobierno que no pueda debatir con los líderes de la oposición porque la separación entre ellos es tan abismal que le da vergüenza mostrarse públicamente?

Y por eso, nos hacen trampas en la campaña.

Hay que recordar que siempre que ha gobernado el PP no ha habido debates electorales entre candidatos. Estos se han realizado solamente cuando ha gobernado el PSOE. Así que no ha de extrañarnos que Rajoy se oculte porque lo ha hecho siempre. Su falta de seguridad y de confianza en sí mismo es un agravante serio para estar al frente del Gobierno.

En segundo lugar, no sólo resulta inédito sino que es una tomadura de pelo que Rajoy, candidato del PP, no debata. Esto no es una labor de equipo, como dice el PP. A los debates de las primeras espadas asisten los candidatos y no mandan delegados.

En tercer lugar, si el PP piensa que Soraya es mejor por su imagen, comunicación y capacidad dialéctica, que se atreva a cambiar a Rajoy, pero que no nos den “gato por liebre”. Lo que el PP no quiera para él que no nos lo coloquen al electorado.

En cuarto lugar, la tomadura de pelo aumenta cuando vemos a Rajoy paseándose por otros programas de entrevistas, intentando humanizar su imagen, o jugando al dominó para demostrar que es próximo y campechano, al tiempo que dice que “no tiene tiempo de debatir”. ¿No tiene tiempo? ¿O tiene miedo?

Y, por último, ¿por qué se equivoca tanto Rajoy coordinando frases? ¿Qué le ocurre? No es ninguna tontería cuando alguien tiene problemas de coordinación lingüística. O quizás no tiene nada que decir, y le cuesta articular una idea porque no sabe qué está diciendo, que es lo más probable.

Rajoy se ha caracterizado siempre por sus simplezas y obviedades, por esas frases grandilocuentes que no dicen nada, pero a estas alturas, son demasiadas veces las que Rajoy se aturrulla con una frase simple.

Creo que los españoles nos merecemos en esta campaña que el Presidente de Gobierno que pretende revalidar su puesto dé la cara, debata, explique, salga de su encierro, y no para jugar al dominó o comentar un partido de futbol, sino para rendir cuentas de qué ha hecho durante estos cuatro años que la crisis sigue haciendo mella en muchas familias españolas.