¿ELECCIONES?

Parece que todo apunta a que habrá nuevas elecciones. Esa impresión produce el hecho de que el verano haya pasado sin contactos ni negociaciones, ni tampoco acercamientos que rebajaran la tensión entre UP y PSOE; esto se refuerza con el pésimo resultado de la última reunión que pretendía retomar el diálogo; también insisten en ello los comentaristas políticos que ven cómo se acerca el día 23 de septiembre sin que exista posibilidad de acuerdo.

Aunque todo parece apuntar a que habrá nuevas elecciones, sinceramente creo que habrá gobierno (y no es por llevar la contraria). Sé que todo camina en dirección contraria, pero tengo la sensación de que no llegaremos a caernos por el precipicio, aunque confieso que no sé cuál será la fórmula obtenida.

Ambos partidos tienen razones de sobra para argumentar sus posiciones. Y las conocemos, porque las han repetido una y otra vez, siendo además inamovibles. No entraré ni a explicarlas ni a discutirlas, porque sería entrar en el mismo bucle inacabable. Lo mismo les ocurre a los periodistas y comentaristas políticos, que siguen dando vueltas a la misma noticia porque no hay noticia.

Tampoco creo que sirva para algo echar culpas a uno o a otro, porque ambos tienen tantas culpas como razones (aunque en este caso, y no por mi afiliación, yo encuentro muchas más razones al comportamiento  y enfado de los dirigentes del PSOE, y más culpas y errores a la negociación que ha dirigido Unidas Podemos).

La pregunta del millón es saber si finalmente iremos a nuevas elecciones.

No debería preocuparnos repetir elecciones ya que son la base de la democracia electoral. Pero ese no es el problema. Los graves inconvenientes se reflejan en la pérdida de confianza y el hartazgo de la ciudadanía que no le interese votar de nuevo; en la decepción entre el electorado progresista que genere desmovilización, como pasó en Andalucía; o que su resultado, como es previsible, no solucione nada, sino que vuelva a configurar los dos bloques más o menos iguales.

No obstante, cualquier previsión puede fallar cuando se echan de nuevo los dados, y lo peor que podría ocurrir es que la suma de la desmovilización del electorado progresista con la movilización de una derecha que vea posibilidades al repetir la votación, diera el gobierno al tripartito de la derecha.

No olvidemos lo ocurrido en Madrid, tanto en el ayuntamiento como en la Comunidad. He de reconocer que el día de la investidura de Isabel Sánchez Ayuso sentí una tremenda desazón, tristeza, e indignación por lo que estaba ocurriendo. Frente a Sánchez Ayuso, el discurso, la inteligencia y la sensibilidad de quien debía ser el Presidente de la Comunidad: Ángel Gabilondo.

También hemos de ser conscientes que si, finalmente, hay gobierno, no será nada fácil. Si es gobierno de coalición, bastante improbable, será una continua fricción y desconfianza permanente en el Consejo de Ministros, que impedirá una labor coherente y coordinada. Si UP da su apoyo y no entra en el gobierno, se convertirá claramente, no en un socio programático, sino en el principal opositor del gobierno del PSOE, ubicado a la izquierda.

Para UP, aunque no lo crea así Pablo Iglesias, es la mejor solución para su partido. Salir dignamente de este proceso, dando el apoyo al PSOE (pues aún colea la anterior fracasada investidura), y quedarse “vigilante” (que es donde se encuentra cómodo). Creo además que es la posición mayoritaria de los votantes de UP porque se sienten más libres y menos contaminados ideológicamente.

Para el PSOE, también sería una salida mejor. Al menos dispondría de un Consejo de Ministros de “confianza”, aunque fuera tuviera a UP que haría de su oposición en su propia supervivencia.

Sea lo que sea, y aunque “extrañamente” yo siga pensando que habrá gobierno, lo cierto es que los tambores electorales parecen ponerse en marcha.