EL SUPREMACISMO ENTIERRA EL ESTATUT

En muchas ocasiones vemos y escuchamos noticias como que el Presidente de Filipinas acabará con las drogas matando a los criminales que hagan falta, y ya llevan miles; que en el Brexit influyó una empresa con su algoritmo que decantó el resultado; que en Francia una ultraderechista casi llega a la presidencia, y que en Austria casi pasa lo mismo; que el Presidente de Estados Unidos es Donald Trump; y pensamos, no sé si por soberbia o ingenuidad, que eso nunca pasará aquí.

Pues bien, ya ha pasado, el día 14 de mayo en el Parlamento de Cataluña se ha elegido Presidente de la Generalitat de Cataluña a alguien, Quim Torra, que lo primero que dijo en su discurso de investidura fue que el no debería estar ahí, y que el presidente es Puigdemont. Concretamente señaló: “Jo, hoy no tendría que estar aquí. Jo, no tendría que estar haciendo este discurso de investidura y tampoco tendría que pedir la confianza para un programa de gobierno. Hoy aquí, ahora tendría que estar el Presidente legítimo de Cataluña, el señor Carles Puigdemont…”

Siendo graves estas palabras, por las intenciones que después despejaría, lo peor, es que en el Parlamento de Cataluña han elegido a un supremacista, que no tiene ningún pudor en reconocerlo y escribirlo: “El fascismo de los españoles que viven en Cataluña es patético, repulsivo y burdo”, “Los españoles sólo saben expoliar”, “Sobre todo, lo que sorprende es el tono, la mala educación, la pijería española, sensación de inmundicia. Horrible”, “Vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario”…

Después de meses de incertidumbre, bandazos, intrigas palaciegas independentistas y viajes de ida y vuelta primero a Bruselas y luego a Berlin, el supremacismo catalán ha decido apostar fuerte por el abandono de los catalanes y sus necesidades, por la confrontación institucional, y por enterrar el autogobierno conseguido durante décadas. Un problema para todos los españoles. Pero no tanto como los independentistas supremacistas se creen.

En esto momentos, hay que distinguir las palabras de los hechos. Hechos: han elegido a un supremacista en el Parlamento de Cataluña. Palabras: las de su discurso de investidura, entre las que se pueden destacar:

  • “Tenía que ser Puigdemont quien pronunciara este discurso, y tendrá que ser él quien lo haga lo antes posible…Persistiremos, resistiremos y lo investiremos”.
  • “La mejor manera de construir una república para proteger a los presos políticos y a los exiliados es formar un Govern”.
  • “Seremos leales al mandato del 1-O: construir un estado independiente en forma de república”.
  • “Cuando se levante el 155 no tendremos excusa para trabajar por la república. Asumiremos toda la responsabilidad de nuestros actos”.
  • “Majestad, resulta que hay presos políticos y que no se expresa la voluntad de las urnas. Majestad, así no”.
  • “¿Hablamos, señor Mariano Rajoy? ¿Nos sentamos en una mesa sin condiciones? Estamos dispuesto a hacerlo mañana mismo”.
  • “Impulsaremos un proceso constituyente que desemboque en un proyecto de constitución de la república de Catalunya”.
  • “La libertad de Catalunya no será obra del Parlament ni del Govern. Os la habéis ganado vosotros, defendedla pacífica y radicalmente”.
  • “Reivindicamos la nación plena, justa, próspera, que garantice el bienestar del conjunto de los que la componen. Una república de todos, un país donde todos tengan plenitud de derechos. Porque con la República no tendremos que renunciar a nada, ganaremos derechos”.

Quim Torra ya es presidente. Y su primer acto ha sido viajar a Berlin a ver a Puigdemont. Muy bien. Es un hecho. Pero alguien debería recordarle que si sus hechos futuros están encaminados a saltarse la ley de nuevo, como lo hicieron antes Más, Puigdemont, Yunqueras, y otros cuantos más que ya solo recuerdan sus familias, seguirá sus mismos pasos.

Nadie está por encima de la democracia ni de la ley, por muy supremacista que sea. Espero que sus discursos y sus palabras sean bravuconadas, y las instituciones autonómicas catalanas que representan se ocupen de los ciudadanos catalanes y de sus necesidades. De no ser así, el artículo 155 está en la Constitución para defender la democracia en España.