EL SÍNDROME DE LA JAULA DE GRILLOS

peña60716

Un periódico nacional publicó en su portada del 5 el julio una foto, captada por un twittero, del Secretario General del PSOE Pedro Sánchez, de incógnito, con gafas negras y un gorro, descansando en un pueblo playero. El mensaje político es meridianamente claro: el PSOE ha decidido estar en silencio en este periodo, para expresar que la responsabilidad de investir a un Presidente de Gobierno en estos momentos es de otros. Que las urnas han decidido darle más votos y escaños al Partido Popular y que es éste el que ha de esforzarse en encontrar aliados para esa tarea. Y que para ello ha de ofrecer medidas políticas suficientes que sean del interés de sus potenciales socios, con el fin de merecer su apoyo.

Para hacer política, tan importante es administrar las declaraciones como los silencios. Y lo importante ahora es que la presión recaiga sobre el PP y que se tome en serio su tarea. Lo coherente sería que empezara por los partidos más cercanos ideológicamente al suyo. Sorprendentemente, ha elegido el atajo de que sea el PSOE quien le facilite la tarea. Quizás porque, a la vista de la pereza ancestral de su líder, le resulta menos cansado convencer a un solo partido que a tres o cuatro. Y ha iniciado una estrategia de presión sobre el PSOE, apelando a su responsabilidad de Estado, a lo importante que ha sido el PSOE en la historia de España y a unas cuantas muletillas que considera apropiadas para la ocasión. Ya se sabe que el PP puede apelar a los principios que le resulten más oportunos en cada momento, precisamente porque sus principales y casi únicos principios son dos: el de gobernar a toda costa y el de que un buen fin siempre justifica cualquier medio.

Por eso, porque con el silencio también se hace política, es muy importante que un partido se comporte como tal, y no como una jaula de grillos. En diciembre ya sucedió, y ahora ha vuelto a suceder. Demasiados barones y baronesas territoriales no pueden resistir la tentación de dar su opinión en cuanto la alcachofa de un micrófono se pone a su alcance. En unos momentos críticos, donde los tiempos y los silencios hay que administrarlos cuidadosamente, no tiene sentido que un mismo partido emita media docena de mensajes contradictorios entre sí y que esté continuamente en los medios. Y no se trata de limitar la libertad de expresión de nadie, ni de salvarse añadiendo la coletilla de que se trata de opiniones “a título personal”.  Se trata de que el PSOE, si quiere ser relevante, debe hacer política como partido y no como una “confluencia” de 17 partidos y algunos expresidentes, que también opinan de vez en cuando. El efecto “jaula de grillos”, hábilmente manipulado por los medios, da una impresión deplorable en el votante y disminuye los apoyos de ese partido, porque nadie puede confiar en un partido que ante una misma coyuntura emite varios mensajes distintos. Ni en un partido que desautoriza constantemente al que se supone es su líder.

Lo que hay detrás de tanta declaración, no es en mi opinión un deseo sincero de contribuir a fijar la posición del partido, sino más bien el deseo de hacer política a través de los medios y de condicionar la posición del Secretario General. Cualquier líder territorial podría descolgar el teléfono y transmitirle su opinión a éste, o expresarla en los distintos órganos internos. De esa forma contribuiría a fijar la posición del partido. Al hacerlo a través de los medios, se trata en cierto modo de enmendar la plana a la dirección, o al menos de marcarle sus límites. El precio que se paga por esa forma de hacer política es la desafección de muchos votantes. Y ese efecto es independiente de quien sea el Secretario General en cada momento. Pasaría igual con otro Secretario o Secretaria que no fueran el actual ¿No le sorprende a nadie en ese partido que del millón cien mil votos que han desertado de Unidos Podemos, ni uno solo haya ido a engrosar los votos del PSOE? Este es un tema que quizás merecería un análisis en profundidad.

La derecha ha demostrado ser más experta en el manejo de los tiempos y en garantizar la unicidad de sus mensajes. Y ahora mismo lo vuelve a ser al decir que quiere “dejar tiempo al PSOE” para que reflexione. Sabe que no hace falta ejercer presión desde fuera, porque ya los propios socialistas se la hacen entre ellos. Saben también que la responsabilidad de Estado de ese partido no va a permitir que haya unas terceras elecciones. Entonces ha decidido llevar las cosas al límite y prolongar la situación hasta hacerla insostenible para que sean las fuerzas internas del PSOE las que le empujen a resolverle su problema de investidura. Y algunos barones están ayudando consciente o inconscientemente a esa labor, dando ya la solución (una abstención parcial) a un problema que todavía no se ha planteado y que no debería plantearse si el PP hiciera el trabajo que le corresponde.

Ya se sabe que a muchas personas, y en especial a los periodistas, les resulta incómodo vivir con la incertidumbre, y quieren tener la solución de los problemas desde el minuto uno. De ahí la insistencia durante la campaña en que el PSOE aclarara sus pactos, cuando era obvio que no era posible hacerlo sin saber el resultado electoral. No tiene sentido plantearse todas las hipótesis posibles y determinar de antemano la respuesta adecuada para cada una. Cada día tiene su afán, cada cosa a su tiempo, o como decía un amigo mío, “los problemas de uno en uno y en pequeñas diócesis”.