Rafael Simancas

EL VOTO MÁS ÚTIL

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En democracia todos los votos son legítimos y respetables, pero si medimos su utilidad en función de lo que aportan a la posibilidad del cambio progresista en este país, el voto más útil es, sin duda, el voto al PSOE.

Siempre decimos que las próximas elecciones son las más importantes. En esta ocasión, además, es cierto. Por eso es necesario invitar a todos los ciudadanos a meditar bien y a no tomarse a la ligera esta decisión.

El 20 de diciembre se pone en juego el modelo de crecimiento que va a plantearse para nuestra economía y nuestra sociedad durante las próximas décadas. Puede consolidarse el modelo vigente, que persigue la competitividad por la vía de la precariedad laboral y la devaluación de los derechos sociales. No es un modelo original. Es el propio de las economías más débiles, más desiguales y más injustas.

Los socialistas aspiramos a provocar una inflexión en nuestro modelo de crecimiento para perseguir la competitividad en la mejora de la educación y la formación continua, en la apuesta por la ciencia y la innovación, en la reindustrialización del país, en el estímulo a la mayor envergadura de las empresas, a su internacionalización y a su digitalización. Este es el modelo propio de las economías más sólidas, más equitativas y más justas, con buenos empleos y con bienestar generalizado. Es la recuperación justa.

O un crecimiento para beneficio de unos pocos, como hasta ahora, o un crecimiento para beneficio de las mayorías. Esta es la decisión.

Está en juego también la posibilidad de llevar a cabo el nuevo impulso reformista que necesita España para lograr una democracia más moderna y más limpia.

Nuestras instituciones han prestado un gran servicio a los españoles, homologando nuestros derechos y libertades a los propios de las sociedades avanzadas de nuestro entorno, con todos sus problemas. Pero las sociedades avanzan y cambian. La ciudadanía demanda ahora una política más abierta y participativa, unas instituciones más transparentes y con más garantía de limpieza, y unos partidos democráticos en su funcionamiento, que rindan cuentas por sus aciertos y sus errores.

Se equivocan quienes dicen que todo está mal y todo hay que tumbarlo, y se equivocan también quienes dicen que todo está bien y no hay que cambiar nada. Hace falta una reforma modernizadora en nuestras instituciones, que incluya una reforma constitucional para blindar los derechos sociales amenazados por los recortes, para federalizar y hacer más eficiente nuestro modelo territorial, para mejorar la transparencia de todo el espacio público y luchar eficazmente contra la corrupción.

Todo esto está en juego.

La derecha política y económica es consciente del gran castigo electoral que sufrirá inexorablemente el PP. Y ha jugado a promocionar opciones supuestamente progresistas distintas al PSOE, a fin de evitar una gran mayoría de cambio en torno al partido que siempre lideró las grandes reformas de progreso en España. Incluso ha promovido una nueva marca blanca de ideología e intenciones derechistas para recoger parte de lo que perderá su marca original.

Pero la ciudadanía ha de saber que solo el PSOE puede ganar al PP, y que la disgregación del voto progresista acabaría beneficiando a la derecha, y consolidaría a Rajoy en el poder. El voto a Podemos o a IU, aún bienintencionado, puede ser un voto inútil en el propósito del cambio hacia el progreso y la equidad social.

Nadie puede dudar que Ciudadanos acabaría votando la investidura del candidato del PP si entre los dos sumaran una mayoría suficiente, porque eso es exactamente lo que ha hecho hasta ahora allí donde ha tenido la opción de elegir, como en la Comunidad de Madrid, en Murcia, en La Rioja o en Castilla-León.

Solo aglutinando la gran mayoría del voto de cambio progresista en torno al PSOE se puede parar a la derecha y hacer posible el gobierno de cambio. Este es el voto más útil.