EL TRABAJO EN EL MUNDO: MENOS DECENTE

EL TRABAJO EN EL MUNDO: MENOS DECENTE

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La Confederación Sindical Internacional (CSI) organiza la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, cada siete de octubre desde 2008. Ese día todas las organizaciones sindicales del mundo se movilizan reivindicando empleos de calidad, salarios dignos, derechos sociales y laborales y libertades democráticas. En el actual mundo globalizado con el concepto de trabajo decente, se manifiesta lo que debe ser un buen trabajo o un empleo digno.

La defensa del trabajo decente ha ido ganando sostén en todos los ámbitos, al igual que el rechazo a los bajos salarios, a la precariedad laboral, a las desigualdades y a la pobreza en el mundo del trabajo. También el repudio a las vulneraciones de los derechos fundamentales de los trabajadores y las campañas antidemocráticas contra la libertad de expresión y de reunión llevadas a cabo en diversos países.

El concepto de trabajo decente se introdujo en el ámbito de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1999, en la memoria que presentó su Director General a la Conferencia Internacional, donde se fijaban sus elementos consustanciales: el empleo, los derechos de los trabajadores, la protección social y el diálogo social. Que representan un empleo productivo, ingresos justos, seguridad y salud en el trabajo y libertad individual y colectiva, para reivindicar y organizarse. Junto con la eliminación de las discriminaciones y desigualdades y la erradicación del trabajo forzoso y el trabajo infantil.

Se han producido importantes avances en el plano político e institucional, el trabajo decente ocupa la centralidad de los acuerdos políticos de la OIT. En la Asamblea General de las Naciones Unidas, de septiembre de 2015, el Programa del Trabajo Decente se ha adoptado como crucial para la nueva Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

El trabajo decente es un bien escaso, desconocido por la inmensa mayoría de los trabajadores. La crisis financiera y las políticas neoliberales aplicadas para salir de la misma han alejado el crecimiento sostenible, han socavado el bienestar social y debilitado el empleo digno y con derechos. Provocando un incremento de las desigualdades y de la pobreza entre los trabajadores y sus familias.

Según datos de la OIT, el desempleo afecta a 197 millones de personas, hay 27 millones más de desempleados que antes de la crisis. Casi 2.000 millones de trabajadores no tienen contrato laboral, el empleo existente es cada vez más vulnerable, 1.500 millones de personas trabajan en condiciones de extrema precariedad, son aproximadamente el 46 % del total del empleo y afecta mayoritariamente a las mujeres. 168 millones de niños y niñas son explotados obligándoles a trabajar y 20 millones de personas se les condena a trabajos forzosos. Ante la falta de trabajos decentes en muchas economías en desarrollo y emergentes aumenta el empleo informal, que supone el 56% del total del empleo existente.

Los salarios a nivel mundial han sufrido un estancamiento, aún tienen que recuperar los niveles anteriores a la crisis, cuando crecían al 3%. Se han agrandado las discriminaciones y las desigualdades, las brechas salariales entre mujeres y hombres, entre emigrantes y nacionales, entre los trabajadores de la economía formal y la informal. En los países más avanzados del G20 la desigualdad de los ingresos ha crecido, han aumentado los salarios más altos desde la crisis y en cambio el 40% de los hogares más pobres han retrocedido.

El empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo se ha producido en un contexto de deterioro de los derechos en la mayoría de las regiones del mundo. La CSI ha elaborado un Índice Global de los Derechos, estudio que se realiza en 141 países de acuerdo con 97 indicadores reconocidos internacionalmente en base a la legislación y a las prácticas, que recoge los incumplimientos y vulneraciones de los derechos de los trabajadores, examinando la aplicación de los Convenios y la Jurisprudencia de la OIT.

Los resultados se presentan con una escala de 1 a 5 (de mejor a peor respecto a los derechos), siendo la clasificación por regiones del mundo la siguiente: Europa 2,47 (violaciones repetidas de derechos), Las Américas 3,1 (violaciones regulares de los derechos), África 3,32 (violaciones regulares de los derechos), Asia y Pacífico 4 (violaciones sistemáticas de los derechos) y Oriente Medio y Norte de África 4 (violaciones sistemáticas de los derechos). Los países donde los derechos no están garantizados o hay una desintegración del Estado de derecho (5 y 5+) son: Bielorrusia, China, Colombia, Camboya, Emiratos Árabes Unidos, Guatemala, India, Irán, Qatar y Turquía. En estos países los trabajadores no se resignan a que les arrebaten sus derechos y un ejemplo para todo el mundo se produjo, el pasado dos de septiembre, en la India donde se vivió la que posiblemente sea la huelga más grande de la historia. Participaron más de 180 millones de personas en un contundente y masivo rechazo a las políticas neoliberales y derechistas de su gobierno.

En Europa pese al fracaso de las políticas de austeridad y el sufrimiento provocado con los ajustes, recortes y contrarreformas laborales y sociales, muchos gobiernos siguen atacando los derechos de los trabajadores, como en Francia con la reciente reforma laboral impuesta de forma autoritaria que recorta y lesiona derechos de los trabajadores. Situaciones que vulneran los derechos humanos y que se agravan por el incumplimiento de la mayoría de los países de las obligaciones con los refugiados, incluyendo el derecho al trabajo.

España está valorada con un 3 por las violaciones que el gobierno ha realizado al dialogo social y a la negociación colectiva, imponiendo reformas laborales y de la protección social lesivas para los trabajadores y congelando el Salario Mínimo Interprofesional. Se han reprimido los derechos fundamentales de Libertad Sindical y de Huelga, con las reformas del Código Penal (art. 315.3) y la Ley de Seguridad Ciudadana.

El mundo del trabajo está gravemente afectado por las debilidades y condiciones actuales de la economía mundial, la desaceleración de los países emergentes y la débil recuperación de los desarrollados. Las deficiencias del trabajo decente están presentes en todas las regiones, en los países desarrollados persisten altas tasas de desempleo y en los emergentes y en desarrollo existen el enquistamiento del empleo vulnerable y la economía informal. Junto con las violaciones de los derechos de los trabajadores y los atentados a la democracia.

Todo ello exige situar el trabajo decente en el centro de los objetivos políticos, económicos y sociales, a nivel internacional. En desarrollar un nuevo contrato social que se base en una nueva gobernanza mundial. En el control del sistema financiero, causante de la crisis, se debe reformar para que esté al servicio de la economía real y el crecimiento inclusivo. Desarrollar un nuevo modelo productivo basado en la producción, distribución y el consumo sostenible, social, económica y medio ambientemente. Que incluya la regulación del trabajo decente en las cadenas globales de suministro de las empresas multinacionales. La promoción de la igualdad, la erradicación de la pobreza junto con la defensa de la democracia y los derechos humanos.