EL VOTO PARA CAMBIAR ESPAÑA ES EL SUYO

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Las encuestas electorales, intencionadas o no, en este momento no nos dicen mucho. Realmente si hacemos caso de ellas estamos ante unas elecciones tradicionales donde la opción está, como viene siendo en las democracias europeas, elegir entre un gobierno de izquierdas o progresista y uno de derechas o conservador.

Se puede ver como un juego de colores azul o naranja, rojo o morado. La cuestión es más seria. Decidimos el proyecto político que va a gestionar España en su futuro inmediato. Un proyecto que ha de transformar con un cambio de rumbo necesario a favor de la mayoría de los ciudadanos. Un cambio en la deriva que la política ha tenido en los últimos años. En la moralidad pública, economía, empleo, desarrollo tecnológico, sistema territorial, derechos sociales, calidad de la educación, prestaciones sanitarias, reforma de la Unión Europea y todo enmarcado en una reforma constitucional. Es lo que nos vamos a jugar el próximo día 20 de diciembre y quizás no debamos olvidarlo.

La sobreactuación rajoniana de las últimas semanas, braceando allí donde vaya como si al soldadito de plomo le hubieran puesto pilas alcalinas, no oculta la paralización de estos años. No es cuestión de imágenes, es de ideología y proyecto político. Junto a las elecciones del 1982 y el 2004 son las elecciones más ideológicas de la democracia española.

Necesidad de girar el timón de la vida colectiva, sentida por los españoles; también lo dice la encuesta del CIS, donde a la pregunta de “si se quiere que tras estas elecciones generales gobierne un partido distinto del que gobierna en la actualidad”, un 67% dice SÍ,  cuando el PP suspende en la opinión de los españoles en el 100% de las políticas desarrolladas y cuando aún el 41% dice no tener decidido su voto.

Cada voto pasa a ser decisivo en estas elecciones, un voto más es cambiar España o quedarnos en esta etapa oscura, mediocre y triste que hemos vivido. La responsabilidad del futuro que queremos construir está por tanto en la suma de muchas decisiones individuales. De ello nuevamente va depender de cómo queremos concebir la España de los próximos años, pero en ningún caso es opción permanecer en el inmovilismo, escondidos de nuestra realidad y no dando la cara.

El voto para cambiar debe decidir su sentido final en estos días y en esa encrucijada nos vamos a encontrar los cuatro senderos antes apuntados y cada uno de ellos se dirige a destinos distintos. Los que ideológicamente responden a las coordenadas de la derecha pueden elegir entre la tarjeta azul o la naranja.

Una derecha que proclama sin rubor una gran mentira; no estamos saliendo de la crisis. Las cifras de paro no avalan la salida. El empleo creado es precario. Sólo estamos empezando a detener el proceso de recesión. Ello por el esfuerzo y sacrificio de la mayoría de los españoles (funcionarios, pensionistas, universitarios, investigadores, enfermos crónicos, españoles con problemas de discapacidad, mujeres, etc.). Más duro, no se ha tenido consideración con los más desprotegidos. En estos años se ha golpeado a los había que haber garantizado su situación para no caer en riesgos de exclusión social y pobreza. El logro del gobierno, cumplir al pie de la letra las instrucciones de Bruselas; hemos tenido una intervención por la puerta de atrás. Los grandes beneficiarios han sido los poderes económicos y financieros, no la mayoría de los ciudadanos.

Sólo tendrían justificación votar a Rajoy aquellos que su vida es mejor ahora que cuando empezó la crisis. Eso es una minoría de españoles. Por más que el PP insista en su gran labor de gestión de la crisis es mentira. Una mentira por más veces que sea repetida no se convierte en verdad.

El modelo económico, por otro lado, que ha defendido la derecha ha muerto con la crisis. Ladrillo y especulación hay que dejarlos atrás. Hay que abrir un nuevo tiempo basado en otros principios: en la tecnología, en la investigación, en la competitividad, en el mercado exterior, en la calidad del empleo, en donde el mercado de la corrupción no puede tener cabida si queremos realmente tener de nuevo una Marca España. Yo me atrevería a decir que el PP no está en desacuerdo con ello, tiene un problema mayor… no puede llegar a entenderlo. Es una derecha demasiado vieja y enganchada en sus propias telarañas.

