Rafael Simancas

EN CAMPAÑA ELECTORAL

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Todas las campañas electorales se entienden como una suerte de competición con la responsabilidad del poder como meta. Resulta fácil identificar a los competidores. Y tampoco es complicado apostar por quién ganará y quién perderá la contienda.

Ahora bien, ¿en qué consiste la competición? ¿Qué pruebas han de superar los competidores para alcanzar el podio? ¿Qué méritos han de ejercitar para resultar ganadores? Las respuestas a estas preguntas resultan algo menos evidentes.

En el escaparate de la campaña electoral parecen competir las estrategias de comunicación, los mensajes publicitarios, los cortes de radio y televisión, las imágenes de los candidatos, las propuestas impactantes, las invectivas al contrario…

En realidad, la competición electoral consiste en exponer la mejor razón de voto, en exhibir la credibilidad más sólida y en lograr la apropiación de las expectativas y las esperanzas de futuro de la mayoría.

¿Qué es la razón del voto? Es el propósito último y esencial para el que un candidato demanda el respaldo de sus conciudadanos. Tal propósito debe responder además al estado colectivo de ánimo, para ofrecerle un camino original y positivo.

La credibilidad de una oferta electoral depende de la capacidad del candidato, de la solvencia de su equipo, de la coherencia de su programa, de la trayectoria previa, de los valores demostrados…

Y se apropia del futuro quien consigue generar las mejores expectativas y provocar las mejores esperanzas para el horizonte vital colectivo. Nunca ganó una competencia electoral el agorero o el que apuesta su ganancia individual a la pérdida del conjunto.

Creo que la campaña del 20 de diciembre la ganará el PSOE porque tiene la mejor razón de voto, porque sus candidaturas resultan creíbles, y porque desde hace mucho tiempo el Partido Socialista es la opción que más claramente apuesta por un futuro de progreso, de igualdad y de justicia social, que son los valores que comparten la gran mayoría de los españoles.

La razón del voto socialista es doble. El PSOE cree en la capacidad de la sociedad española para crecer y recuperar su economía, pero quiere que el crecimiento y la recuperación lleguen con justicia, y que generen beneficios para la mayoría en forma de buenos empleos y de bienestar social. Un crecimiento para la mayoría, y no solo para los privilegiados que se han beneficiado de la crisis.

El PSOE cree también que las instituciones de nuestra democracia necesitan un nuevo impulso reformista y modernizador, para actualizarlas, para ponerlas al día, y para atender las nuevas demandas de apertura, de transparencia y de participación de una sociedad española que ha madurado democráticamente también. Este nuevo impulso reformista debe blindar los derechos y libertades, debe asegurar la limpieza en el espacio público y debe auspiciar un nuevo modelo territorial, que preserve la unidad, la cohesión y la igualdad de derechos de todos los españoles, reconociendo también su pluralidad enriquecedora.

Son razones legítimas, ilusionantes y mayoritariamente compartidas.

Detrás hay un candidato joven, fuerte y de firmes valores progresistas. Junto a un equipo que aúna experiencia y nuevas energías. El programa se ha elaborado desde la participación, la coherencia y el rigor. Y las credenciales del PSOE en su compromiso con el interés general de los españoles son firmes y bien conocidas.

Es obligación de todo candidato comenzar la campaña con optimismo. Hoy, además, hay sólidas razones para hacerlo.