Una derecha vieja auspiciadora de entramados teñidos de corrupción sin explicación posible (por ello no se da), con un rosario de nombres que no se deben de olvidar en el momento de votar (Rato, Bárcenas, Granados, Gürteles, Matas, Camps, Fabra, etc.). La sensación de corrupción generalizada con numerosos casos judiciales abiertos es un problema para España y para la mayoría de los ciudadanos. No es para el PP, pues ha sido y  seguirá siendo su hábitat natural, un “Ecosistema” en la concepción de la política. Amigos que se encuentran en despachos públicos o privados para intercambiar beneficios inexplicables a los ojos de los ciudadanos normales que viven de su trabajo y de su esfuerzo, que no esperan que llegue el amigo salvador con amnistías fiscales.

Es entendible el miedo de Rajoy a los debates, es incapaz de dar la cara. El espejo de la limpieza democrática no aguanta su rostro petrificado. La erradicación de la corrupción va a requerir reformas normativas que impidan y penalicen las prácticas corruptas, tanto de corruptores como de corruptos, pero además exige una actitud de intransigencia, personas con otro talante.

La Reforma Constitucional es en estas elecciones mucho más que una propuesta electoral. No es la panacea que va a resolver todos nuestros problemas, no, pero sí el camino para encontrar la solución a muchos de ellos; un compromiso de la política con los ciudadanos. La renovación de un pacto a largo plazo, dar un paso adelante en la conformación del modelo de Estado; un armazón para garantizar y desarrollar los derechos de los ciudadanos; un nuevo marco para el entramado institucional después de la experiencia vivida. Es, en definitiva, un pacto de generaciones que nos permita seguir progresando. Un icono para la inmensa mayoría de los ciudadanos para volver a creer en la política. Un impulso de cambio que el PP no entendió en el 78 y tampoco ahora. En definitiva es una derecha demasiado vieja y que no ha tenido capacidad de regeneración a lo largo de tantos años.

Ahora bien, por primera vez los votantes de derechas tienen la oportunidad de fijar su interés en una nueva formación política, Ciudadanos. El joven Rivera, a pesar de su autoproclamada transversalidad, es un claro exponente de la derecha, sus manifestaciones y programas dan fe de ello. Nadie debe llamarse a engaño. La centralidad política, que no el centro que no existe, es la consecuencia lógica de todo partido gobernante para hacer posible su acción escorando hacia un lado o hacia otro sus políticas (que se lo pregunten a Alexis Tsipras y a SYRIZA). Rivera es un político profesional que se ha estado formando para ser el gran líder de la derecha y así ha sido visto por los poderes económicos y los medios de comunicación; pensar otra cosa es engañarse.

Reflexionen, la única opción en la izquierda está en el PSOE, con sus pros y sus contras. El único que plantea un proyecto político desde la izquierda, un proyecto socialdemócrata clásico renovado que, por otra parte, ha sido el mayoritario en la democracia española desde su restauración. Un proyecto que va mucho más allá de los liderazgos personales, pues una opción de gobierno es liderazgo, pero también equipos y Proyecto con proyectos.

¿La única opción en la izquierda? No claro que no, sería demagógico decirlo, está Podemos y el nuevo intento de refundación de IU. Por desgracia, la izquierda siempre tiende a ir dividida. Ahora bien, no es lugar ni momento de equivocarnos el día de la votación. Estamos hablando de quién gobierna y quién lidera nuestro país en este momento de profundos cambios necesarios, no respuestas vacías o trasnochadas que van como hojas secas llevadas por el viento. Las ocurrencias están bien para las cámaras de televisión, pero no para la sanidad, la educación, las pensiones, la política exterior, la defensa, la seguridad y todas aquellas cosas que conforman nuestra vida cotidiana.

Estoy convencido que la gran opción en este momento es que no gobierne, si ha gobernado, Mariano Rajoy, y a partir de ahí construir y fortalecer la España del futuro que la mayoría queremos de forma consensuada, dialogada y transparente. Cada voto, uno a uno es importante en la apuesta de futuro de los españoles, esta vez de la mayoría de los españoles.